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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 9 DE MAYO DE 1987 ABC mica Orgánica) 1983: Luis A. Santaló, Argentina (Matemáticas) 1984: Antonio García- Bellido, España (Biología del Desarrollo) 1985: compartido por David Vázquez, España (Biología Molecular) y Emilio Rosenblueth, México (Ingeniería) 1986: Antonio González, España (Química BioOrgánica) y 1987: compartido por Jacinto Convit, Venezuela (Medicina) y Pedro Rudomín, México (Neurofisiología) Creo que la lista anterior me autoriza a pensar que el Jurado ha satisfecho hasta ahora plenamente los puntos 1) y 2) de sus normas. En cuanto al punto 3) es obvio que hemos arrimado un poco el ascua a la sardina peninsular. En general no ha sido fácil, más bien sumamente difícil al Jurado llegar a su decisión final (que nos preciamos de haber alcanzado en todas las ocasiones por unanimidad) y estamos desapaciblemente conscientes del número creciente de candidatos que son tan merecedores del premio como el primero y no lo reciben. En iodo caso nuestro Jurado no ha tenido que recurrir jamás a una votación, secreta o no. Es de observar que, de los siete premios concedidos hasta ahora, dos han sido compartidos. Si bien los estatutos, como se desprende de su artículo 9, no tienden a favorecer esta modalidad, no la excluyen. Parece, sin embargo claro, que en el futuro deberá haber más premios compartidos, ya que el número de candidatos de alta distinción crece rápidamente. Buen ejemplo de esta necesidad lo dan los premios Nobel, que en sus tres ramas científicas no es infrecuente, más bien es la norma, que sean compartidos. A menudo en entrevistas periodísticas de radio o televisión me preguntan qué pienso de los premios, a lo que suelo responder que soy más bien desfavorable a los mismos. Justifico mi actitud con el argumento de que en la actualidad hay muchas más personas merecedoras de galardones de las que aquéllos alcanzan, y ¿qué es preferible? ¿qué es lo que en definitiva causa más provecho o perjuicio al progreso humano, el alborozo de los favorecidos o el desaliento de los no premiados? Un importante aspecto en toda concesión de premios es la nominación de candidatos. Los estatutos de la Fundación Principado de Asturias especifican lo siguiente: REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28 0 0 6- M A D R I D FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ACE unas semanas se concedió el premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica c o r r e s p o n d i e n t e al año 1987. Como anunciaron en su día los medios de comunicación, el premio fue otorgado conjuntamente a dos investigadores iberoamericanos: al médico venezolano Jacinto Convit, que dedica su vida al estudio de la lepra y la lucha antileprosa, y al mexicano Pedro Rudomín, autoridad mundial en el campo de la neurofisiología. Año tras año los miembros del Jurado me han honrado y distinguido eligiéndome presidente del mismo y, con esta perspectiva, me ha parecido deseable hacer algunos comentarios que informen a todos cuantos pueda interesar sobre las normas y criterios que desde un principio han servido de guía a este Jurado. Los estatutos de la Fundación Principado de Asturias referentes a este premio dicen textualmente: Será concedido a la persona, grupo de trabajo o institución de las naciones que componen la comunidad iberoamericana cuyos descubrimientos o labor de investigación representen una contribución altamente significativa al progreso de la Humanidad en los campos de las Matemáticas, Física, Química, Biología, Medicina y Ciencia de la Tierra y el Espacio, así como técnicas y tecnologías con ellas relacionadas. Si comparamos este premio con prestigiosos premios mundiales, observamos, de una parte, una limitación geográfica, ya que el premio Nobel o el premio nacional del Japón, por no citar sino un par de ellos, carecen de dicha limitación. Por otra parte, nuestro premio no tiene limitación en el campo de las ciencias e incluye además a la tecnología, mientras que en el área científica existen tres premios Nobel, en Física, Química y Fisiología o Medicina, respectivamente, y el premio nacional del Japón está limitado a determinados campos científicos o técnicos, que varían de un año a otro según una selección establecida por