Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
9 mayo- 1987 ABC TíTcrarío Pensamiento y ciencias sociales ABC XI Para unaidea del V Centenario: El descubrimiento de... España Francisco dé Ayala, La imagen de España. Alianza Editorial (Madrid, 1986) 221 págs. ACE pocos meses TWA dedicaba una de sus revistas de vuelo a la España después de Franco El texto, que no tiene desperdicio, se adorna con ilustraciones, trabajosamente encontradas, sin duda, de la España rural de antaño: un país feudal donde hasta el establecimiento de la democracia se prohibía besarse en público, se perseguía el bikini y tan penalizado estaba tocar la bocina en las calles que ésta, en la fantasía del periodista, era sustituida por un furioso tamborear latino (sic) en las carrocerías de los automóviles. Naturalmente, la descripción histórica que precede al milagro democrático sigue la misma línea colorista: la primera ley de babeas corpus se habría promulgado en 1977 gracias a la victoria electoral en ese año de una coalición de republicanos y socialistas (sic) Otros ejemplos de la misma naturaleza y porte no son difíciles de coleccionar: hace muy pocos años, Enzensberger veía en Madrid una ciudad árabe y, en el Rastro, el Oriente- como si Portobello Market fuera un malí americano- Ya sabemos de qué casta viene la idea: Balzac se recreaba en la supuesta vida demi- orientale de España y aún hoy nos queda un, soupgon d orientalisme según Le Nouvelle Observateur. Francisco Ayala, con una descripción tan elegante pero menos poética que la orteguiana, piensa con H. V. Morton que el fenómeno del pintoresquismo andalusí lato sensu, nació a principios del siglo XIX del hecho de que los ingleses acomodados desembarcaran en Cádiz en lugar de La Coruña. Como decía Montesquieu, hay cosas que todo el mundo repite porque han sido dichas una vez La España de la sang, de la volupté, de la mort es una de ellas. Que lo siga siendo, con un índice de urbanización más alto que Francia y produciendo más automóviles que Inglaterra, le parece, con razón, al profesor Ayala, un asunto digno de atención. ¿Cómo librarnos, capitalizándolo, de este cliché de trasfondo derogatorio? En Italia lo han conseguido: han sabido combinar la Italia de Goethe con la de Agnelli. Quizá no haga falta llegar tan lejos como Napoleón, que identicaba españoles con napolitanos. Puede que bastara con tomar ejemplo. El de Francia, sin ir más lejos, que hace ya mucho tiempo viene vendiendo primorosamente la idea genérica de su cultura. Hace algunos años circulaba un comic de la Alliance Frangaise en el que el protagonista, que de niño aparecía estudiando en el Liceo Francés y de joven acudiendo a una exposición de pintura francesa, lo veíamos de adulto comprando una turbina... francesa, claro está. Quizá no fuera ocioso del todo invertir tiempo y dinero en La imagen de España. Se me ocurre que para que el V Centenario no termine como en el IV reproduciendo carabelas, debe, indudablemente, celebrar América, pero para descubrir España. Entonces será rentable. José VÁRELA ORTEGA Ni ebrios ni escolásticos G. E. Moore, J. R. Searle y otros. Etica y análisis. Compilación de Eduardo Rabossi y Fernando Salmerón. Universidad Nacional Autónoma de México Filosofía contemporánea México, 1985, tomo I, 310 páginas comienzos de siglo modernizarse filosóficamente equivalía para el mundo hispánico a absorber el pensamiento de inspiración fenomenológica. Desde 1950 estar al día consiste en dominar las claves, por lo menos metodológicas, de la llamada filosofía analítica. Ese proceso de apropiación ha consistido en exposiciones de ese modo de filosofar, en traducciones de los textos básicos (recuerdo la espléndida edición de Javier Muguerza en Alianza en 1974) y también en un creciente desempeño personal en el ejercicio de técnicas analíticas para la resolución o aclaración de problemas. H A Fernando Salmerón (1925, Córdoba, México) y Eduardo Rabossi (1930, Buenos