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ARECE una frase banal, un aforismo pobre, pero nadie sabe las trágicas consecuencias de algo como lo que Nietzsche dijo una vez al referirse a vivir lo que se piensa Por el contrario, el carácter más íntimo de las llamadas ideologías es su exterioridad respecto a la vida. La filosofía griega o el saber chino eran una manera de caminar, de comer, de hablar... En suma, de vivir. Mas la filosofía posterior, hasta llegar a la revolución esencial de Nietzsche, es una filosofía no hablada, sino tan sólo escrita: se reduce a la condición de libro y no tiene circulación social. Es por ello que Bataille afirmó no sabéis leer La lectura, en efecto, no debe ser únicamente un acto contemplativo, sino que ha de tener por objeto la realización o aplicación de lo leído. Esta sería la única lectura que podría consolarnos, devolviéndonos a la vida y sacándonos del círculo vicioso de la escritura. Pero esta lectura, para la hipocresía burguesa y su lógica de la apariencia, parece un delirio. Ya lo dijo Georges Devereux en sus Ensayos de Etnopsiquiatría General: una cosa es creer y otra muy distinta experimentar lo creído como real. Así- afirma aquél- si un musulmán sostiene la opinión de que un santo puede copular con una mujer dejándola virgen e intacta, todo va P La exterioridad de la palabra o la locura de Federico Nietzsche (I) A Rosaura GENTE de un sentido o como una nulidad a través de la cual las palabras caen y resbalan sin jamás tocarla. La salida de los cines, la salida de los teatros: temed la muerte por frío. Por el contrario, la actitud del maldito, lejos de cualquier romanticismo, es una actitud ante la vida. Una actitud que tiende a realizar la literatura o la filosofía; a transfor- marla en existencia plena y no en una existencia nula. Porque nosotros afirmamos que la filosofía debe poner en peligro la vida. La burguesía habla con desprecio del fanático, pero el fanático es un hombre que cree. Jaspers habla también de la manía de pansignificación (1) del esquizofrénico, sin darse cuenta de que esa manía es una noble ambición de encontrar sentido a la vida. Un sentido del que aquélla no es que carezca, sino del que se ve privada por la exterioridad de la palabra. Pensar, como decía Nietzsche, la propia vida como un destino es w suponerla como dotada de sentido. Lo otro sería creer que hemos nacido para nada, para vivir tan sólo, al igual que los animales, y embrutecernos en una realidad sin ideas. Leopoldo María PANERO (1) Jaspers, Genio y locura. bien; pero si declara que lo ha hecho, se dirá que está loco. En la llamada sociedad del espectáculo, la vida se vive como imaginaria en el cine, en los teatros, en la novela o en la página de filosofía, y la realidad, la llamada vida, se siente como la cesación T OMATITO de Dos Hermanas cantaba por aquellas fechas en un café cantante que se llamaba La Ballena Colora. Se acompañaba con un tambor de parche prieto y hacía palmas con las plantas de los pies. De este modo se ahorraba el sueldo del palmero... (Yo sou como aquel viejo que está en medio der camino. Yo no me meto con naide; naide se meta conmigo... El café cantante era nido de huevo de aguardiente. Y también cizaña para mocitas sin fortuna. Y cizalla para mozos a medios pelos de idiota. Es decir, que el café cantante no perdonaba. Y si lo hacía, ponía de penitencia pintar la luna de verde. Tú no tienes curpa, ni yo a ti te curpo... Tienen la curpa esas malas lenguas que andan por er mundo... El café cantante es la cátedra del cante jondo. Con jota. Porque hondo, con hache, suena a hueco. Con jota, hasta se oye el comienzo del jipío. Quede claro, y que no tenga que volver a repetirlo. Ahí va eso, por peteneras: ¿Dónde va linda judía, tan compuesta y a deshora? Voy en busca de Rebeco, que está en la sinagoga... Allí, en el café cantante, cortando el humo de las tagarninas con navaja cabritera, nace el trapicheo del cante. Doctores de bronce establecen las reglas. Y nace el cante grande y el cante chico. Juegan el play- ofí para grandes los polos, SÁBADO 2- 5- 87 Jipiostoria del cante jondo Jipío del beso las cañas y las serranas. Un cachito de pausa, que vamos por serranas: Yo crié en mi rebaño una cordera, I y de tanto acariciarla, se volvió fiera... Los doctores de bronce y luna decidieron también llamar a los cantes, según fuera el mogollo del jipío, cante alante y cante atrás Y ustedes se estarán preguntando, con más razón que un santo flamenco, qué es esto de alante y atrás Vamos a intentar explicarles este tartamudeo de espacio. Cebada. Muy propio, porque la escupía cuando cantaba. De ahí pasó a otro cafetín, que olía a serrín como una maldición de todos los pinos gallegos, y que tenía un gato con los ojos tan verdes que, cada El cante alante se ejecutaba vez que pestañeaba, parecía que- nunca mejor dicho, porque aquese caían dos esmeraldas al suelo. llo era un jipío v i l- en la parte de- Créanselo o no, aquel cafetín se lantera del tabladillo del café. De- llamaba La Puñalá. Pero no llegatrás estaba el cuadro flamenco. ba la sangre al río. Entre otras co (Mal llamado, porque, en realidad, sas porque, por entonces, el Manes un semicírculo) Pero el arte no zanares andaba haciendo el bachientiende geometría. (Toíto es acos- llerato fluvial. Pero, por si llegaba, tumbrarse. Cariño le toma el pre- aunque fuera a fleco de sospecha, so a las rejas de la cárcel... estaba esta jaculatoria de espeluzTomatito de Dos Hermanas es- no y moño tieso con clavel ya retrenó chupa de rizanca y catite a la ventado de puro reventón: Desmadrona- todo por quince duros y pués de haberme llevao toda la algún favor a La Zumbió- en un noche de jarana, me vengo a pucafé madrileño: El de la plaza de la rifica debajo de tu ventana, como si fuera un altar... Tomatito de Dos Hermanas saltó el charco y cayó en Zaragoza. Y l l allí se le ocurrió cantar jotas por verdiales. Todo un drama, como se comprobará en su debido momento. Drama que tuvo su arremango de telón cuando, recién llegado a Zaragoza, contestó a un covachuelista local a la pregunta de por qué no cantaba por caracoles: Tomatito de Dos Hermanas no cantará nunca por caracoles. Es un cante muy lento... Y se quedó como si acabara de parir una guitarra. R. HERRERO MINGORANCE ABC 109