un Consejo Nacional. Recientemente se ha creado un cuantioso premio internacional italiano, el premio Fiuggi, que se otorgará trienalmente a aquella o aquellas personas que han dedicado su vida a la cultura, la ciencia o el arte y han hecho notables contribuciones al progreso de la Humanidad. Con dos años de antelación e Consejo General de la Fundación Fiuggi determina el área de actividad intelectual en que se concederá el premio. H EL PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS DE INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y TÉCNICA Vemos, por lo que queda expuesto, que dada la flexibilidad y latitud de los estatutos podía nuestro Jurado, sin dejar de respetarlos, establecer ciertas normas y criterios para la adjudicación de los premios, y desde el primer momento consideramos que debíamos establecerlos. Estas normas son, por orden prioritario: 1) Relevancia científica o técnica. 2) Distribución de áreas científicas y, 3) Distribución geográfica. Una lista de los premios concedidos hasta ahora muestra hasta qué punto hemos procurado ser fieles a nuestros criterios y cumplido nuestros objetivos. Dicha lista es como sigue: -1981: Alberto Sois, España (Bioquímica) 1982: Manuel Ballester, España (Quí- La propuesta de candidatos puede hacerse por centros culturales o de investigación, Universidades y otras instituciones, o sus representantes, de Hispanoamérica, Brasil, Portugal y España, y aquellas personalidades a quienes la Fundación Principado de Asturias invite. Los- -J -Jestatutos introducen, pues, un cierto tamiz a este nivel, pero como la calidad, categoría y solvencia de las instituciones no pueden especificarse, hay considerables diferencias entre las que de hecho proponen candidatos. No es infrecuente que, por una extremadamente holgada interpretación de los estatutos, se reciban propuestas de embajadores y hasta de jefes de partidos políticos, y esto para un premio de ciencias. Naturalmente, dichas nominaciones carecen de valor y son automáticamente descartadas. Otro aspecto importante, que puede ser decisivo en el caso de candidatos en los que parecen concurrir relevantes méritos, es la forma en que se hace la nominación. Una propuesta bien planteada debe ser introducida por una clara pero sucinta exposición de las más relevantes contribuciones por las que se considera el candidato merecedor del premio. Esto es desgraciadamente infrecuente, y a menudo se hace difícil discernir claramente las contribuciones esenciales de un candidato cuando la nominación va exclusivamente, o casi exclusivamente- avalada por un extenso curriculum vitae y una dilatada lista de publicaciones. Ciertas normas de los estatutos son para nuestro Jurado inaceptables y no las tenemos en consideración. Por ejemplo, los estatutos autorizan a los jurados a nominar candidatos, y no sólo con antelación a su reunión, sino incluso durante la reunión misma. Siempre ha parecido a nuestro Jurado que un miembro que proponga un candidato no puede comportarse como un jurado imparcial y lo consideramos incapacitado para actuar como tal. No creemos que la no utilización de un derecho que los estatutos nos confieren pueda ser interpretada como una infracción de los mismos. Nuestro Jurado ha hecho los máximos esfuerzos, y parece que poco a poco va consiguiéndolo, para que las normas de concesión del premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica se ajusten a los principios éticos que gobiernan, tácita o expresamente, a los premios prestigiosos otorgados en otros países. Estos incluyen la absoluta anonimidad de los candidatos propuestos y el anuncio exclusivo del candidato o candidatos premiados, sin que ninguno de los otros nombres que hayan podido barajarse sea en absoluto dado a conocer. Es evidente que los premios Príncipe de Asturias son cada vez más conocidos y que su prestigio en el ámbito iberoamericano experimenta un marcado y rápido incremento. Este prestigio se consolidaría y aumentaría considerablemente si fuese posible establecer una fecha fija anual para la solemne ceremonia de entrega de los mismos. Puesto que la Fundación Principado de Asturias se constituyó en Oviedo el. día 24 de septiembre de 1980, el 24 de septiembre sería, sin duda, la fecha idónea para dicha ceremonia. PRINCIPE DE VERGARA, 29 MADRID I Severo OCHOA