Aires, Argentina) se han distinguido por su interés en difundir en sus respectivos países el pensamiento filosófico de inspiración analítica. La obra que comento ofrece textos analíticos im- la cual no se- pueden deducir consecuencias normativas de premisas descriptivas; o, más brutalmente, valores de hechos. Salmerón elige el artículo en que Searte criticó el argumento de Hume (refinado por Haré) y lo hace seguir de los trabajos de James y Judith Thompson y de Anthony Flew, quienes defienden la distinción humeana. Philippa Foot alega en favor de una concepción más rica y precisa de lo que es ún hecho. Cierran la sección un artículo de Kurt Baier en el que postula que la noción de racionalidad es la relevante para explicar los juicios morales y, de G. Harman, quien propone una versión coherentista de la justificación de los juicios morales. Debo oponer un pequeño reparo a esta compilación: algunas de las piezas incluidas en ella están afectadas por cierto anacronismo. Ese defecto es la repercusión negativa de una gran virtud de f la filosofía de I M ción analítica, a saber, j %i la permanente reelabo v f) ración de las solucio l Á s é nes y aún de los problemas, hasta el punto de que en gran medida es una filosofía especializada en refutaciones. Sin embargo, el acierto con que los compiladores han seleccionado las piezas preserva el interés del volumen. Por otra par te, es difícil concebir que alguien pueda entrar al debate actual de estos problemas sin conocer las posiciones básicas de que se ha partido, posiciones cuya mención se suelen omitir por sabias y que esta colección ofrece ejemplarmente. Me parece, pues, que este es un libro para pasar por él, y para volver a él, no para quedarse en él. Imposible trasuntar en una reseña la complejidad y sutileza de la argumentación analf tica, su capacidad para perseguir intrincados detalles conceptuales y aún matices casi invisibles de esos detalles. Es una escuela de pensamiento, con sus virtudes y sus limitaciones, que me parece particularmente apta para que en ella se eduquen (aunque no sólo en ella) nuestros países hispánicos, siempre inclinados a confundir un posible párrafo de filosofía especulativa con el brindis ambicioso de un sargento borracho. La asimilación del tstilo analítico de filosofar ha de hacerse tomando, pero también dejando con tino. Nos consta la aptitud de nuestros pueblos para convertir cualquier filosofía en una escolástica, y este estilo analítico de filosofía, hay que declararlo, es peligrosamente proclive a enea pricharse en una insensata escrupulosidad, a dominar el perverso arte de partir un pelo en cuatro, pero a lo largo como decía Unamuno. Ezequiel DE OLASO portantes sobre temas éticos. La selección de los trabajos es muy competente, las traducciones han sido hechas con escrúpulo y la impresión es impecable. Rabossi se ocupa de las secciones primera y tercera, que versan, respectivamente, sobre Naturaleza y significado del lenguaje moral y Utilitarismo, consecuencias y criterio de corrección Salmerón, de las secciones segunda y cuarta acerca de Justificación y razones morales y El concepto de moralidad respectivamente. Este primer volumen que comento (el segundo se anuncia demorado) comprende las dos primeras secciones. Naturaleza y significado del lenguaje moral está integrado por trabajos de Moore, Prichard, Strawson, Stevenson, G. J. Warnock y Haré. En su estudio preliminar, Rabossi ofrece una reconstrucción útil para entender los problemas llamados de metaética En efecto, algunos de los- textos escogidos son piezas de la polémica entablada en. este siglo entre teorías éticas. Además de contar con el mapa preliminar e lector puede asistir a la substanciación misma de varias discusiones importantes entre el naturalismo, el intuicionismo, el emotivismo, el prescriptivismo y el descriptivismo. La segunda sección se ocupa casi íntegramente de la famosa interdicción, atribuida a Hume, según