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ABC, pág. 40 TRIBUNA ABIERTA -SÁBADO 2- 5- 87 A droga ha tenido siempre dos caminos normales de uso: la experiencia psíquica o religiosa y la farmacopea, destinada a calmar los dolores. La primera buscaba una visión totalizadora y en buena medida sacral del orbe y podía dar pie a nuevas teorías de la visión, transmutables en arte. Así, desde los pueblos primitivos, que la utilizaban (especialmente los alucinógenos) para su contacto más absoluto con lo sagrado, hasta los artistas románticos, que creyeron ver en su uso una manera de inducción a la experiencia creadora- abrir los ojos de la mente, las puertas de la percepción- la droga ha desempeñado en nuestra sociedad (e insisto, más allá de la farmacia) una función sagrada. Tal ha ocurrido desde que artistas como Coleridge escribieron sobre su utilización en la poesía hasta exploradores contemporáneos como Aldous Huxley- -nada sospechoso de ¡rracionalismo personal- o Henri Michaux. Coleridge mismo narró su experiencia ocurrida en 1797. Retirado a una casa de campo, había tomado una dosis de láudano- u n preparado del opio- para calmar sus dolores nerviosos. Y tras hacerlo se quedó dormido leyendo un libro que hablaba del Khan de los tártaros y del espléndido palacio que había hecho construir... Entonces, en sueños, fue viendo un poema cuyas imágenes manaban en él sin ninguna conciencia de esfuerzo. Al despertarse- unas tres horas después- tiene perfectamente claro el poema visionado y se pone a escribirlo, pero la. llegada de un amigo le interrumpe, y cuando intenta proseguir no puede. Kubla Khan queda así definitivamente incompleto. Se trata de 54 versos de rara musicalidad, llenos de imágenes y metáforas. Describe un palacio que en Xanadú hizo construir Kubla Khan, y en él hay fuentes que manan de repente, cavernas, mares que aparecen dentro de otros mares y bosques con brillo de arroyos. Después narra la visión de una muchacha de Abisinia que pulsaba el salterio con tal maestría y belleza que (piensa quien escribe) si lograra revivir su imagen L LOS SENDEROS DE LA DROGA mente, nadie confunde a un degustador de vinos, a un aficionado a las buenas añadas, Por Luis Antonio de VILLENA con un borrachín callejero. El problema del alcohol o del tabaco está en su abuso, e Alzaría en el aire aquella cúpula, igual ocurre con esas llamadas drogas blanla cúpula del sol y las cuevas de hielo. das. Un porcentaje muy alto de jóvenes espaY cuantos me escucharon las verían ñoles ha probado alguna vez el hachís o la y todos clamarían: ¡Deteneos! marihuana y nada les ha sucedido. ¿Dónde ¡Ved sus ojos de llama y su cabello loco! está, pues, lo problemático? En el sentido Tres círculos trazad en tomo suyo que cada cual debe dar a su vida. Quien tiey los ojos cerrad con miedo sacro, ne ilusiones, quien sabe hacerse un proyecto pues se nutrió con néctar de las flores vital, no tiene ningún riesgo al tener una tarde y la leche probó del paraíso. ¿Qué tiene que ver lo hasta aquí dicho con entre los dedos un vaso de güisqui: sabe que el hoy tan comentado problema de fa droga? no por ello va a hacerse alcohólico. Pero Aparentemente nada, porque la droga hoy se quien naufraga, quien no tiene un terreno sóconsume sin aquella conciencia de sacrali- lido en el que asentar esa vida, quien siente dad, la droga hoy se ha vuelto profana. Las que el mundo se le cierra sin salidas, a ése altas capas sociales, a principios de- siglo. -y el trago dé alcohol se le puede convertir en de ahí hasta ahora- comenzaron a probar la botella, y una experiencia con la droga blandroga como una manera del entretenimiento, da puede arrastrarle a una cuesta abajó de del placer, o simplemente del morbo. Y el galvana y de tedio... Y de ahí surge el verdaproblema que se debate hoy- o más exacta- dero problema hodierno de las drogas -que mente, el que debiera debatirse- radica en naturalmente existe más allá del quehacer saber hasta qué punto es tolerable el uso de policial- y es que hoy la droga anda una teruna droga desacralizada, para lo cual es po- cera vía- para muchos- que no está en la sible que sí tenga sentido la