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ABC, 1 póg. 52- TRIBUNA ABIERTA SÁBADO 9- 5- 87 pueden parecerse a las STE número de fichas de trabajo de la Revista de cualquier otro investigaOccidente se dor, profesor o escritor, dedica- c o m o todos Por Soledad ORTEGA éstas que hoy reprodulos que recuerdan la fecha del nacimiento de En el último número de la Revista de Occidente se publica un artículo de Soledad Ortega cimos como muestra responden a un sistema que por su interés reproducimos a continuación. Si nuestras autoridades culturales no han su fundador- a estuperdido la sensibilidad intelectual deberían prestar cuantas ayudas fueran necesarias para la de trabajo muy peculiar diar algunos aspectos publicación del libro Notas de trabajo en el que se recogerían las treinta mil fichas que de nuestro autor. Están de su personalidad y de dejó José Ortega y Gasset y que se conservan hoy en la Fundación que lleva su nombre. redactadas casi con la su obra; cantera esta misma prolijidad que un de vetas profundas escrito que ya se destihenchidas de significana a la clase- siempre cuidadosamente predo, que nunca parecen agotarse para el que por unas grandes pinzas, y los montones de parada- a la conferencia o a la imprenta. Se se acerca con ánimo de estudiar, glosar, inter- notas que en esa ocasión utilizaba: unas ya advierte, apenas, una menor atención al estilo, pretar, o bien de adentrarse por alguno de los escritas, otras en blanco sobre las que iba enasí como el uso de algunas abreviaturas, pero hebrando el hilo de su pensamiento. Y no lo mil caminos que el filósofo español esbozó. Mas en esta determinada ocasión- 9 de olvidemos, tintero, pluma, cigarrillos y uno o el discurso está plenamente desarrollado. Y mayo de 1987- hemos iniciado, como un bo- varios ceniceros en los que rápidamente se es que respondían a un discurrir del pensamiento tras la pluma o con la pluma. Rara vez tón de muestra, lo que podría ser en un futuro amontonaban colillas y ceniza, cual lava rese reproducen literalmente estas notas, ni sino muy lejano la publicación de las Notas de cién extinta de su volcán interior. Rara vez le quiera con semejanza patente, en los escritos trabajo de Ortega- más de treinta mil que vi usar lápiz y menos aún goma de borrar; sí, que nuestro filósofo publicó. Pues estas reobran en el archivo de la Fundación José Or- a las veces, un grueso lápiz rojo con que su- dacciones parciales previas no las utilizaba tega y Gasset. Ahora bien, no sin antes tratar brayar. Y muy próxima, la taza de café, o in- nunca, o casi nunca, en la forma en que se inde evocar para el lector el modo peculiar en cluso un pequeño termo lleno del oscuro líqui- cluyen, en un trabajo completo, sino que cuanque Ortega desarrollaba su trabajo, pues sin do, denso, cálido y estimulante. do se ponía a escribir echando mano de las Desde muy pronto en su larga vida de escri- grandes cuartillas blancas que luego enviaría esta clave interpretativa no podría entenderse tor utilizó el fundador de esta revista, como fi- a la imprenta, barría a un lado de la mesa tolo que tales notas significan. chas de trabajo, unas cartulinas de diez centí- das las notas y no volvía a mirarlas. Las que Muchas veces ha aflorado en mi recuerdo la metros y medio por trece y medio- casi, pues, hoy se conservan son literalmente la huella imagen de la figura de nuestro pensador, sencuadradas- como la que hoy reproducimos gráfica de la construcción de su pensamiento: tado ante la mesa de los sucesivos comedoen facsímil reducido. Cartulinas que encarga- aquel que quedará fijado, en redacción definires de las casas en que habitó- única mesa que siempre encontraba libre en los largos in- ba a su papelero habitual de Madrid o en cual- tiva muy otra, en sus publicaciones. tervalos entre una y otra comida- Sobre ella quier comercio de los diversos lugares que hainstalaba sus cuartillas- tamaño holandesa, bitó. A este tipo de notas que han ido brotando al Si aquellas notas que contienen referencias habitualmente- los libros que traía entre mahilo del pensamiento corresponden las que nos en el momento, un atril donde se abría el bibliográficas, citas o enunciados esquemátihoy ofrecemos al lector. Son las hojas del alvolumen que más especialmente estaba cos de temas a desarrollar- e n una clase, en manaque de un