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XIV ABC ABC UftV ViO 9 mayo- 1987 El guirigay nacional Lenguaje Tabla rasa L A derecha española es poco conserresentido que odiaba á ía casta de los ofivadora. No quiero con eso decir ciales (con razón, pues éstos fueron los que sea poco derechista, sino que únicos que intentaron matarlo) y que con hay pocas cosas que a la derecha le inteayuda del sufragio universal puso a toda rese de verdad conservar. De verdad, de Alemania a marcar el paso. verdad tan sólo le interesa conservar el A propósito de lo cual habría que predinero, motivo por el cual es probable que guntarse por la causa de la casi desapariacabe perdiendo todo, incluido el dinero. ción del término nacional- socialismo, Por lo general a la derecha se le da una substituido por nazismo. Es canje provehiga la conservación de la lengua españochoso para quienes desean alejar la palala, de nuestros monumentos o de nuesbra socialismo de una aventura criminal. tros paisajes, es decir lo poco de primera Mas no veo por qué los demás tienen que que nos queda. A la izquierda, por su- olvidar el hecho histórico de que Nationalpuesto, también le trae al fresco todo eso, sozialistiche Deutsche Arbeiterpartei (Parpero ella al menos está en su papel y no tido Nacionalsocialista de tos Trabajadohace más que acatar la melodiosa exhor- res Alemanes) fue el nombre del partido tación de la Internacional: du passé faihitleriano. Me dicen que el conde de sons table rase (cito el texto original Stauffenberg, diputado alemán al Parlapara no favorecer a ninguna de las dos mento Europeo e hijo del coronel que coversiones rivales en castellano, la socialocó la bomba contra Hitler en el famoso lista y la comunista) En España no habrá golpe frustrado de 1944, incita con frecuencia a sus compañeros de los escaños conservadores y liberales a usar correctamente el nombre nacionalsocialismo en lugar de la abreviatura vergonzante nazismo. El conde tiene buenos motivos para querer dejar ias cosas ciaras (a su padre lo fusilaron los nacionalsocialistas) pero no parece que esté siendo muy escuchado. En otro orden de cosas, cómico más que trágico, aunque no exento de posibles consecuencias históricas, está la costumbre cada vez más extendida de llamar primera dama a la esposa del presidente del Gobierno de la nación (véase por ejemplo, el Diario 16 del 15- 4- 87) Señora a todas luces hermosa, discreta y afable llamarla primera dama es caer en el barbarismo, la cursilería y la ilegalidad. Es barbarismo porque la moda acaba de importarse de los Estados Unidos donde se apoda First Lady a la mujer del presidente. Es cursilería que de seguro azara a la propia interesada. Y es ilegal pues, que se sepa, este país tiene una Monarquía y si alguien es primera dama será Su Majestad la Reina. El Ordenamiento de Precedencias de 1983 tiene grandes lagunas y permitiría en sentido figurado llamar sexta dama a la esposa del presidente del Gobierno, aunque otras interpretaciones legales aconsejarían calificar- Teoría semiótica. Lenguajes y textos hispánicos Crítica semiológica de textos literarios hispánicos Madrid. CSIC 1985 y 1986. 923 y 949 páginas Estos dos tomos recogen las ponencias y comunicaciones presentadas en el Congreso Internacional sobre Semiótica e Hispanismo celebrado en los días del 20 al 25 de junio de 1983. El primero se dedica a los planteamientos generales sobre la identidad y objetivos de la semiótica, disciplina todavía no perfilada de modo definitivo. Deben destacarse las lecciones centrales del Congreso, a cargo de G. Bettetini El giro pragmático en las semióticas de la representación F. Lázaro Carreter Él poema lírico como signo Cl. Bré- M- A n 9 e l G a r n d o mond Sobre la noción de motivo en el relato C. Segre La naturaleza semiótica del texto T. Todorov Sobre el conocimiento semiótico y H. Weinrich Al principio era la narración Especial mención merece el integrador trabajo del profesor Lázaro Carreter, que sitúa la reflexión semiótica en el marco de la pragmática y propugna la incorporación a sus métodos de las tradicionales herramientas filológicas, incluida la hermenéutica clásica, en la línea marcada por las investigaciones de E. D. Hirsch. Esta es mi propuesta- c o n cluye- que se nos reconozca el derecho a existir a los filólogos semiotistas, que no se nos excluya por creer que el poema ha sido creado para significar algo muy concreto; que la medida de esa significación- -de su sentid do- está en la intención del poeta; y, por tanto, algo aún más difícil de aceptar por un radicalismo semiótico: que la historia no puede ser violada en esa investigación. Este tomo primero incluye también trabajos sobre la teoría semiótica en campos tan diversos como filosofía y sociología, lingüística, teoría de la literatura, lengua poética, narratología, teatro y espectáculo, lenguaje ¡cónico, lenguaje verbo- icónico, relatos orales y mitos, más un post- scríptum debido al editor, que estudia. los fundamentos de la semiótica en la obra de Román Jakobson, considerada por él, y con toda razón, como la piedra fundacional de los actuales estudios semióticos. Se adjunta una amplia bibliografía sobre la cuestión. El segundo tomo contiene aplicaciones á textos concretos de la. literatura de lengua española. Se ofrece, en suma, un material muy amplio y neaesariamente heterogéneo. Semiótica sigue siendo concepto lo suficientemente extenso para dar cabida a trabajos de distinto alcance y nivel. Tal vez pudiera objetarse al editor cierta generosidad en la selección de algunas comunicaciones, que desentonan francamente. No obstante, el conjunto resulta de indudable utilidad. M. G. -P. más allá de diez mil conservadores, y no todos se consideran de derechas. Algunos se juzgan de izquierdas, y los más no son. si no dulces pasotas resignados a la tabla crecientemente rasa de nuestra cultura, a que pronto seamos mezcla de Tejas, Nicaragua y Argelia. Todo ello es sabido e irremediable, por lo que resulta vano quejarse y necio asombrarse. Pero hay detalles que siguen extrañándome. Por ejemplo, ¿cómo es posible que la derecha se trague ciertas innovaciones lingüísticas más o menos interesadas, incluso cuando tales neologismos, dañan a la médula de sus intereses? Veamos algunos casos de tan singular ceguera. Antimilitarista es hoy el calificativo umversalmente aceptado- incluso por los que defienden a los militares- para definir a quienes los atacan. Pero esa aceptación es un error lingüístico y una torpeza histórica. Antimilitarista es quien se ópttne al militarismo preponderancia de los militares, de la política militar o del espíritu militar en una nación es decir una perversión política del estricto espíritu militar) y antimilitar es quien se opone a lo militar o a los militares. Es natural que los de Ja melena y la jeringuilla se llamen a sí mistóos antimilitaristas, pero los demás somiSs tontos si aceptamos el matute semántico. Hay que llamarlos antimilitares y recordarles que el más notable antimilitar fue un militarista, Adolfo Hitler, un cabo la de octava dama o incluso novena dama, según se mire. ¿Se imaginan ustedes a un inglés llamando primera dama a la señora Thatcher? Aunque de hierro (y primera ministra nada consorte) dicha dama pasa en el protocolo inglés después de una veintena de personas, incluidos dos arzobispos. Y en. Escocia todavía más detrás de varias autoridades locales. Así es que más vale olvidar los ordinales escabrosos. Y que conste que no atribuyo estos desatinos tan sólo al masoquismo de la derecha y al afán de tabla rasa de la izquierda. Mayormente se deben a la tontuna general. TAMARÓN