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9 mayo- 1987 ABC flfcrario ABC IX ite de los escenarios La ópera es tan sólo uno de esos amores portuarios de Frigerio. El teatro es el que más quiere, al que más vuelve. El ballet -e n La Scala ha diseñado, por ejemplo, y con Roland Petit, la escenografía para Romeo y Julieta- el que menos le inspira porque requiere que todo el espacio del escenario se le deje a la danza y yo creo, como escenógrafo, que ese espacio deben ocuparlo los elementos del decorado Y el cine es otra de sus infidelidades. Mi interés por el cine ha sido siempre muy grande, aunque no me ha dado tantas satisfacciones como el teatro. Para Frigerio, la singladura por el séptimo arte comenzó en los albolíos tiempos: En aquella época, y aunque los esfuerzos no dieron resultado, había en Italia una gran voluntad de hacer cosas. La situación- social del pueblo italiano, que no tenía entonces un gran potencial productivo, le hacía desarrollar mucho más la fantasía. La relativa pobreza del país en esos momentos le hacía concentrar las fuerzas en ese mundo incorpóreo de las imágenes, poco verdadero, poco real. Hoy en día, Italia se ha empeñado en un esfuerzo económico en diversos Roma, La dolce vita sectores, y creo que la fantasía, la famosa fantasía del pueblo italiano, Ezio Frigerio apura la pipa y se atisbadoras el humo una cierta me- se ha dirigido a otros intereses más lancolía, un aquel tiempo pasado concretos y tangibles fue mejor cuando recuerda aqueSe deja mecer Frigerio por un mar de recuerdos que le hacen acoger una expresión dulce, nostálgica: De aquella época tengo naturalmente muchos recuerdos, inolvidables. La Roma de la época de La dolce vita era una ciudad magnífica, donde venían gentes de todo el mundo: intelectuales, estudiantes, profesionates; a trabajar o de vacaciones. La vida no costaba nada, y era verdaderamente fácil ser feliz con poco. Pero estos presupuestos de existencia no se han dado más después de entonces y, naturalmente, este período dorado ha desaparecido. Roma sigue siendo una ciudad magnífica, pero ha perdido aquella charme increíble de los años cincuenta y cinco al sesenta y cinco Ezio Frigerio ha pronunciado la palabra que lleva marcada junto al norte en su brújula: fantasía. No concibe la escenografía sin ella. Mi trabajo- bromea- es pura fantasía. La fantasía- afirma, ya con ta seriedad en sus palabras- es el dominante de toda Ja obra de un escenógrafo. La fantasía y el instinres de los sesenta. Poco antes había trabado una gran amistad, a través del teatro, con Vittorio de Sica. Con él conoció, desde dentro, la época dorada del cine italiano: Fellini, Sofía Loren, Mastroianni... A él se le deben la escenografía de, entre otras, Oggi é domani (Hoy es mañana) una película que tuvo entonces un gran éxito y Novecento, de Bertolucci, el último filme en que intervino. to. Naturalmente, estos dos elementos fundamentales deben ser guiadas por una grandísima formación técnica y moral- entendiendo por moral la ética de nuestra profesión- E inmediatamente después de ella viene una misteriosa matemática de la proporción, que es la que permite que se convierta en realidad y, por tanto, en escenografía. Fantasía, rumbo y norte No sólo es la fantasía el norte de Frigerio. Es también el rumbo que guía su singladura. El escenógrafo debe crear una realidad que sea más fascinante que la realidad. Creo que la fantasía es una unión misteriosa de recuerdos, de sensaciones, de deseos, de sentimientos, todo ello plasmado en una forma geométrica. La escenografía- define- es, por encima de todo, una recreación crítica respecto del texto. Cuando se abre el telón, el espectador debe ya poder comprender cómo va a ser la dirección escénica y el espectáculo mismo. Creo que la fantasía es la primera imagen del espectáculo, y como tal debe ser muy precisa e indiscutible. Pero para Frigerio la fantasía tiene sus límites. Y si el escenógrafo está de cuando en cuando en la sombra ante el brillo del director, tampoco piensa que deba excederse. Y no falta en su conversación la critica a la reciente Aida de Luxor (una obra que, como Nabucco y otras de carácter histórico y grandilocuente, no le interesan) Es un fenómeno más de turismo que de teatro, y no me interesa nada. Conozco a algunos de los que han montado Aida perfectamente. Son gente que lleva una vida mundana, y que sabe poco de teatro. El escenógrafo debe crear una realidad que sea más fascinante que la propia realidad. Y eso se logra con la fantasía, una mezcla misteriosa de recuerdos, sensaciones, deseos y sentimientos Y es que a Frigerio, un hombre que se refugia en la oscuridad de la sala mientras se monta su escenografía, no le gustan los espacios abiertos. Prefiero los teatros pe. queños. No me interesan los grandes espectáculos, y trabajo más a gusto en los escenarios de dimensiones contenidas. Extraña paradoja para un hombre que lleva la sal en los pulmones y la brisa del mar en los ojos. Para un hombre que pinta, en todos sus diseños, con el color y la luz del horizonte sobre los océanos. Para un hombre que surca, con los vientos favorables, el mar del teatro sobre la firme nave de sus escenografías. Julio BRAVO