Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
SÁBADO 2- 5- 87- LA FIESTA NACIONAL Décima corrida de la feria de Sevilla -ABC, pág. 75 Paco Ojeda ya no quiere ser torero El de Sanlúcar va de listo y se conforma con lo que tiene Sevilla. Vicente Zabala, enviado especial Y de nuevo, por la tarde, tras fa novillada matinal, nos encontramos sentados en nuestra localidad de la Maestranza. Calor inmenso. Estoy seguro de que en agosto no puede calentar más el sol. Se está empleando al máximo en esta feria de abril del 87. La fiesta es sol, pero no tanto, por favor. Me acordaba yo de ios que añoran al Guerra no por sus cualidades técnicas, sino por esa frase que se ha hecho famosa de que las corridas de toros son calor y moscas En tiempos no remotos, los torerqs. de escaso repertorio, los que don Manuel Majías Bienvenida llamaba poco toreros solían buscar su desquite por los senderos del arrojo, de una valentía a prueba de tarascadas. Hoy, que padecemos la tremenda desgracia de un plantel de toreros que salen con la ¡dea preconcebida de ejecutar miles de derechazos, ajenos al aire puro y fresco de la variedad, nos encontramos con la desesperación de que no quieren saber nada de colocarse er ese sitio Paco Ojeda donde se lleva ta emoción y la angustia hasta los tendidos. Como no son toreros de inspiración, no pueden encontrar la revancha en un quite realizado a cualquiera de los toros de sus compañeros. Todavía recuerdo yo cuando abandonábamos la plaza hace ya muchos años y alguien le preguntaba a mi padre: ¿Qué tal? -Poca suerte- recuerdo que decía- ¡pero ha hecho un quite! De esto nos tenemos que olvidar ya. Como debemos dejar como algo pasado las ilusiones que nos hicimos en su día con la fugaz irrupción en tos redondeles, después de haber estado hundido no sé cuántas temporadas, el sanluaueño Paco Ojeda. Hoy, el torero que ha tenido más a su alcance el centro de la tauromaquia de su tiempo ha andado desganado, con una corrida sin fuerza, gordinflona y fofa, que le hubiera permitido en otro momento desarrollar ese don que Dios le ha dado- -y que él ha despilfarrado- de una rápida conexión con los tendidos. Paco Ojeda se nos ha convertido ahora mismo en un pana rico. En un hombre conformista y tunante. Lo escribo desde el respeto. No empleo la palabra tunante como insulto, sino como granujería de un ganapai nes que en un momento dado hizo un trato con el público, que éste aceptó de buen grado: yo me quedo quieto y ejecuto las series de muletazos que haga falta en un palmo de terreno. Ustedes me hacen rico y me llenan de gloria. Lo que ocurre es que ya no quiere ni más dinero ni más gloria. Se conforma con i el campo, los caballos y todo eso que trae el dinero rápido de los toros. Dios quiera que no le pese su falta de ambición. En mi opinión, lo que ha demostrado es un divorcio total con la afición. Le importa un rábano el arte de torear. Está claro que de esto sólo le interesaban unos duros, un trozo de tierra y la tranquilidad. Lo ha conseguido. Vaya usted con Dios. Ficha de la corrida Rea! Maestranza de Sevilla. Décima corrida de feria. Lleno hasta la bandera. Tres toros de Ramón Sánchez Recio y tres de José Luis Marca. Los de Ramón Sánchez, más encastados que los del ganadero aragonés. El primero de Sánchez se dejó torear. El cuarto, de. Marca, fue manejable. Sosos el segundo y el quinto, y sin problemas el tercero y el sexto. Tomás Campuzano, de nazareno y oro. Pinchazo y estocada (palmas) En el cuarto, estocada baja (vuelta al ruedo) Paco Ojeda, de blanco y oro. Media estocada (silencio) En et quinto, tres pinchazos y media estocada (pitos) Lucio Sandio, de grana y azabache. Pinchazo y media estocada (palmas) En el sexto, estocada (ovación) Voluntarioso Hubo baile de toros en los corrales. Se anunciaron seis toros de Ramón Sánchez. Al asomarnos al aviso que ponen sobre los carteles a la hora dé comenzar la corrida comprobamos que sólo quedaban tres toros de la ganadería del hijo del criador de reses bravas anunciado y otros tres de José Luis Marca, el suegro de Paco Ojeda. Menos mal que el primero fue de menos a más. Salió distraído, como aburrido, pero se creció ante la muleta de Tomás