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9 mayo- 1987 A B C ÜTCVcíVlO ABC VII -Novela- Trampantojos Saúl Yurkievich Ediciones Alfaguara Madrid, 1987. 136 páginas Primaveras y otoños Baltasar Porcel Editorial Anagrama Barcelona, 1987. 238 páginas Lo que, primordialmente, hace de alguien un verdadero (grande) novelista es la capacidad, a la hora de plantearse el establecer el proyecto de un libro, de atravesar la pantalla de lo ya formalizado literariamente y de entrar en contacto directo con la realidad en bruto. Es ésta una tarea ardua y que, además, acarrea, en un primer momento, una reacción negativa en buena parte del público, el cual prefiere que no se lo conmocione demasiado, que no se le ponga en conexión con ¡as inquietantes zonas oscuBaltasar Porcel ras de nuestra natura ieza, y que, por otra parte, sólo tiende a considerar como arte aquello que le recuerda (y cuanto más, mejor) a otras obras consideradas socialmente (comunitaria y oficialmente) como artísticas. Viene esto a cuento de la última novela de Baltasar Porcel, Primaveras y otoños, un libro que, precisamente por no guardar relación sin mediaciones con lo dado y haber sido escrito en función de un modelo bien establecido y exitoso, ha conseguido los máximos premios catalanes en su edición original: el premio Sant Jordi, a la mejor obra narrativa, y el de la Generalitat de Cataluña, a la mejor obra de creación literaria. Lo lamentable, y más cuanto que Porcel ha intentado en otras ocasiones escribir novelas orientadas a la exploración de territorios poco frecuentados literariamente, es que el modelo escogido en esta ocasión, el modelo que se interpone entre el novelista y la realidad no formalizada previamente, sea- y estoy seguro de que lo que voy a decir a continuación irritará a muchosabsolutamente deleznable: el de Cien años de soledad, reducción periodística y estetizante del modelo faulkneriano. Como Cien años de soledad, Primaveras y otoños se afana infructuosamente para imponer un universo bajo el signo doble del mito y de la poseía. El resultado, en uno y otro caso, es un ersatz, una ilustración más de lo que yo llamaría estética periodística -de acuerdó con ella, se busca exclusivamente lo raro en sí, lo insólito en sí, asignificativos ambos: el hombre que muere al perro, por poner un ejemplo muy repetido en todas las salas de redacción del mundo- Para establecer el universo pseudomítico que caracteriza a las dos obras en cuestión, García Márquez y Porcel proceden de la misma manera: ante todo, crean un microcosmos artificialmente cerrado, sin fazos con el resto def mundo, a fin de que pueda regirse por las leyes arbitrariamente establecidas por eflos- e n Faulkner, esa cerrazón y ese aislamiento respondían a una realidad (al menos, interior) histórica, y, por consiguiente, al mostrarlas, magnificadas, el novelista norteamericano estaba incidiendo en la vida cotidiana de los Estados del Sur, estaba tendiendo puentes dinámicos entre su obra y la situación espiritual de los mismos- a continuación, eliminan de ese microcosmos el tiempo cronológico, el tiempo que marcan los relojes, el tiempo y tal como es vivido en la realidad de cada día por una especie de pseudopresente eterno, en el que las jornadas no se suceden sino que se sustituyen unas a otras, sin ningún orden, con objeto de crear falsas perspectivas y mentidas profundidades. ¿Ha caído en la cuenta Porcel de que su microcosmos resulta inviable en un mundo donde la televisión existe, ¡y con qué influencia! Parece que no, pues la cena de Nochebuena que le sirve como único y elemental factor de estructuración de su novela está fechada en el presente- y por último, simplifican hasta más allá de lo tolerable a sus personajes, reduciéndolos a ser meros soportes o portavoces de una sola pasión- e n un novelista modélico, como Balzac, las pasiones, por dominantes y avasalladoras que sean, se sitúan siempre de acuerdo con una jerarquía que presupone la coexistencia con otras- en un vano intento de hacerlos semejantes a los héroes de las viejas epopeyas. Los métodos para conseguir las