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2 mayo- 1987 ABC ííTcrarío Pensamiento y Ciencias Sociales ABC XIII La crítica marxisía de los derechos humanos Carlos Eymar, Kark Marx, crítico de los derechos humanos. Editorial Tecnos (Madrid, 1987) 197 páginas, 700 pesetas Una alternativa problemática David Howell, Blind Victory. A study ¡n Incomce, Wealth and Power, Hamish Hamilton (London, 1986) 191 páginas AVID Howell es un político conservador inglés con indudable curiosidad intelectual. Fue uno de los cinco autores del manifiesto electoral de 1977, actualmente miembro de los Comunes e integró el Gabinete de míster Thatcher entre 1979 y 1983. Es autor de dos libros polémicos sobre temas de actualidad The conservative Opportunity y Freedom and Capital El tema central que recorre este nuevo libro es claro y simple: el centralismo económico y político se bate en desordenada retirada al ser incapaz de dar respuestas satisfactorias a una sociedad cada vez más compleja y que ha incorporado pautas de comportamiento insospechadas una década atrás. Los cambios que han provocado este estado de cosas son básicamente dos. En primer lugar, la expansión de la microelectrónica y de los ordenadores personales ha producido una gran descentralización empresarial. Como consecuencia de este proceso se ha reducido el tamaño promedio de las empresas, revirtiendo dramáticamente la tendencia anterior a la concentración. Este es el proceso que Howell denomina de miniaturización En segundo término, y vinculado a lo anterior, han ocurrido cambios igualmente radicales en los mercados de trabajo, caracterizados por un creciente número de trabajadores independientes, de empleados part- time, o de quienes están ocupados en la economía sumergida Las viejas nociones de empleo y de salarios, básicas para la planificación keynesiana, resultan cada vez menos precisas para representar una realidad tan novedosa como cambiante. L A apelación a los derechos humanos se ha convertido en un lugar común tanto en el ámbito del discurso político como en el de la reflexión teórica sobre la realidad social. Puede decirse que funcionan como verdaderas creencias en el pensamiento jurídico y político actual, lo que impide que sean casi tan frecuentemente conculcados como invocados. D tiempos ¿Cuáles son? Howell insiste... en varias ocasiones, en que las respuestas del liberalismo económico son, aunque correctas, claramente insuficientes. No resultan demasiado claras las razones de esta conclusión y la ambigüedad resultante termina por afectar la alternativa propuesta por el autor. La liberación de los mercados debe ser acompañada por mecanismos de solidaridad y cooperación para que el proceso de cambio se lleve a cabo de forma pacífica e indolora. Howell sostiene en ocasiones, que los cambios deseables se están produciendo espontáneamente, a pesar de las trabas interpuestas por la planificación central. Si éste es el caso, lo único que haría falta es privatizar, desregular e introducir modificaciones en los derechos de propiedad que hagan más fluido y transparente el tránsito hacia el nuevo orden social. Pero esta problemática ha sido ampliamente discutida, especialmente en los EE UU por los partidarios de una economía de mercado irrestricta. Howell, cuyo fuerte no es la historia de las ideas, ignora esta literatura, con el cómodo recurso de crear un tipo ideal de economista liberal (ej. sus observaciones sobre Adam Smith y el modelo de hombre económico ¿Qué sucede si el mercado opta por soluciones que se alejan del mundo de pequeñas empresas, postulado por Howell? Es bueno recordar que el mercado no es un señor omnisciente que toma, decisiones, sino simplemente el punto de encuentro de una multitud de preferencias individuales. Si éstas divirgieran de las expectativas de Howell no habría otra manera de corregirlas que a través de intervenciones del Gobierno central. Algo de esto parece insinuarse en el tratamiento que el autor dedica a los actuales problemas de la agricultura británica. Pero esto indicaría que el proceso no es tan espontáneo como sugiere Howell, o que si lo es, no se desliza tan claramente hacia los objetivos por él establecidos. En estos temas cruciales la respuesta