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VIII ABC A B C XlfCV VÍO 9 mayo- 1987 Ezio Frigerio, navega Refugiado en la oscuridad de la sala, apenas visible por las luces que iluminan tenuemente la escena, Ezio Frigerio contempla desde las primeras filas su obra. Una gabarra gris, desnutrida, ajada por el óxido, se mece de guardia frente a una vieja verja, mientras espera que la música inunde su casco y su cubierta sirva de escenario. Desde su butaca, Ezio Frigerio da una nueva chupada a su pipa y pone proa hacia su pasado, con las velas de su fantasía desplegadas, mientras surca un mar de recuerdos que le llevan hacia océanos de colores y teatros luminosos. Su estampa es la de un lobo de mar en travesía. En él todo parece desdén hacia el Ezio Frigerio ha echado el ancla estos días en Madrid, para cuyo Teatro de la Zarzuela ha realizado la escenografía de la ópera de Puccini trittico. Son en realidad tres obras en una, y es una piedra de toque magnífica para un escenógrafo. Puccini ha escrito tres óperas muy distintas una de otra. Pero ninguna de ellas abandona nunca su época. Si en Tabarro el compositor ha querido mostrar una realidad casi verista y en Suor Angélica ha querido crear un mundo mágico y melodramático, en el fondo las raíces culturales no cambian de una ópera a otra, y las tres están mucho más cercanas de lo que pueda parecer en un primer momento al leer el libreto o escuchar la música. Unas raíces culturales que Frigerio cree que tendrán su perfecta expresión en la imagen, porque mi labor es hablar con imágenes y no con música. Y mi escenografía está muy unida a una gran corriente de pintura realista italiana, algo menor, pero no por ello menos importante, sobre todo para comprender el mundo cultural de Puccini. Yo he tenido muy en cuenta este mundo a la hora de hacer el decorado Frigerio tiene como compañero de a bordo en esta aventura madrileña a Lluís Pasqual. Mi colaboración con Lluís ha sido facilísima y enseguida nos hemos puesto de acuerdo. La concepción de este espectáculo ha surgido inmediatamen te, en muy pocos días. Mis imágenes y su, pensamiento acerca de las obras estaba completamente de acuerdo, y debo decir que la preparación de este montaje ha supuesto uno de los momentos más felices en mi vida profesional, sólo comparable a la época en la que trabajaba con Strehler. prendió su aventura. Fue en 1955. Yo había pasado varios años en el mar (algún tiempo en España) como oficial de la marina mercante. Una enfermedad me obligó a permanecer en mi casa durante un largo período, en el que diseñé mucho, porque siempre había tenido una gran afición por el diseño y por el dibujo. Otra de mis pasiones era la arquitectura, y me inscribí en la facultad de Arquitectura de Milán, donde estuve dos años. Por ese tiempo conocí a Strehler, que me animó a diseñar algunas cosas para el teatro. Se entusiasmó con mi trabajo y realicé mi primera obra: los figurines para La casa de Bernarda Alba, de García Lorca. tiempo, hacia la prisa. Su mirar, siempre en el horizonte, su hablar de pocos nudos, le hace parecer amarrado a la desgana y la pereza. Pero su trabajo habla de largas singladuras a través de la imaginación, de viajes fascinantes por los siete mares del espectáculo, de fecundas estancias en los puertos del cine, del teatro, de la ópera, del ballet. Y de un amor en cada uno de ellos, a los que es fidelísimamente infiel, entre ios que tiene, cómo no, sus favoritos, y con los que llena, alternativamente, los días de su vida. Y es que a Frigerio, en el fondo, lo que le gusta es navegar por los escenarios, de los que es indiscutible capitán. dentemente, una gran parte de mi éxito (y Frigerio no lo dice, pero sabe, y lo piensa, que también Strehler es deudor suyo en celebridad) ra los de las obras aparentemente más alejados de problemas políticos, haya permanecido ajeno a una permeabilización de estos asuntos. El segundo aspecto que caracteriza al Píccolo es el grado de continuidad y coherencia, independienteAbordaje a la ópera mente de las personas que hayan Y con Strehler en el puente de estado en él. mando realizó Frigerio el abordaje a uno de los géneros en testjue más puede brillar un escenógrafo, y en el que se siente como pez en el agua: la ópera. Un abordaje que le ha valido el botín de grandes producciones al lado de importantes almirantes de nuestra escena. Simón Boccanegra y Ernani con Strehler; Wozzeck, Ingenia en Tauríde y Medea con Liliana Cávani; Francesca da Rimini, Macbeth y Carmen con Piero Faggioni, o Madama Butteríly, con Nuria Espert. Y La Scala- templo sagrado por excelencia- ha presentado en una misma temporada cinco espectáculos con su firma. En la ópera, la música es, para un escenógrafo, claro está, importante, tanto como la lectura del libreto. Pero lo principal es sumergirse dentro de la cultura de la época en que se compuso la música. Tratar de comprender cómo eran en ese período las imágenes que inspiraron la música al compositor. La primera operación para afrontar la escenografía de una ópera es conocer profundamente el gusto de la época en que se compuso, ya sea pictórica, literaria, arquitectónica... Aunque, naturalmente, será la música la que le dará el color final a la operación. Deudores A partir de entonces, su carrera siguió con frecuencia el timón de Strehler. Con él trabajó en varias etapas en el Píccolo Teatro, de Milán; primero como figurinista y luego como escenógrafo, faceta en la que debutó con Arlecchfno, el célebre montaje que pudo verse en España hace un par de años. Del Arlecchino he montado cuatro de las cinco ediciones que se han hecho del espectáculo, la última de las cuales se está representando actualmente elel Píccolo. Una estrecha colaboración en varios montajes dentro y fuera del teatro milanés: El rey Lear, de Shakespeare; Los bajos fondos, de Gorki; El temporal, de Strindberg, etcétera, les han convertido en un binomio mítico del teatro europeo. La relación entre Strehler y yo ha sido siempre muy fructífera. Creo que ambos hemos aprendido mucho el uno del otro. Strehler me ha dado mucho, ciertamente; él comprendió enseguida mis posibilidades teatrales, y con él he hecho los trabajos más importantes de mi carrera. De él he aprendido un sentido crítico del espectáculo, en el que, no se puede ocultar, tiene una gran importancia la escuela brechtiana, de la que es un maestro. Me ha enseñado a conocer muchas cosas de la vida teatral, desde los grandes esquemas hasta los pequeños detalles. Debo a Strehler, evi- Amores portuarios Giorgio Strehler tiene grabado otro nombre, que ha acompañado también a Frigerio: el Píccolo Teatro de Milán, una singular institución que ha marcado el teatro europeo de las últimas décadas. Para Frigerio, ese sello personal que tiene le ha venido de su compromiso político Siempre ha sido un teatro de izquierdas, comprometido con los problemas sociales. No creo que ninguno de sus montajes, ni siquie- El timón de Strehler Inevitablemente, el nombre de uno de los magos del teatro europeo de nuestros días, Giorgio Strehler, ha sido avistado por la memoria vigía de Frigerio. Es mucho el tiempo que ha navegado bajo su bandera, muchos los nudos que ha aprendido bajo su magisterio. Con él em-