ingente trabajador. leyendo, sujetas sus páginas a un lado y otro una conferencia, en un artículo o en un libro- E 1 NOTAS DE TRABAJO DE JOSÉ ORTEGA Y GASSET a la muralla, bajando ATMA había decerca del estrecho por jado de oír a la el que los barcos se gente con más deslizan para entrar al desenvoltura que si Por Alberto RUY SÁNCHEZ puerto, Fatma miraba f u e r a s o r d a como fijamente los repliegues quien se deja ocupar totalmente por otra música: una voz absor- cuerpos: desde muy lejos y muy adentro, de- del mar entre las piedras. bente, una canción que llama. No dejó de ver jando en todos una punzada que se irritaba Quien la veía pensaba que algo buscaba a los ojos de quienes la rodeaban, pero su con el viento, un deseo profundo de alterar en el agua, como algo parecía buscar en el mirada penetraba, casi hiriente, y luego se su recorrido, de atraerla o rechazarla, de imaire cuando estaba en su ventana. En el iba alejando, abriendo compuertas invisibles, pedirle cultivar esos gestos que no se dejaviento lograba distinguir la misma agitación para llegar a tocar algo que era como el fon- ban interpretar con certeza. cadenciosa que ahora veía, más rápida, entre do del aire. las rocas: el agua entraba y salía de los paPara los habitantes de Mogador, Fatma se sadizos arañados en las piedras, removiendo Casi no hablaba: pronunciaba las palabras convirtió pronto en algo más lejano que un en las diminutas cavernas un musgo cuyos indispensables sin una más que se derrama- cuerpo extranjero. colores se escurrían del rojo al verde. Fatma ra de una sonrisa difícil. Al principio cualquieConociéndola, la desconocían, y ya sin poveía insinuarse, entre la espuma delgada que ra hubiera pensado que estaba de mal humor der saber lo que ocultaban sus pensamieno que cruzaba algunas horas de tristeza. Con tos, quienes la veían depositaban en ella una desaparecía ante sus ojos, una ventana pulida hacia el. fondo del mar. Bajo su mirada, el el tiempo se fue haciendo inevitable aceptar parte de los suyos: los irritables la veían muy fondo del mar y el del aire tenían los mismos que Fatma se había ido a un viaje sin regre- irritada, los friolentos aseguraban que tenía paisajes escondidos, los mismos habitantes so, muy dentro de ella misma, y que su alte- pulmonía, los temerosos de perder sus cosas fugaces. ración era una de esas heridas que ya no ci- se preguntaban de qué robo habría podido Y Fatma parecía saber en qué instante la catrizan. ella ser cómplice, los comerciantes buscaban transparencia del agua y la del aire se igualasaber a quién se había vendido con tan maAlguien llegó a decir que ella había sido ban a lo lejos, creando ese destello en el ocupada por el alma de un muerto que ahora los resultados, y quienes no olían en ella culque, de pronto, todo se ve. le reclamaba su atención, y alguien más ase- pas precisas se vaciaban de todas maneras Después de aquellos momentos ella pareguraba que, en sueños, Fatma había cruzado el pensamiento adivinando la humedad cía deslumbrada, y no faltó quien quisiera halas puertas prohibidas del Blanco Palacio del atrayente de los pliegues entre sus piernas. cerle preguntas sobre el futuro, pedirle indicaSecreto, y había quedado para siempre enaLas murmuraciones casi le tocaban la esciones para concluir alguna transacción morada de alguno de los seres invisibles que palda cuando iba ál mercado (el gran Soko) arriesgada, o confirmaciones de felicidad futulo habitan. Para ciertas mujeres de Mogador, a la fuente de agua potable, o al horno públira ante un matrimonio incierto. A todos éstos, lo que la ceñía no podía ser sino un embrujo: co. En los baños (el Hammam) lograba aislaragobiada, Fatma los desconocía. Ellos eran, la distracción o la tristeza eran poco para ex- se gracias al vapor y a los rincones. Y donde en la parte más oscura de sus ojos, como peplicar eso que dominaba los ojos de Fatma. menos observada se sentía era en el breve queños e insignificantes fuegos de artificio en recorrido que la llevaba de la contemplación Cuántas cosas llegaron a decirse sobre lo que parecía ser una larga noche de torde su ventana a las orillas del embarcadero. ella, sobre su ventana, sobre la manera exmenta; tal vez, una tempestad callada. Ahí donde las rocas son más grandes, junto traña en la que sus ojos examinaban los F TEMPESTAD CALLADA