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Sobre estas líneas, Gregorio Marañón, su esposa, la marquesa de Marañón, y su hermana Carmen Marañón de Araoz con el poeta Luis Rosales, el académico electo Antonio Mingóte y. con el director de la Academia, Pedro Laín. Abajo, una imagen de los miembros de la Comisión Organizadora del I Centenario del Nacimiento de Gregorio Marañón, con miembros de la familia Marañón, en el estrado de la Real Academia Española. A la derecha, José Joaquín Isasi- Ysasmendi con su mujer, Cristina Pemán Domecq con magisterio y carino, la personalidad de Marañón como médico, historiador, escritor y pensador, todo ello bajo el prisma de su profundo españolismo. Lo definió como hombre integral e ¡ntegrador cuya vida entera fue el amor a España. Su discurso fue aplaudidísimo. A continuación pronunció unas palabras de homenaje el ministro de Cultura, Javier Solana, destacando la labor de Marañón como universitario y como pensador que supo asumir las grandes situaciones de su tiempo. Discurso de Su Majestad Finalmente, Su Majestad el Rey pronunció el siguiente discurso: La herencia moral, el magisterio científico y el ejemplo cívico de la vida y la obra de don Gregorio Marañón constituyen una energía histórica que los españoles de hoy no podemos desaprovechar. Considero por ello que la labor encomendada a la Comisión Organizadora del primer centenario de su nacimiento, cuyo primer acto se enmarca en esta institución tan importante, es de suma trascendencia. Invitamos, desde la incitación de los vínculos históricos, a todos los españoles, y especialmente a los jóvenes, para que se aproximen, en la medida de lo posible, a través del recuerdo activo, al mensaje de los españoles eminentes, generosos y creadores, de los que VIERNES 8- 5- 87 el ilustre médico y escritor es ejemplo. Entre nuestras virtudes como pueblo no figura la de la memoria agradecida. Sin embargo, lo que somos y lo que podemos hacer en el mundo de hoy, y más concretamente en el seno de Europa, en la que proyectamos y asumimos responsabilidades esenciales, tiene antecedentes y se alimenta dé la labor de generaciones anteriores. Don Gregorio Marañón es un español de actualísimos perfiles. Supo compaginar su alta magistratura en la Medicina, como muy bien ha señalado el director de esta Academia, con una visión y sentimiento humanista de la vida y de España. El transmitió a sus contemporáneos unas claves de comportamiento: la creatividad, la dedicación y el amor al prójimo, que siguen siendo resortes sin los cuales no sería posible ni el progreso ni la moral que exige la convivencia civilizada. Aún recuerdo cómo los estudiantes de mi generación recibimos, a través de enseñanzas y lecturas, el aliento y la invitación al trabajo y al patriotismo de este español excepcional. Pero excepcional no quiere decir distante. Marañón vivió comprometido con los mismos valores que son necesarios en todo tiempo: la libertad, el sentido trascendental de la vida, el amor a la Patria propia y la vocación intelectual como servicio. Pero aún hay otra faceta que completa su permanente magisterio: la alegría y la vitalidad con que desarrolló, día a día, año tras año, en España y fuera de ella, el compromiso de perfección que a sí mismo se había impuesto. Permitidme creer que Gregorio Marañón vive en estos momentos aquí, entre nosotros, un reencuentro entrañable, a través de un abrazo que proporciona la nostalgia y en la presencia de una reflexión oportuna y profunda como la que acabáis de hacer. El, una vez más, al cabo del tiempo vuelve a nacer y encuentra, ante su mirada universal, Una España de nuevo joven e ilusionada, dispuesta a fructificar sus enseñanzas con la vitalidad de la juventud. Una España en la que él tiene un sitio porque su presencia y su guía son necesarias. Por ese y a ese Marañón inmortal, humanista, español que aporta a la Humanidad el sentido de su obra concebida y hecha con la inteligencia y el corazón, deseo que los trabajos que conmemoren su primer centenario, tengan la máxima colaboración de las instituciones del Estado y, en primerísimo lugar, de la Universidad. Con motivo de dicho centenario del nacimiento del doctor Marañón, para perpetuar su recuerdo, he tenido la satisfacción de otorgar a su hijo, Gregorio Marañón Moya, el título de marqués de Marañón, con grandeza de España, para él y sus sucesores. Pero lo que deseo fundamentalmente es que todos acertemos a renovar para el pueblo español, en estos momentos, la presencia creadora y fecunda del doctor Marañón, cuya memoria honramos, y la importancia de su obra, llena de lucidez, de la que los españoles debemos sentirmos orgullosos. Una salva interminable de aplausos acogió el discurso de Su Majestad. Tras levantar la sesión, los Reyes saludaron a Gregorio Marañón Moya y, con todo el público en pie y aplaudiendo, salieron por el pasillo central de la Academia. Una última anécdota: mientras los Soberanos correspondían a las aclamaciones, el Rey advirtió entre los asistentes a María de Madariaga, presidenta de Salus Infirmorum. Rompiendo todo protocolo, el Rey se dirigió a ella y cuando María intentó hacer la reverencia, Don Juan Carlos la alzó, besándola. A ver cuando vienes a verme, María; como cuando era niño, en Estoril. Y la vieja dama se emocionó vivamente. Los aplausos del público arreciaron. Y la mañana de primavera se hizo más clara y radiante. Don Gregorio Marañón, español de actualísimos perfiles en frase del Monarca, quedaba honrado. La Historia seguía su curso, serenamente. Santiago CASTELO ABC 117