distinción entre sacralidad que busca un todo ni en el entretenimiento profano que busca- moderadamendrogas duras o blandas. Quizá el tema de la droga sacral ha con- te- una cierta euforia. La droga- especialmente la dura- se ha convertido en un camicluido con libros como El almuerzo desnudo, de William Burroughs, magnífico experimento no de desesperanza. Las jeringuillas tiradas literario sobre el anonadamiento a que lleva en un descampado lumpen ¿qué tienen que la adición dura. A nadie se le ocurre hoy pro- ver con Coleridge, con Huxley, con Michaux o incluso con Ginsberg? Ciertamente nada, o poner ningún uso de la heroína, pues se trata poco. Son un grito. La señal de que algo- l o sabemos bien- de una droga suicida. La marcha mal. La marca de que nuestra- sociemayoría de los que ahora la utilizan (en buedad tiene algún nivel- o varios- que no funna medida por desesperación íntima) saben ciona. La droga como desesperanza no lleva que van hacia un viaje sin retorno. Pero es a ninguna parte, en no diferente modo al albastante cierto que la no perfecta naturaleza cohol, que como desesperanza lleva al delidel ser humano parece necesitar, en ocasiones, estimulantes que completen lo que nos rium tremens... falta de euforia o de ascensión. No otro papel ¿Tiene la culpa lo profano excesivo? ¿Tiecumplen entre. nosotros los tan denostados ne la culpa la incultura; la falta de una visión alcohol o tabaco. ¿Son radicalmente malas del mundo? En cualquier caso me parecía las drogas blandas, o el problema que las enimportante decir que este real problema de vuelve- además de la suciedad clandestina hoy es mucho más complejo- -en su realidad del narcotráfico- es, como casi todo, un proy. en sus raíces- que la simple persecución blema de educación en su uso? Evidentedel vicio. Nada de esto es so préndente en un mundo como el nuestro, en el que reina el desbaPor Mercedes BALLESTEROS rajuste, en el que todo aquello que a la gente tógrafo, ya puede prepararse a soltar los cabal solía avergonzarla, en muchos casos cuartos. Nada de despélote gratis. enorgullece. El mercado del despelote está supérabasLas prostitutas celebran sus congresos o tecido. Son muchas las dispuestas a lucir sus cosa parecida en respetables entidades de encantos (o sus miserias, que también las prestigio internacional; los gays alardean hay) mediante estipendio. Y si no hay contra- de serlo, las adúlteras se pavonean de sus to en regla, ahí es donde aparece el pudor adulterios y, lo que es peor, los asesinos se ofendido y se reclama- ¡cómo no! -dinero. vanaglorian de sus crímenes. El escribir unas memorias o confidencias Antes, los delincuentes trataban de zafarse aireando los propios trapos sucios es otro buen negocio que podría figurar en un apar- de la Justicia proclamándose inocentes, bustado que llamaríamos el precio del desho- cando una coartada. Hoy no. El criminal reivindica su crimen, no vayan a creerse que nor fue otro el autor de sus fechorías, ¡faltaría más! Ú LTIMAMENTE crece la costumbre de reclamar dinero para lavar afrentas. Cuando tal o cual persona se considera ofendida en su honor pasa una factura correspondiente a su cachet Los hay que consideran que su honor vale cincuenta millones (IVA incluido) También hay otros que defienden un honor más barato e, incluso, los hay a precio de rebajas. No se exige tan perentoriamente que se rectifique lo dicho, que al que llamaron más o menos veladamente estafador o sinvergüenza le aclaren que no hubo intención difamatoria y pidan disculpas. Eso es lo de menos. Ahí lo que interesa es que aflojen los millones, aunque io de sinvergüenza quede en pie. También hay precios para el pudor. Estas tarifas son, generalmente, aplicadas por las señoritas. Si a alguna le da por pasearse por el mundo con el trasero a! aire porque así se siente realizada, eso va a misa. (Bueno, a misa todavía no) pero como haya allí un fo- LA TARIFA ¿NECESITA CLASES B RTKXJLARES? La Sección de Anuncios por Palabras de se lo resuelve En un mundo así no es extraño que e! honor se cotice en metálico. Antes, las manchas del honor se lavaban con sangre, que es más arriesgado, pero también más barato.