Campuzano, recordando su buena procedencia, haciéndoselo pasar muy mal ai diestro de Gerena en diversos pasajes de su faena, cuando el toro, que tomaba excelentemente el engaño por el pitón izquierdo, de pronto sacaba los redaños propios de su bravura, atosigando al diestro, que puso todo lo que estaba de su parte para buscar un triunfo, el cual no llegó porque Tomás se sorprendió de la arrogancia del animal. No se acopló con él y lo mató pronto. El cuarto toro, de José Luis Marca, quiso darle un grito para que Tomás Campuzano se comprara un par de cortijos; pero el torero no los quiso. Se contentó con pegarle muchos pases, recorriendo toda la plaza, sin ligar los muletazos, con un trasteo muy por debajo de la noble embestida del toro, que, sin ser un animal bravo, le sobraba nobleza para haberle cortado las dos orejas; pero era imprescindible haberlo toreado de otra manera, con otra forma de plantear la lidia, embraguetándose, nunca moviendo el engaño hacia fuera, despidiendo las arrancadas del cornúpeta hacia el tendido de enfrente. No nos gustó el estilo desplegado y desangelado de Campuzano con este toro. Lo mató de un bajonazo y dio una increíble vuelta al ruedo. No era faena de vuelta. Yo no le niego el pundonor a Tomás, pero este toro requería de otros modos, de unas hechuras que Campuzano no utilizó, conforme con esa situación que ha logrado en el escalafón, que por ahora le está resultando rentable. buscar el triunfo con el ahínco de otros tiempos, que, ¡ay! quedan lejanos. Acabó con el toro de media estocada entre la indiferencia general. En et mismo plan estuvo con su segundo enemigo, pegano trapazos sin orden ni concierto. No iba nada con él de lo que sucedía en et ruedo. Contempló la lidia en tos dos primeros tercios como un espectador más. Con la muleta no paró de poner el trapo rojo en la cara del astado, para que derrotara en él sin tener que llevar la embestida del bovino. No quiere arriesgar un alamar. Pasa, cómo dice la gente de ahora, det triunfo. Ya- hemos dicho que se da por satisfecho con lo que ha ganado. Con su pan se lo copa. Produce la impresión de que se ha reído de todos este pana que a lo peor un buen día se da cuenta de lo que pudo ser en esta profesión. Bajón Ño se acopló Lucio Sandín con su primero. Citó con la muleta a media altura, sin bajar la mano, haciendo como que quería, pero en et fondo no podía. Toda su labor con su primer toro, at margen de la larga cambiada de rodillas, careció de interés. El toro era soso, pero Sandín no se colocaba en los sitios donde se sacan los buenos muletazos, sino en ese lugar donde se dejan pasar los toros por delante sin molestarlos, sin someterlos. En este toro volvió a ser el Lucio Sandín de otros tiempos: garboso, detallista, pero sin profundidad. Yo reconozco los méritos de este torero, pero es imposible torear bien sin bajar la mano, sin llevar las embestidas en los vuelos de la flámula, con la torera pretensión del sometimiento del enemigo. Una cosa es torear y otra acompañar las arrancadas det burel. Con el sexto estuvo igual de monótono. El de José Luis Marca buscaba las tablas y Lucio andaba en el empeño de instrumentar pases sin color y con mucho calor, eso sí- -pero et de la tarde sevillana, no et del torero- que anduvo en plan de pegapases tan aburrido como su enemigo. La Maestranza le respetaba por otros recuerdos, muy tristes, que tiene de este torero. Pero yo sé bien que Lucio Sandín no espera de la afición lástimas ni conmiseraciones, sino aplausos calurosos, arrancados con un arte sin cuento. D Doble sesión hoy, también de mañana y tarde, erv ta Maestranza. Por! a mañana, con novillos de Juan Pedro Domecq, alternarán Jerezano, Litrí y Camino. Por la tarde, toros de El Torero, para Niño de la Capea, Ortega Cano y Víctor Mendes. Adiós Paco Ojeda se levó en primer lugar un toro de su suegro, José Luis Marca. El animal servía para la muleta, pero el de Sanlúcar de Barrameda anduvo sin ilusión, aburrido, monótono, rutinario, sin ideas, torpe y vulgar. Ha abandonado toda ambición, como decíamos más arriba. Daba pena contemplar a Ojeda instrumentando derechazos sin el menor interés. Volvía los brazos de una manera monocorde, sin