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SÁBADO 9- 5- 87 ESPECTÁCULOS Festival de Cannes A B C 89 Crónica de una muerte anunciada fidelidad relativa con sabor romántico Un toque hispánico en un festival invadido de recuerdos Cannes. Pedro Crespo, enviado especial Francesco Rosi es uno de los realizadores italianos más realistas, heredero directo de ios Rosselini, de Sica y demás maestros del neorrealismo. Un relizador acostumbrado a las películas corales con trasfondo social, como Sah atore Giuliano o Le maní sulla cittá, y que además tiene una rica veta española, o mejor hispánica, en su trayectoria, con obras como El momento de la verdad o Carmen, que ahora incrementa con dignidad. Con ese bagaje, Rosi se ha atrevido a llevar a cabo la traslación al cine de Crónica de una muerte anunciada, la novela de nuestro premio Nobel hispánico Gabriel García Márquez, acaso las más perfecta de cuantas ha escrito, hasta el momento, el escritor de Aracataca, y por supuesto una de las más mágicas de las surgidas de su pluma. Se habla siempre, y casi siempre con razón, de las dificultades y de las traiciones que conlleva el transporte de las obras literarias a la pantalla. Rosi, con la ayuda de Tonino Guerra, ha llevado a cabo un excelente trabajo, cargando las tintas en lo ético, es decir en el rechazo a la violencia, en su ausencia de justificación por motivos tan históricos y tan inmorales como los del honor, y logrando estéticamente un filme de enorme belleza. Sin embargo- siempre hay un pero- Rosi se ha limitado a su naturalismo realista, sin acceder en ningún momento a la dimensión mágica que la barroca y sutil literatura de García Márquez recreaba desde las primeras páginas de su geométrica novela; donde el fatum el destino unido a un azar necesario, estaba presente como una dimensión irrebatible, como una desembocadura inevitable. Además, Rosi ha utilizado, queriendo acaso redondear el relato original, un final romántico, que está en franca oposición con el tono trágico y mágico de la novela, un final en el que se pretende demostrar que la fuerza del amor, del arrepentimiento de Angela Vicario con sus incontables cartas a Bayardo San Román, después de consumado el asesinato de Santiago Nasar, acabará triunfando sobre la violencia desatada, por una absurda y criminal tradición, veinte años atrás. Esta traición de Rosi, lícita si se quiere en cuanto el creador de la obra cinematográfica hace ésta con independencia- aunque sus cimientos literarios sean los mismos- de lo que en su día hizo el creador original, desvirtúa en parte los valores permanentes de Crónica de una muerte anunciada, aunque tiene una enorme dignidad ornamental, un claro respeto y fidelidad hacia la novela de García Márquez, y una indudable diferencia ética. Rosi ha contado con un guión habilidoso, en el que se explota inteligentemente el permanente flash- back de la novela. Ha cambiado al narrador, convirtiendo en tal al doctor Cristo Bedoya (amigo del infortunado Santiago Nasar, acusado por Angela Vicario de haberla tomado antes de su matrimonio con el opulento Bayardo, que regresa cinco lustros después) con el afán de que cada uno de ios que, en algún modo, intervinieron en el drama, ajuste en conciencia su propio papel. Pero eJ final rosa el regusto romántico final, marca claramente las diferencias entre película y novela. Para los españoles- e hispánicos en general- hay, además, algunos factores adicionales negativos. La que se ha exhibido ayer en el Palacio del Festival ha sido una copia en español, donde se distingue el acento, falsamente suramericano, de Gian Maria Volonté, que encarna a Cristo Bedoya. El de Ornella Muti- Angela Vicario- y Lucía Bosé- l a madre de Santiago Nasar- con su indudable matiz italiano. El de Anthony Delon- Santiago Nasar- doblado por otro actor, seguramente español, el de Rüpert Everett- Bayardo San Román- que es el de un inglés con acento británico y algún vocablo español