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ABC, pág. 46- RELIGION -SÁBADO 2- 5- 87 hermana carnal Rosa por comandos de las SS, que las deportaron al campo de exterminio de Auschwitz, donde murió el 9 de agosto de 1942. Desde ayer, la vieja y católica ciudad de Colonia, fundada por los romanos, tiene una piedra preciosa más en su corona de santos y beatificados, doce exactamente desde santa Úrsula hasta sor Teresa Benedicta de la Cruz, pasando por Severino, Cuniberto y San Alberto Magno. Por todo ello y pese a la intolerancia que se narra al principio de la crónica, Colonia se rindió ayer a Carol Wojtyla. Ochenta mil personas le esperaron en el Muengersdorfer Stadion muchos miles más estaban por las calles y plazas hasta llegar al recinto deportivo o en las zonas que rodean a la Maternus Haus que Juan Pablo II recorrió en papamóvil Juan Pablo II beatificó a Edith Stein, víctima del odio nazi contra los judíos Incendiada una iglesia católica para protestar contra el Papa Colonia. Carlos Bribián En un encuentr 9 con los periodistas, Juan Pablo II subrayó que era consciente de que esta visita pastoral suya a Alemania despierta un interés mucho más controvertido que la que hice en 1980 No hay duda alguna. Dan la razón al Papa algunos céntricos templos de Colonia que amanecieron ayer embadurnados con groseras pintadas y el incendio intencionado de una iglesia en la localidad donde ha beatificado a Edith Stein. La bestia de la intolerancia parece seguir suelta en este país. Actitudes que, por otra parte, no impiden que la presencia de Carol Wojtyla en la RFA haya comenzado a ser un éxito. Así lo evidencia el hecho de que más de ochenta mil personas se diesen cita ayer por la mañana en el Muengersdorfer Stadion para asistir a la santa misa que celebraba el Papa y que tuvo por prólogo ia beatificación de la religiosa carmelita Teresa Benedicta de la Cruz, nacida Edith Stein. Antes, muy de mañana, el Papa se trasladó a Bonn en helicóptero, para entrevistarse en la residencia presidencial Villa Hammerschmidt con Richard von Weizsaecker, presidente de! a RFA, con quien departió durante tres cuartos de hora principalmente sobre la relación entre Este y Oeste y sobre el diálogo ecuménico. Una explosión de júbilo atronó el Muengersdorfer Stadíon al comparecer el Santo Padre, camino del altar. Impresionante silencio luego, cuando el cardenal Hoeffner, arzobispo de Colonia, pidió al Papa la beatificación de la hermana Teresa Benedicta de la Cruz- e n el mundo Edith Stein- permitiendo así su pública veneración en las iglesias. La beatificación tuvo lugar enseguida, con una breve alocución del Papa, en la que subrayó que unida al Señor Crucificado dio su vida por la verdadera paz y por el pueblo: Edith Stein, judía, filósofa, monja y mártir. Murió en el campo de exterminio como hija de Israel para exaltar el Santísimo nombre de Dios, y a su vez murió como sor Teresa Benedicta de la Cruz, bendecida por la cruz redentora de Cristo Su fiesta se celebrará, de ahora en adelante, el 9 de agosto, fecha de 1942 en que fue asesinada por los nazis en las cámaras de gas del campo de concentración de Auschwitz. Después y durante la celebración de la santa misa, Juan Pablo II leyó una larga homilía dedicada toda ella a ia hermana Teresa Benedicta de la Cruz. El proceso de beatificación de sor Teresa Benedicta de la Cruz fue iniciado en 1962 por el entonces arzobispo de Colonia, cardenal Frings. La documentación acumulada en la diócesis y enviada posteriormente al Vaticano consta de 2.660 folios. Cuentan algunos de ellos cómo en pleno régimen nacionalsocialista, las carmelitas fueron convocadas a votar en su mismo convento pues las urnas eran llevadas a ellos en el caso de las Ordenes de clausura. Al comprobarse que una de las religiosas no había votado, la superiora tuvo que explicar que no tenía derecho a ello, por no ser, la hermana Teresa Benedicta de la Cruz, de raza aria. A partir de este momento fue evidente que la religiosa estaba en grave peligro, de ahí