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SÁBADO 2- 5- 87 RELIGIÓN A B C 7 47 raza en la RFA y que agrupa a todas las comunidades, instituciones y organizaciones judías. La reunión se ha producido nada más beatificar a Edith Stein, que se considera aquí importante capítulo para que avancen aún más la reconciliación entre alemanes y judíos. En esta entrevista en el arzobispado, Juan Pablo II ha llamado la atención, hacia la necesidad de estar despiertos a nuevas formas del antisemitismo y el racismo que según el Papa, que ha optado por no precisar más, está teniendo lugar en diversos pueblos de Europa que sufren bajo un martirio. Juan Pablo II se pronunció ante el Consejo Central de los judíos, por apuesta conjunta de todos los seres humanos de buena voluntad para construir una renovada civilización en Europa basada en el amor Es preciso para ello- subrayó el Papa- un ojo atento, una valiente palabra y dar claro ejemplo frente a todas las nuevas formas de antisemitismo, racismo y persecución religiosa de nuevos paganismos Su Santidad valoró la existencia de las instituciones y organizaciones judías en tierra alemana, como prueba de que Dios no permite tener la ultima palabra a las potencias de la muerte Münster, ciudad de casi trescientos mil habitantes, con un 70 por 100 de confesión católica, recibió al Papa Wojtyla con gran entusiasmo. Miles y miles de personas en la plaza del palacio, que puede acoger hasta setenta mil y que estaba casi llena. Allí fue recibido por el obispo de la diócesis. Después Juan Pablo II se dirigió a la plaza de la catedral, en la que también se habían congregado varios miles de fieles. Como en anteriores oportunidades, el Papa mostró su preocupación por el aumento de los abortos y su satisfacción porque los alemanes, con su constante ayuda al Tercer Mundo, se hayan hecho merecedores del título de constructores de la paz y la justicia. Al anochecer, el Pontífice visitó la catedral de Münster y se detuvo a orar ante el sepulcro del cardenal von Galen, que está, digamos, en lista de espera de beatificación. Von Galen (1887- 1946) fue consagrado obispo de Münster en 1933. Los nazis acogieron con agrado esta designación, pues creían que el nuevo prelado iba a favorecer su ideología. Debido a esto enviaron a la ceremonia de su consagración varias formaciones de las SA con cruces gamadas en sus estandartes. Von Galen, que estaba políticamente a la derecha del Episcopado alemán, no se dejó engañar y en su primera carta pascual, en 1934, criticó duramente al nuevo paganismo nazi y la deificación de la raza aria que éstos propugnaban. En el otoño de 1936 se opuso con éxito a un edicto del Gobierno de Hitler en el que se ordenaba eliminar de las escuelas alemanas los símbolos religiosos. En 1941 protestó con dureza por los asesinatos de enfermos mentales que llevaba a cabo el régimen nazi, lo que le valió la designación popular de el león de Münster Poco después, en una de sus cartas pastorales, ponía sobre aviso al pueblo y decía que ni siquiera el más fiel de los ciudadanos podía estar seguro de que un día no irían a sacarle por la fuerza de su casa, a privarle de su libertad y encerrarle en un calabozoo en el campo de concentración de la Gestapo Nombrado cardenal por Pío XII en 1945, falleció el 22 de marzo de 1946 después de una dolorosa enfermedad. Dios no permite quelas potencias de la muerte tengan la última palabra El Papa se entrevistó con el Consejo Central Judío Münster. Carlos Bribián Puma ha necesitado de sesenta minutos justos para su salto desde la renana Colonia a la tarhbién antigua ciudad westfálica de Münster, obispado desde el año 805. Puma es el helicóptero que han puesto a la disposición del Papa las fuerzas paramilitares Bundes- grenzschutz o fuerzas federales de protección de fronteras, para que se desplace de una ciudad a otra durante la actual visita que el Pontífice está realizando. Menos mal, para los informadores que, en- des de la primera y segunda crónica de hoy. tre el final de la santa misa en Colonia y la Parte de este tiempo, casi una hora, lo ha dellegada de Juan Pablo II a Münster, ha