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IV ABC Poesía ABC fncrarío 9 mayo- 1987 Religión Historia antigua Víctor Botas Aslurcón. Editorial Pamiela Pamplona Es inaplazable trazar urgentemente un mapa poético de España que ponga a flote- e n una línea de homologación convincent e- las voces poéticas jóvenes. Y no- e s claro- por un deseo de ofrecer una almoneda topográfica o de repartir salomónicamente las hojas del laurel. Hay una razón de justicia: los poetas crecen donde quieren, donde sopla la musa, con independencia de los alboroques de las movidas de turno o de las tertulias ad hoc Víctor Botas tiene su sitio desde hace años, aunque las antologías- salvo la de García Martín Las voces y los ecos -escamoteen su nombre o lo mantengan en la penumbra. La carrera de Víctor Botas es firme, aunque nada espectacular; incluso discurre dentro de una cierta endogamia culturalista. Es una impresión engañosa, porque el autor de Historia antigua refuta el culturalismo desde dentro, utilizando sus mismos resortes. Surgió Botas con un libro espléndido: Las cosas me acechan impresionante por su lucidez y su lozanía, logradas tras una destilación máxima. Prosopon esencializaba todavía más su lenguaje, sus percepciones, y sus temas confabulados con una historia enigmática fluyente también de vida. En medio, colocó Segunda mano poemas escritos a la manera de con asuntos tratados o frecuentados por otros autores clásicos o modernos. Era- y e s- un camino que nos sumía al borde de la perplejidad, al borde de la broma. Parecía que la crítica debía reservarse para mejor ocasión, para más clara oportunidad. Fiel a una sensibilidad, fiel a unos autores- d e Árquíloco o Platón, de Li- Po o Ibn Hazm de Córdoba, de Holderlin a Pessoa, etcéter a- la prudencia aconsejaba dejarle jugar sólo su juego. Juego nada ocioso porque databa un seguimiento no común de la sensibilidad de sus gurús y demostraba la posesión de un soberano oficio. Historia antigua lleva todos esos gérmenes de tradicionalidad a la perfección y demuestra que Botas es uno de los pocos poetas que controlan su emoción y su lenguaje. En tiempos de caótica posmodernidad y expresión desaliñada es toda una proeza. Ya importa menos que avance o se detenga. Víctor Botas conjura perfectamente todos los excesos y retiene todas las esencias. Los poemas de Historia antigua se enriquecen de una madurez psicológica y aun del propio mester literario. Una ironía cáustica, una capacidad epigramática, una utilización de la distancia temporal son los factores en los que apoya su firme pulso. La intuición y aun el revés feliz se dan por añadidura. En Prosopon estaba todo este tono, toda esta indirecta actitud lírica, que pueden resumirse en unas pocas notas: contención horaciana, relativismo idealista, depuración de toda emoción chirriante y autonomía del poema. Yo creo que en Historia antigua el poeta alcanza ese espacio personal por el que discurre con total libertad, sin importarle etiquetas o resabios porque los trasciende. Poemas hay que aun cruzados por dos tiempos que se trasfunden- -eso sí, sin desnaturalizar lo que se debe a la evocación y lo que impone el fervor inmediato- -podría firmarlos Horacio, claro es que un Horacio que escribiera hoy. Con esto anotamos que Víctor Botas llama a las cosas por su nombre, pero sólo después de haber comprendido su esencia más profunda. Es la conditio sine qua non No hay nada libresco ni literario en este libro, sobre el que se despliega una memoria culturalista cierta. Se trata de eso, no de los pesados arreos de la estética historicista. En algún lugar de su libro dice que la fidelidad, más que una virtud es una impotencia, de la que escapan sus recreaciones vivificadas por una ratio intelectual sin ambigüedades. Víctor Botas es más reflexivo, no más cargante ni complejo. Historia antigua puede leerse a dos niveles, pero dentro de una sola lectura. Pero sus flexiones, sus tonos, sus desdoblamientos, las interpolaciones textuales- culturalistas o efusivas- adelgazan cualquier hieratismo o escenografía. Aparentemente el autor de Historia antigua utiliza elementos