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SÁBADO 2- 5- 87- CULTURA -ABC, pág. 41 Chillida: Un electricista dyo de mi obra: Es como la música, pero con hierro El escultor vasco, premio Príncipe de Asturias de las Artes i Madrid. Pedro Corral El escultor Eduardo Chillida se encontraba ayer en Madrid decidido a disfrutar de un día relajado y tranquilo con motivo de la festividad del Trabajo. Después de pasar la mañana visitando algunas exposiciones y de vuelta al hogar, conoció por ABC que le había sido concedido el premio Príncipe de Asturias de las Artes. No sabía nada, ni siquiera ca, pero con hierro Casualmenque había sido nominado, tamte, yo estaba realizando escultupoco que el premio se fuera a ras- como Ecos o La música fallar estos días. Incluso he creícallada -que tenían que ver do por un momento que me con la transcripción del tiempo daba la noticia de que había sido musical al espacio de la escultuelegido, como en otra ocasión, ra. No hace falta saber de arte para formar parte del jurado de para sentir una obra. este premio. La verdad es que No faltó en la conversación ahora, con todo el trabajo que una referencia a El peine de los tengo, vivo un poco despistado. vientos quizá la escultura más Estas eran las primeras palabras popular del artista vasco, situada de Chillida nada más recibir la en el paseo que bordea, bajo el noticia, recién había cruzado la monte Igueldo, la bahía de La verja del soleado jardín de la Concha, en su San Sebastián casa de su yerno y de su hija natal. Es mi obra más conseGuiomar, en la que se hallaba guida en cuanto a la armonía del hospedado ayer junto con Pilar Benzunce, su mujer. La inicial sorpresa se transformaría en alegría tras la llamada telefónica de Antonio Pedrol Rius, por la que conoció la composición del jurado que le había otorgado el galardón, con ei magistrado como presidente. Después tuvo ocasión de hablar con algunos de sus integrantes, entre ellos el pintor Antonio López. Es una alegría- señalaba luego Chillida a ABC- ver que a un jurado de esa envergadura, con gente tan diversa, le ha interesado mi obra. Es una gran suerte. Bajo un toldo desplegado en el jardín, a la entrada de la casa, y en compañía de su mujer y de su hija, el artista recordó sus comienzos como escultor, a los veinticuatro años: Aunque me interesaron en un principio todas las artes, la escultura me atrajo instintivamente. Lo que no sabía es que me fuera a atraer para siempre. Mi primera exposición, que realicé precisamente en Madrid, no tuvo ningún tipo de resonancia y apenas dio lugar a un par de críticas benévolas. Sobre las posibles interpretaciones a que da lugar su obra, Eduardo Chillida contó la anécdota de un electricista que fue a hacer una reparación a su estudio donostiarra: El hombre, que estaba subido a una escalera, no paraba de mirar las esculturas que yo tenía en el estudio, pero no decía nada. Yo le observaba preguntándome qué podría estar pensando. Al final, cuando terminó su trabajo, me dijo: Ah, ya entiendo. Esto es como la músiconjunto escultura- paisaje. Sobre ella y sobre su emplazamiento, lugar que descubrí cuando era niño, hice las primeras versiones en 1952. Es una interrogación al horizonte, a lo desconocido. Chillida reconoció que sus obras se deben más al trabajo que a la inspiración. He aprendido de todos los escultores de la humanidad: de los buenos lo que hay que hacer, y de los malos lo que no. Entre sus últimas creaciones está el monumento a Guemica, que se instaló en esta localidad vizcaína hace pocos días. Hoy mismo asistirá en Barcelona a la inauguración de su escultura El elogio del agua Actualmente trabaja en el monumento que se erigirá en Toledo al doctor Gregorio Marañón. La dinámica ligereza del hormigón y el hierro Madrid. José Manuel Costa Según sus propias palabras, la evolución escultórica de Eduardo Chillida ha estado marcada a lo largo del tiempo por la rebelión, y él señala hacia la arquitectura como elemento capaz de tensar esa rebeldía. Tal vez esa lucha, ese rebasar constantemente los límites de las teoría