existi- dicado el Papa Wojtyla para llevar a cabo, en ei arzobispado de Colonia, un importante endo un paréntesis de algo más de cuatro hocuentro con el Consejo Central Judío, princiras, tiempo suficiente para cubrir por autopista los 180 kilómetros que separan las ciuda- pal organización de los miembros de esta Rupert Mayer: Un indomable luchador contra la locura nazi En el estadio olímpico de Munich el Papa Juan Pablo II va a beatificar mañana al padre jesuíta Rupert Mayer, apóstol de la capital bávara. Aquel hombre fue un gran religioso, predicador excepcional y héroe de la resistencia anti- nazi. Su vida y su muerte fueron para Dios y para los demás, sin reserva alguna. Rupert Mayer nació en Stuttgart (1876) Tras sus estudios medios hizo Ejercicios Espirituales y decidió ser jesuíta. Ante la oposición paterna, se ordena primero sacerdote secular en 1899 y, al año siguiente, entra en la Compañía de Jesús. Tras breve formación jesuítica y varios años como misionero en Austria y Suiza, es destinado a Munich, para trabajar con obreros y emigrantes. Al estallar la guerra europea (1914) se presenta voluntario para capellán militar. Actúa en el frente del oeste y es condecorado con la Cruz de Hierro. En diciembre de 1914, en el frente de los Cárpatos, un obús le arranca el pie izquierdo. La amputación de la pierna le salva de la gangrena. En adelante su cojera será evidente. En 1917 regresa a Munich y continúa el apostolado. Son tiempos de revolución e ideologías. El padre Mayer se sitúa decididamente, primero ante el comunismo y poco después ante el nacionalsocialismo. Su palabra es inequívoca, lo mismo que todas sus actuaciones, a veces incluso en asambleas públicas. Una vez están a punto de lincharle al afirmar: Un cristiano no puede ser nazi Los fanáticos del partido no lo olvidarán. Con la subida al poder de Hitler (1933) la relación del Estado con la Iglesia se hace difícil. Mucho más cuando, en 1937, Pío XI escribe su encíclica contra el racismo. Pronto Rupert Mayer es detenido dos veces por la Gestapo. Se le acusa de mezclar en la predicación fe y política. Las condenas son leves. Así, queda en libertad provisional (1937) y es amnistiado políticamente (1938) cuando Hitler anexiona Austria al III Reich. -La situación se hace más crítica con ¡a guerra mundial en 1939. Por tercera vez es detenido aquel mismo año, so pretexto de hablar en el confesionario contra el Partido único. El jesuíta no se defiende durante el proceso, para proteger el secreto sagrado, aunque no se trate propiamente de sigilo sacramental. Esta vez es conducido al campo de concentración de Sachsenhausen (Berlín) Con setenta años de edad su salud se quiebra. Adelgaza tanto que no puede usar la pierna artificial. Finalmente, gracias a las intervenciones del cardenal Faulhaber y del provincial de su Orden, es liberado bajo condición de eclipsarse de la. vida pública. Se le interna en el monasterio benedictino de Ettal (Baviera) Allí reside desde 1940 hasta el final de la guerra. Aquel cuatrienio le representa la etapa más dura de su vida. Cree que la Iglesia ha claudicado por salvarle y eso le amarga hasta su maritirio. Con todo, obedece. En 1945 Rupert Mayer regresa a Munich y participa, ya por poco tiempo, en la reconstrucción material y moral de su querida ciudad. Su prestigio es inmenso. Se le considera confesor y mártir. Es algo que no puede afirmarse así de muchos eclesiásticos alemanes de entonces. El 1 de noviembre, durante la misa de la fiesta de todos los santos, en su iglesia de San Miguel, al predicar la homilía, el padre Mayer tiene un fulminante ataque cerebral. Y a media voz, sus últimas palabras son: El Señor, el Señor, el Señor Con todo, se queda en pie sin desplomarse. La gente de Munich sabe ver en aquella muerte un símbolo de resistencia ante la injusticia y de una inquebrantable fidelidad a Dios. Mañana Juan Pablo II declarará oficialmente que el padre Rupert Mayer es un ejemplo vivo para todos los cristianos, en una época arriesgada y difícil. Se cumple, otra vez, la palabra de Jesús que afirma que, cuando el grano de trigo muere, da mucho fruto. Manuel ALCALÁ