que solicitara y se le concediese, traslado al convento de la Orden que había en ¡a holandesa localidad de Echt. Allí, y como medida de represalia por la protesta del episcopado holandés contra la persecución que sufrían los judíos, fue detenida junto a su Ediih Steiu: El camino de lacruz recorrido por una carmelita judia Julio de 1916, catedral católica de Francfort. En el interior del templo vacío hay dos mujeres. Una reza de rodillas y en silencio; es una verdulera. La otra, de pie, contempla asombrada la oración de esa sencilla campesina; es Edith Stein, judía, discípula predilecta del gran filósofo alemán Husserl, que va a Freiburg a encontrarse con el maestro para examinarse de su tesis doctoral. Stein ha visto muchas veces a gente rezando en las sinagogas e iglesias luteranas, pero siempre ha sido durante los oficios, nunca a solas. Queda impresionada. Esa mujer del pueblo, con su cesto de verduras, tiene algo que ella anhela: paz. Desde 1911 la genial muchacha busca sin saber qué. Nacida en Breslau en 1891, en una rica familia de comerciantes en maderas, tiene en su madre un ejemplo de mujer fuerte y religiosa. Sin embargo, la experiencia familiar no le atrae. Quiere ser independiente y abrirse camino en la vida al margen de los estereotipos preparados para las mujeres. Por eso se decide a estudiar en la Universidad. Sometida a frecuentes depresiones, escribirá después refiriéndose a esos años: Era incapaz de ir por la calle sin desear que un coche me atrepellase y me matase. Así era la mujer que ayer fue beatificada por Juan Pablo II en Colonia. Un alma inquieta, una buceadora del interior del fenómeno psicológico para detectar en él una chispa de la verdad, una persona ge. nerosa que mereció la medalla de la Cruz Roja por su dedicación voluntaria en un hospital de enfermos de tifus durante la primera guerra mundial, alguien grande, en definitiva, que necesitaba encontrar un ideal por el que mereciera la pena vivir. Estamos en el mundo para servir a la Humanidad dijo a los suyos cuando abandonó sú hogar para iniciar su carrera filosófica. Ven, vamos al holocausto por nuestro pueblo dijo a su hermana Rosa cuando ambas fueron arrestadas por los nazis para ser conducidas al campo de concentración de Auschwitz, donde morirían. Entre estas dos frases está la historia de la vida de Edith Stein, sor Teresa Benedicta de la Cruz, como se llamaba en el Carmelo. Las dos contienen la misma idea: es imposible vivir sin amar. Si la primera frase está dicha sólo desde la enorme generosidad humana de la joven hebrea agnóstica, la segunda está cargada del convencimiento de que Cristo ha muerto para redimir a todos los hombres y es pronunciada por la misma persona que, treinta años después, se ha convertido en una carmelita de clausura querida y venerada por todos como un modelo de entrega y de unión con Dios. Entre esos dos momentos de la vida de Edith Stein ocurren, sin embargo, muchas cosas: brillante carrera universitaria, ayudante de Husserl, profesora en Breslau- su ciudad natal- lectora sorprendida y apasionada de Santa Teresa de Jesús, bautismo católico, maestra durante ocho años en el colegio de dominicas de Speyer, escritora afamada, conferenciante, carmelita por fin en 1935 en Colonia y emigrante forzada al carmelo holandés de Echt en 1938, de donde sería sacada en 1942 para ser conducida a las cámaras de gas. Es la historia de una vida que va en busca de sú sentido y que por fin lo ha encontrado a la sombra de Cristo. No soy más que un instrumento del Señor- dirá poco después de bautizarse en 1922- deseo conducir hacia él a todos los que vengan a mí. Ayer, Juan Pablo II hizo, al beatificar a Edith Stein, mucho más que reconocer el martirio de una hija católica del pueblo judío víctima de los nazis. Stein es, además de mártir, un ejemplo para todos los hombres de nuestra época que buscan con apasionamiento la verdad; su corazón inquieto, como el de San Agustín y el de Santa Teresa, sólo descansó cuando se encontró con Dios. Santiago MARTIN