indirectos- hemos hablado de una distancia o indolencia respecto al contenido del poema- y hasta decididamente menos líricos. No le toques ya más, que así es la prosa dice en El poema Son pretextos para demostrar su capacidad de despliegue, su álacre y punzante reacción cordial... El desenfado, la sátira o el sobreentendido son armas de su estética, tan legítimas o más que el lirismo en primera fase. Hay un tono narrativo de palimpsesto de anales y crónicas, en los que cabe todo- -desde el engolado discurso de un César a la zafia gracia de una rapsoda popular de la Suburra... Y es que Víctor Botas ha asumido Roma hasta conseguir hacerla sangrar, quejarse o flirtear en la página. Así el horizonte culturalista sólo comparece en su dimensión justa. En lo que tiene de fresco, de marco para que el poeta configure su destino. Poemas como Tiberio Héctor y Aquiles Veterano de Actium Capilla Sixtina Claudio etcétera, por una banda, como por otra Aeropuerto Gato Fin de carrera Alegoría de la primavera El rostro de cristal nos permiten conocer no la estúpida versatilidad- que no es cosa estimable en un poeta- sino la ubicua presencia de Víctor Botas, sin solución de continuidad, en la sensibilidad lírica de un tiempo de ayer y de hoy que es, simultáneamente, el suyo. En su poesía los días y las cosas son lo único que tenemos que perder. Por eso el fugit irreparabile tempus condiciona el calado humanista de este joven- y excelente- poeta. Florencio MARTÍNEZ RUIZ Relaciones Iglesia- Estado en la José Manuel Cuenca Toribio rf. Alhambra Madrid, 1986 Las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado español son, sin duda, una de las claves imprescindibles para entender la historia de España y también para comprender la situación actual de la Iglesia en nuestro país. Desde la muerte de Fernando Vil hasta los recientes conflictos con el Gobierno socialista por la aprobación de leyes como la LODE y la despenalizadóra del aborto, esas relaciones han pasado por momentos muy distintos. El deseo de influir en la Iglesia por parte de los distintos Gobiernos no ha sido una prerrogativa exclusivamente hispánica. El josefinismo no fue inventado por nosotros, aunque aquí se intentó aplicar, con menos éxito, eso sí, que en Austria, Prusia o la misma Francia. Lariglesia española, por su parte, consciente de su poder y de su influencia en la sociedad, reivindicó derechos de otras épocas y no supo estar en muchos momentos a la altura de los cambios que se estaban produciendo en el pensamiento contemporáneo. Todo este mundo apasionante y complejo es el que estudia José Manuel Cuenca Toribio en este libro. La amplitud del objeto analizado no se corresponde con lo ofrecido por el autor. No es una historia de la Iglesia española, n ¡siquiera un análisis exhaustivo de sus relaciones con el Estado entre 1833 y 1985. Es imposible hacerlo en 157 páginas, en las que abundan extraordinariamente las notas. Sin embargo, el libro ha sido bien planteado e intenta mantenerse en una actitud objetiva, sin decantarse hacia ninguno de los dos bandos estudiados. Esto se consigue más fácilmente cuanto más tardío es el momento histórico que se valora. Santiago MARTIN Guía de la Iglesia en Toledo Luis Moreno Nieto Caja de Ahorros de Toledo, 1986 La diócesis de Toledo tiene la fortuna de contar entre sus miembros a un periodista de la categoría de Luis Moreno Nieto. Ha sabido unir el amor a una historia y a una cultura empapada de lo religioso con un estilo que hace de un libro organizado en voces y en materias algo muy distinto de una minienciclopedia. En esta obra se puede encontrar todo lo referente a la diócesis toledana, desde las ermitas que hay en ella hasta un moderno y puesto al día quién es quién en la archidiócesis. Consta de siete capítulos: diccionario de historia eclesiástica en la archidiócesis, las parroquias, las comunidades religiosas, quién es quién en la archidiócesis, autoridades y organismos diocesanos, nomenclátor parroquial y nomenclátor de las comunidades religiosas. El libro está prologado por el cardenal primado monseñor Marcelo González Martín. S. M.