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GENTE y aparte La española cuando besa 6 la e s p a ñ o l a cuando besa, besando J de verdad? ¿O, llegado el caso, y según el momento y el lugar, puede hacerlo de mentirijillas? Es evidente que la figura emblemática de la fémina hispánica se ha diluido tanto en su expresión mítica como la del macho ibérico, especie en vías de extinción por los estragos que en las reservas patrias de testosterona provoca el ajetreo de la vida moderna. El hecho es que el espectro de las mujeres españolas y el misterio de su comportamiento se amplía constantemente, no descartando en absoluto que les pueda interesar besar por frivolidad, sino también por muchas otras impensables razones. ¿Es lo mismo un beso de Rocío Jurado que uno de Martirio? ¿Uno de María Jiménez que uno de Jenny Liada? ¿Besa igual Massiel que Alaska? ¿Isabel Tocino que Cristina Almeida? No. Indudablemente, cada una dispone SÁBADO 2- 5- 87 de sus propios recursos y tácticas en la vida, especialmente a la hora de entregarse a la ceremonia del ósculo. Ninguna es igual; todas tienen su particular intriga, su laberinto insondable de caminos antes de abrir su corazón ofreciendo su boca. Para algunas, el beso es la única forma de que dejen de hablar. Para otras, la mejor para que sigan calladas. Hay quien besa con retraimiento, como un pajarito comiendo un grano de alpiste, y quien se zampa a su oponente de un bocado en el mejor estilo de depredador carnívoro. Hay también quien besa con la fría indiferencia con que se lleva a los labios una copa de champagne Hay quien se besa en el espejo y quien besa con fruición los pies de las estatuas. Hay quien deja su roja marca de carmín con el orgullo insolente con que El Zorro dejaba la firma de su acero en el rostro de sus víctimas, y quien sorbe la vida de su oponente hasta la última gota con ansia vampírica. Hay quien se desmaya y quien se acelera. Hay bocas jugosas, que ansian desembocar en un beso, como las de Bibi Andersen, Victoria Abrit o Maribel Verdú, y otras más estrechas y encogidas, como más reacias al abandono, al estilo de las de Rosa Montero, Mercedes Milá o Pilar Miró. Hay tantas formas de besos como caminos en la imaginación. ¿Quién puede imaginarse un mundo de mujeres sin boca? No habría tonadilleras, ni locutoras, ni catadoras de vino, ni trompetistas, y las películas no podrían acabar felizmente con un beso. Menos mal que son así, porque el beso de la española es cosa seria, aunque no bese de verdad. Jorge BERLANGA Sumario Besos largos Jorge Berlanga Ménica Gabriel y Galán Edi Caligari Rossy J. J. Esparza Herrero Mingorance Javier Barquín Leopoldo María Panero ABC 105