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Sobre estas líneas, un momento del discurso del director de la Real Academia, Pedro Laín Entraigo. A la derecha, Su Majestad la Reina recibe el saludo de Gregorio Marañón Moya, marqués de Marañón. Bajo estas líneas, el académico Miguel Delibes saluda cariñosamente a Carmen Marañón, viuda de Araoz, hija mayor de don Gregorio Marañón. A la derecha, Amador Schüller, Ángel Martín Municio y Luis Bru momentos antes de empezar el acto en la Academia Los Reyes presidieron el homenaje a Gregorio Marañón Don Juan Carlos: Marañón, al cabo del tiempo, vuelve a nacer y encuentra, ante su mirada universal, una España de nuevo joven e ilusionada H A sido un acto solemnísimo y a la vez entrañable. El todo Madrid se dio cita, en torno a sus Reyes, en el viejo y noble caserón de la Real Academia Española. La mañana era clara y luminosa, de pura primavera, y en los alrededores de la calle de Felipe IV había un revuelo inusitado. Era el primer acto de los programados con motivo del centenario del nacimiento de don Gregorio MaraVIERNES 8- 5- 87 ñon y los Reyes quisieron honrar en honor del inolvidable don Grecon su presencia la efemérides. Y gorio. la expectación y el interés se haNo es de extrañar, pues, que la bían despertado. Luego, el Rey, en gente también madrugara físicasu discurso, emocionó a todos mente. Aún no estaban los autobucuando dijo que la herencia mo- ses desembarcando turistas en los ral, el magisterio científico y el aledaños del Museo del Prado y ya ejemplo cívico de la vida y la obra había, bajo las verdes acacias de de Marañón constituyen una ener- la calle, personalidades de todo gía histórica que los españoles de tipo y condición esperando entrar hoy no podemos desaprovechar en la Academia. La lista sería interFue el pórtico mejor para los actos minable. Allí estaban, tempranera- mente, todos los Marañón, desde Gregorio, flamante marqués de Marañón, que recibía incontables muestras de felicitación y cariño, a los nietos y bisnietos del homenajeado. Con Gregorio Marañón Moya y su mujer Patricia Bertrán de Lis estaban también Carmen Marañón, viuda de Araoz, Belén Marañón Moya y Mabel Marañón de Burns. Conversaban todos con Pedro Laín, mientras esperaban la A B C 115