britanizado, y el de los gemelos Carlos y Rogelio Miranda, colombianos, que animan a los personajes de los asesinos, los gemelos Vicario. Ya se sabe que a españoles e hispanoamericanos nos une el idioma y nos separa el acento. Para el resto del mundo, la película de Rosi es tan fiel en el acento cuanto en la decoración, que sí está plenamente conseguida. Con todo, ya ha habido algo español o cuando menos hispánico, en la pantalla del festival. Hoy, en la sección paralela Un certain regará sección que cumple ahora diez años, va La casa de Bernarda Alba, de Mario Camus. Ya les contaremos como la trata la Prensa local. La otra película a concurso de ayer ha sido la africana Yeelen, de Souleymane Cisse, con bandera de Malí y coproducción francesa. Una obra en la que se nos da cuenta, a través de una historia de enfrentamiento generacional, de la cultura más ancestra de aquel lejano y desértico país. Hay en ella, como datos curiosos, negros a caballo, un harakiri negro a cargo del perdedor de una lucha de testuces, paisajes resecos del África saheliana y magia, mecha magia- árboles y gallos que se prenden con un gesto del mago, por ejemplo- por supuesto, negra. Ingenuismo provocado en grandes dosis con magnífica fotografia de operador francés procesada en laboratorios europeos. En fin, un viva África Negra que no significa, precisamente, el descubrimiento de ninguna cultura o movimiento cinematográfico más o menos fascinante. Cannes está ya a tope. De espectadores- s e calculan unos quince m i l- de periodistas- unos tres m i l- y de nostalgias. No hay más que pasear por Jas numerosas salas y espacios abiertos del Palacio del Festival para entrar en un festival de recuerdos que sólo algunos de los más viejos pueden tener completos. Capullito de alhelí de Mariano Ozores José Luis López Vázquez y Jesús Puente Producción: Carlos Cáscales. Director: Mariano Ozores. Guión: Juan José Alonso Millán, según su propia obra teatral. Fotografia: Manuel Mateos Valverde. Color. Música: Gregorio García Segura. Principales intérpretes: José Luis López Vázquez, Jesús Puente, Antonio Ozores, Florinda Chico y Gracita Morales. Duración: Setenta y cinco minutos. Salas de estreno: Bilbao, Velázquez, Consulado, Victoria, Versalles, Liceo y Garden. Filmación, poco menos que tal cual de la comedia homónima de Alonso Miilán, realizada con escasos medios y presumible premura. No es cosa de hacer aquí el análisis de la comedia de Juan José Alonso Millán en que se basa la película, con guión del propio dramaturgo, que se limita a seguir la pieza poco menos que tal cual con ni siquiera media docena de insertos tan innecesarios como inoperantes. Baste decir que lo que se nos cuenta es el encuentro, tras dos años de relaciones por correspondencia, de una pareja de homosexuales, que viene a producirse, justamente, el 23 de febrero de 1981, lo que sirve al autor para hacer unas cuando menos curiosas disquisiciones político- morales sobre los eventuales peligros del golpe de Estado y, de pasada, sobre los no menos eventuales beneficios. para los protagonistas y las prostitutas que rodean a uno de ellos, de la democracia, todo ello resuelto a base de innumerables entradas y salidas de los personajes- siempre los mismos- y de incontables telefonazos, tendentes, unas y otros, a que todo quede supuestamente claro. Contenido, por así decirlo, aparte, el filme- que de cine tiene muy poco, ya que es teatro en conserva -está realizado con la premusmible premura y la evidente falta de medios con que últimamente parece trabajar Mariano Ozores, sin duda el más prolífico- después de Jesús Franco- de los directores españoles y su- casi inexistente- puesta en escena ese reduce a retratar a los personajes mientras hablan- y en alguna ocasión, mientras escuchan- sin ni siquiera molestarse en conseguir de los actores- algunos excelentes en otras ocasiones- una interpretación no digamos espléndida, sino ni siquiera aceptable. César SANTOS FONTENLA