apariencias de lo poético son, por su parte, muy varios. Está, en primer lugar- y sin ánimo de hacer una enumeración exhaustiva- el de atribuir a un comportamiento dado una causa con la que no guarda relación habitual alguna, lo que nimba de extrañeza al sujeto de dicho comportamiento. Está, después, el de atribuir comportamientos antagónicos entre sí a un mismo personaje, dotándolo de esta forma de una ambigüedad espuria. Está luego el de dar a algo un nombre distinto del que le corresponde- llamar amor a un deseo de venganza, etcétera- de forma que parezca que ese algo cobra ün nuevo sentido. Está, a continuación, el de hacer como si se creyera- o comno si los personajes creyeran- en leyendas- a ser posible, inverosímiles- a fin de provocar la impresión errónea de que se han forzado las puertas de lo posible. Está, seguidamente, el de. eludir todo tipo de análisis psicológico, como si los personajes no fueran. pasibles de convertirse en objeto de tos mismos. Y está, en fin, el de magnificar el sexo hasta convertirlo en una realidad distinta, y el de ignorar las fronteras entre la vida y la muerte. Estos métodos no son aplicados por Porcel con el rigor del escritor colombiano- u n gran artesano, sobre todo verbal, que controla inflexiblemente su materia- razón por la cual su libro resulta menos asfixiante, pero también, menos logrado: su unidad y su coherencia artísticas se resienten en muchas ocasiones. Leopoldo AZANCOT Ya desde el mismo título- entre intencionado y rebuscadillo- asistimos a un intento de búsqueda de la originalidad, mezcla de talento é ingenio. Y a fe que estos breves fragmentos -una cincuentena, muy reacios a su catalogación, a veces de unas cuantas líneas- son unas miniaturas, golpes de intuición, estampas, flack- back oníricos, sueños, laberintos, deseos, reflexiones filosóficas, máscaras, e intentan algo así como desconcertar, invadir, mostrar el revés; en última instancia, jugar. Jugar a acertijos, a despistes, a rompecabezas; si bien con un magnífico dominio de técnica y un gran bagaje cultural y capacidad de análisis sutiles. Jugar, por tanto, en lo formal y en lo conceptual. Es la compleja realidad, en definitiva, la que entra en juego (el problema es así Qsófico) ya que se transita de continuo entre lo real aprehensible (la vieja escuela realista) y fa realidad en cuanto proyecto o proyección de un status animi tal como se ve o se supone, tal como se imagina o se concibe (clásica escuela idealista) Entre estos dos márgenes afloran los sueños, las ensoñaciones, las visiones, las apariencias, las máscaras, los dobles y desdoblamientos; ahí se afirman y afincan símbolos y signos, guiños, parpadeos, claroscuros: el ámbito, en suma, de la imaginación y la creación, mimesis o transformación. En consecuencia, estos fragmentos- -narrativos, inquisitivos, reflexivos, líricos, etcéter a- son un verdadero alarde, una muestra clara de sutileza, de un transparente espíritu de geometría que afronta y pregunta, rebusca y complica, pero siempre- pese a posibles malabarismos y adivinanzas- alumbra estadillos relampaguentes. A veces es una metáfora que se ensancha o despliega (como Visos Por F dilatada a noche o una greguería (como Espía ó Entonces que deja su resplandor y cosquilleo; otras es un pequeño poema (como Laura o En una oscura cuchillería con tintes pictóricos (como Víspera o incursiones filosóficas (como Ausencia, silencio, vacío a veces llenas de sutil ironía o de humor (como en Correo sentimental o Cuestionario Sin olvidar lo narrativo, los relatos más incisivos. Siempre, en todo caso, y en última instancia, un reflejo de espejos que refractan. Porque la realidad es móvil, diluyente, complicada y engañosa también en cuanto implica al hombre, sus sentimientos y su imaginación. Saúl Yurkievich (argentino, nacido en 1931, poeta y crítico) realiza también una ponderada búsqueda de palabra y lenguaje, de estilo y técnica literaria. Y lograr una obra sumamente ponderada, meticulosa, trabajada. Quizá, por momentos, excesivamente malabrárica o fiteraria, pero siempre lúcida, sutil, inteligente. Rolando CAMOZZI