del autor es, en consecuencia, ambigua y en ocasiones contradictoria. La propuesta hubiera sido más útil si Howell se refiriera explícitamente a una transición hacia la liberación total de los mercados o si estuviera proponiendo una nueva retórica política más acorde con las expectativas de la opinión pública. Pero si éstas fueran sus intenciones, la reflexión política hubiera sido más apropiada que la endeble fundamentación teórica que nos ofrece Howell. La última observación apunta, paradójicamente, a las virtudes de Blind Victory. Se trata, fundamentalmente, de una descripción muy interesante de las virtudes y defectos del experimento conservador británico, realizada por uno de sus gestores y más activos participantes. Las inquietudes intelectuales, y su experiencia personal convierten a Howell en un testigo muy lúcido de este tipo de acontecimientos. No son suficientes, sin embargo, para fundamentar disquisiciones teóricas de temas tan complejos. Ezequiel GALLO Por otra parte, la importancia y la influencia actual del marxismo son difícilmente exagerables. Otra cosa es que esta influencia sea siempre beneficiosa. No puede, pues, carecer de interés el intento de contrastar ambas realidades, el marxismo y los derechos humanos. Frente a los intentos de adaptar, por decirlo suavemente, la teoría de Marx a las exigencias y postulados de la democracia parlamentaria y de la teoría de los derechos humanos hay que subrayar una vez más su incompatibilidad. Para decirlo brevemente, los derechos humanos poseen un carácter ideológico en el sentido peyorativo del término. Se trata de meras construcciones ideológico- políticas al servicio de la burguesía y son inútiles y estériles como mecanismos de transformación social. Pese a su aparente racionalidad, constituyen exigencias de tipo voluntarista o, si acaso, expresión de buenas intenciones o deseos de imposible realización. Tampoco puede extrañar ya que Marx rechaza el carácter normativo de la naturaleza, por lo que en ningún sentido puede hablarse de derechos naturales o innatos. Se trata de productos históricos que reflejan concretos intereses de clase. Ciertamente no puede negarse la valoración positiva de algunos derechos, fundamentalmente los de participación política, cuyo valor para la liberación del proletariado es reivindicado por Marx, lo que permite habjar de cierta ambigüedad en torno a ellos. Pero, en cualquier caso, la crítica es coherente con el materialismo histórico. Este es el propósito, el valor fundamental y las principales conclusiones del sugestivo libro de Carlos Eymar. A partir de un profundo conocimiento de las obras de Marx y en un lenguaje preciso, el autor va examinando la crítica de los derechos humanos en las obras de Marx, siguiendo el orden cronológico, y a continuación dedica un capítulo al concepto de ideología. El libro concluye con un resumen sistemático de la crítica. En la obra se echa en falta quizá una discusión crítica acerca del valor de la propia teoría marxista que podría poner de relieve, junto con otras deficiencias, su carácter de sistema cerrado en el sentido de Koestler, pero no cabe duda de que la interpretación y las conclusiones de Carlos Eymar son acertadas, por lo que constituye una obra fundamental en el ámbito de los estudios españoles sobre el marxismo. Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA Para Howell, todos estos cambios explican el derrumbe de una planificación central basada en la manipulación de grandes agregados macroeconómicos, incapaces de captar una realidad caracterizada por una gran dispersión del conocimiento y de la información. Hasta aquí la descripción concuerda con otros relatos contemporáneos. No resultan demasiado novedosas, tampoco, las atinadas reflexiones de Howell sobre las limitaciones de la alternativa monetarista, en tanto la misma descansa, aunque en menor medida, en la manipulación de resortes macroeconómicos. Para Howell, la rigidez de las posturas monetaristas pueden conducir a una victoria ciega sobre las fuerzas estatistas y centralistas. Para que esto no ocurra, el autor considera importante instrumentar políticas alternativas que faciliten los cambios que espontáneamente han surgido en los últimos