y medidas constructivas, es lo que ha dotado a su trabajo de una importancia reconocida tan unánimemente como la concesión del premio Príncipe de Asturias. Sólo en la tensión se hace posible la equívoca ligereza que producen obras tan tremendas como La sirena varada o las Modulaciones del espacio, de los años sesenta. Una ligereza que no se resuelve, como en los casos de David Smith, el último González o el primer Caro, en una pérdida de sustancia ni en una explicación matemática (salvemos a Julio González de la trigonometría) El milagro de Chillida es situarse en el espíritu de materiales tan rotundos como el hormigón o el acero para lograr que, sin dejar de ser ellos mismos, se liberen de su propia pesantez. Octavio Paz lo explicaba muy bien: Forma es equilibrio, convergencia entre fuerzas e impulsos antagónicos. Pacto de los gemelos enemigos; ante nosotros brota una forma suspendida de un espacio magnético entre gravitación y levitación. Otra característica importante es su acusado aire de artesano frente al industrial de ingleses y americanos, con quienes intelectualmente podía estar muy de acuerdo. Ante ojos extranjeros, sus relaciones espirituales con Tapies son evidentes. Posiblemente se trate de la misma fuerza telúrica, ese pertenecer a una tierra que en el caso de Chillida alcanza una expresión bellísima El peine del viento, a un extremo de la Concha donostiarra. Sin embargo, Chillida no tiene nada de fuerza bruta. Su diseño en 1969 para un libro de Heidegger y su extensa relación con el filósofo van mucho más lejos. Como también decía Octavio Paz, parece situarse en un terreno precientífico, pero no irreflexivo La magia de Chillida es la del mismo arte: resumir en un objeto la inteligencia y la sensibilidad. Y ésa es una magia capaz de levantar montañas. Espiritualidad y fuerza telúrica Chillida, escultor vasco, creador de una obra de vator universal en fa que se conjuntan la fuerza telúrica y la espiritualidad según dice textualmente el acta. El Jurado, presidido por Antonio Pedrol Rius, estaba compuesto por Oriol Bohigas, Francisco Carantoña, Edmon Colomer, Manuel Martín Ferrand, Luis Gómez Acebo, Manuel Gutiérrez Aragón, Antonio López, Adolfo Marsillach, Pilar Miró, Luis de Pablo, Eleuterio Población, Ignacio Quintana, Joan Manuel Serrat, Manuel Vicent, y José Luis Yuste, como secretario. La próxima semana se concederá el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Iberoamericana, que hace el número siete de los que se otorgan. Oviedo. Faustino F. Alvarez Eduardo Chillida fue galardonado ayer, en Oviedo, con el premio Príncipe de Asturias de las Artes, a cuya fase final había llegado al lado de otros dos artistas plásticos: Antonio Tapies y el pintor chileno, residente en París, Roberto Matta. En la reunión de ayer algunos miembros del Jurado sugirieron la revisión de lo acordado al final de la jornada anterior, y se propusieron nuevos nombres, como el de la cantante Concha Piquer y el arquitecto Javier Sainz de Oiza. Debido a esta circunstancia, el fallo del Jurado se demoró más de una hora sobre el horario previsto, que eran las doce y cuarto de la mañana. El premio fue otorgado por mayoría a Eduardo LA CONDICIÓN HUMANA Donde se echa más de ver que la condición humana (si acaso existe) es miseria y flato y flecos de flema fétida y colgajos de baba fríos es en lo de que el célebre, llegado, sin embargo, ya al culmen de la celebridad, repleto de honores y de fama ahito e incluso nonagenario, mantiene el tipo suyo- vale decir, nuestra común vanidad- y busca más y más lauros y sonajeros y, sobre todo- sobre todo, O lago, the pity of it- está dispuesto a sacrificarlo todo, a sacrificar hasta su deber moral- y la eficacia social del mismo- su deber moral, digo, de dar testimonio contra la injusticia o las bajezas que advierte en los dadores de premios posibles y organizadores de funerales grandiosos con tal de no malograr su entierro (y eso que él no lo verá) Podría dar nombres y citar casos que he presenciado, pero lio me da la gana. Julio CERÓN Son como nosotros, en peor.