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SÁBADO 2- 5- 87- ESPECTACULOS ABC, pág. 85 Cinco mil asientos en tres categorías distintas están disponibles a unos precios que van de setecientos cincuenta a doscientos cincuenta dólares para los extranjeros y hasta quinientas libras egipcias para los del país, un precio nada despreciable si se tiene en cuenta que un profesor de Universidad gana ciento cincuenta. Las localidades para hoy están agotadas, aunque no ocurre lo mismo para el resto de las representaciones, que duran hasta el próximo día 12. Al parecer, la razón fundamental, según el promotor, es porque la Prensa ha aireado que Plácido Domingo sólo actuará los dos primeros días. Además de Su Majestad la Reina y de la Infanta Doña Cristina, asistirán esta noche al estreno numerosas personalidades. Aunque por razones de seguridad no se ha elaborado una lista oficial, se espera la presencia de los reyes de Suecia, ef rey Hussein y su esposa, la princesa de Gales, la princesa Carolina de Monaco, el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, y representantes del mundo de la cultura. Para celebrar el acontecimiento, las autoridades egipcias han acuñado una moneda de plata y oro: en una cara, el templo de Luxor, y en la otra, la historia de la ópera (en inglés y árabe) se han engalanado las calles; se han fumigado las aguas del río; se han instalado teléfonos y acondicionado la zona, además de efectuarse un despliegue especial de servicios de seguridad. En definitiva, todo está a punto para aplaudir un notable éxito, cuyo preludio es el ensayo ante la Prensa extranjera que tendrá lugar esta tarde. Su Majestad la Reina llegó ayer tarde, acompañada de la Infanta Cristina y la princesa Irene de Grecia, con quienes asiste hoy como invitada de honor al estreno de la ópera Aida Miles de personas venidas de todo el mundo se han dado cita aquí para la función, hoy, de la ópera de Verdi Aida Un paseo por la ciudad da la sensación de que algo extraordinario está a punto de ocurrir, la misma que tienen sus habitantes, que han arrinconado el rudimentario inglés con el que tratan a cualquier turista, por un igualmente rudimentario español o italiano. ¿Cuántos dólares quiere cambiar, señorita? se puede oir con frecuencia. Y es algo extraordinario porque esta representación de Aida se considera allí el acontecimiento cultural y turístico más importante de la década. Unos doscientos corresponsales de todo el mundo cubrirán el evento y más de novecientas personas tomarán parte en la función, aproximadamente la mitad pertenecientes a la Ópera de Verona, que actúa junto a otros trescientos cincuenta soldados egipcios. La gran figura, sin duda, es el tenor español Plácido Domingo, que interpreta a Radamés, con María Cniara, en el papel de Aida. Es una historia de amor trágico que relata las fortunas del hijo de un faraón, enamorado de una esclava etíope. La obra fue un encargo del jedive Khedine Ismail a Verdi con motivo de la inauguración del canal de Suez, en 1869, aunque su estreno se retrasó hasta dos años más tarde. Un siglo después, Aida re- Aida vuelve a sus orígenes en un faraónico espectáculo Su Majestad la Reina, invitada de honor Luxor (Egipto) Mercedes Calleja, enviada especial La calma que se respira en Luxor, impregnada de esa morriña especial que transmite la vida cotidiana de la festividad del ramadán, se ha visto turbada por el ajetreo de idas y venidas, vuelos especiales y trenes a tiempo y destiempo, trastornando la tranquilidad de esta ciudad del sur de Egipto, un día capital de Tebas l H r Ltlfl í El templo de Luxor se ha engalanado para acoger, en sus orígenes, esta extraordinaria representación de la obra de Verdi sucita en Egipto, en el incomparable marco del templo de Luxor, al aire libre y con un telón de fondo compuesto por el Nilo, las p a l m e r a s y el Valle de los Reyes. Queríamos traer Aida a casa ha dicho el promotor de la idea, Fawzi Metwalli, quien cuenta ya con unas pérdidas de un millón de dólares, de los diez que le ha costado financiar la operación. PLACIDO DOMINGO, EN LA REPRESENTACIÓN Esta vez se rizará el rizo de la espectacularidad y la adecuación del continente y el contenido. La etiqueta no puede ser más sensacional: Aida en el templo de Luxor. La ópera verdiana escrita para y estrenada en Egipto vuelve a sus orígenes. La monumentalidad del templo de Luxor, el Nilo inmediato, movilizarán un turismo lírico de lujo. Y como siempre en los acontecimientos operísticos, una voz española de rango universal: Plácido Domingo, que encarnará el guerrero indomable ese personaje de Radamés, que lucha, triunfa y muere en holocausto a su amor, Aida, la esclava etíope y por los celos de la rival, Amneris, hija del Faraón. Otros dos nombres calificados, los de María Chiara y Fiorenza Cossotto- esta última, sobre todo, la gran figura del presente para el personaj e- se unen a nuestro cantante para garantizar e! nivel de la tripleta central. Pero, Aida es, además, al tiempo, obra de conjuntos, posibilidad para el gran espectáculo multitudinario, la ambientación fastuosa, los despliegues disciplinados, los cuadros con fuerza plástica. Reclama coros, ballet comparsería nutrida, junto con los personajes citados, con Amonasro, el gran sacerdote, el rey... ¿Y quién mejor que la Opera de Verona, artífice de las más impresionantes producciones en su anfiteatro romano, que se colma en el estío por veintitantos mil espectadores, para los que pueden cambiar los restantes títulos, pero Aida ha de permanecer, invariable, en el repertorio desde que, allá por 1913, comenzaron las representaciones? Decoradores, escenógrafos, directores de escena, coros, conjuntos y técnicos conocen bien el arte de mover y moverse en la enorme maquinaria, con decorados que reproducen lo que ahora en Egipto se ofrece natural. Desfilarán las huestes guerreras vencedoras, los esclavos etíopes; bailarán sus danzas sensuales para la hija del rey sus servidoras; la tensión dramática crecerá en la escena del Nilo; una fatal piedra sepultará en vida las de Aida y Radamés. Todo es fácil de suponer. Desgraciadamente, la realidad tendrá una fuerza que nuestra imaginación dé espectadores de tantas y tantas Aidas con un Egipto figurado y no real, no puede reemplazar. En todo caso, bueno es- y enorgullecedor para los amantes españoles del bel canto que uno de los pilares de la convocatoria sea madrileño y lleve, como Plácido Domingo, con su nombre el de nuestro país por el mundo sin fronteras del arte. Que esta vez penetrará hasta los cimientos del templo de Luxor. Antonio FERNANDEZ- CID