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MARTES 28- 4- 87- CULTURA -ABC pág. 53 Buero Vallejo destacó la trascendencia universal del mito quijotesco al recibir el premio Cervantes Un acto emotivo al que asistió la plana Javier Solana: Buero inició en la mayor de la cultura española posguerra el nuevo teatro español Sus Majestades los Reyes presidieron la entrega del galardón El rigor del académico, la precisión del estudioso, la entrega del hombre que ha hecho de la literatura vehículo de las inquietudes y esperanzas de la condición humana, fueron los aditivos del discurso que pronunció ayer, en la Universidad Complutense de Alcalá de Henares, Antonio Buero Vallejo, que recibió el premio El autor de Historia de una escalera- l a obra que allá en 1949 determinó de una vez y para siempre su futuro- goza fama de carácter comedido: pocas palabras y sonrisas escasas. A veces, las reputaciones se tejen con hilos imaginarios. Había que ver ayer a Buero, a su llegada a la Universidad, en diálogo abierto con los niños que lo cercaban pidiéndole autógrafos, o luciendo la capa de tuno que los estudiantes le colocaban. A la hora de subir a la tribuna fue el orador perfecto. Quizá las muchas horas pasadas próximo a los escenarios donde han cobrado vida sus obras le han concedido no ya el don del tono adecuado, sino la mímica, e! ademán que las palabras exigen. El fondo del discurso era hermoso; la forma decía, también, bien a las claras que quien lo pronunciaba se había recreado al escribirlo y, por lo tanto, al entregárselo a los demás lo hacía convencido de su planteamiento. El acto, que el Rey calificó en su discurso como de gratísimo para la Corona tuvo la solemnidad, sin vanos artificios, que la ceremonia requería. Pero no faltaron los momentos entrañables, como las cariñosas palabras de Don Juan Carlos al entregarle al dramaturgo el título y la medalla y pedirle disculpas campechanamente por no hacerlo en el orMadrid. Trinidad de León- Sotelo Cervantes en un acto presidido por Sus Majestades los Reyes. Buero, que es el duodécimo escritor que obtiene el galardón, es, sin embargo, el primer autor teatral que lo recibe. El Cervantes que es el galardón más Importante de las Letras españolas, cuenta con una dotación económica de diez millones de pesetas. den establecido en el programa. En su discurso, el ministro de Cultura, Javier Solana, al mencionar los méritos de! autor galardonado, señaló como primero entre ellos el de haber iniciado en plena posguerra el nuevo teatro español, ciertamente enraizado en nuestro pasado teatral. Lo arrancó de la evasión y el escapismo- d i j o- y llevó a los escenarios la angustia, el realismo existencial, un costumbrismo enaltecido y simbólico. Enfrentó ai público teatral consigo mismo y con zonas de la realidad que habían sido cuidadosamente marginadas de los planteamientos teatrales Al acto, que terminó con la interpretación por la Coral Universitaria del Gaudeamus Igttur asistieron, entre otras personalidades, Dámaso Alonso, Rosa Chacel, Gonzalo Torrente Ballester, Luis Rosales, Francisco Ayala, Pedro Laín Entralgo, Luis Yáñez, Amador Schüller, Antonio Mingóte, José García Nieto, Fótíx Grande, Elena Arnedo, Fernando Fernán Gómez, Pilar Miró, José Luis Castillo- Puche, Vicente Soto, Antonio Gala, Alonso Zamora Vicente y el director de ABC, Luis María Anson. A continuación ofrecemos una síntesis del discurso de Su Majestad el Rey que cerró el brillante acto celebrado en el Paraninfo de la antigua Universidad. Don Juan Carlos: La comedia y los comediantes, espejo de la vida Hace ya once años que venimos reuniéndonos en este paraninfo de la antigua Universidad de Alcalá de Henares para celebrar la entrega del premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes. A lo largo de todas estas convocatorias ha quedado patente el vigor y la importancia de la creación literaria que, a uno y otro lado del océano, ha proyectado la filiación hispánica de sus raíces culturales por el mundo. Es este acto, gratísimo para la Corona, un hecho de fraternidad entre las comunidades que tenemos al castellano como la mayor riqueza común. Este año, y después de premiar en su ya larga trayectoria a insignes poetas, ensayistas y novelistas, el galardón ha recaído por vez primera en un dramaturgo, y este hecho constituye un motivo suplementario de alegría. Exponente de una tradición que se remonta a la Edad Media y que ha aportado al teatro universal algunos de sus más conspicuos temas y arquetipos, don Antonio Buero Vallejo es, también, el heredero de un modo muy hispánico de entender el hecho teatral desde la conciencia de la sociedad que lo produce. No otra cosa hacían los mejores dramaturgos de nuestro Siglo de Oro al conseguir que nuestro pueblo- e n España y en Américaabarrotara los Corrales donde se encarnaban las Husiones y los p r o b l e m a s q u e le nían, zr. concer En este sentido, y desde Historia de una escalera a Lázaro en el laberinto la obra entera de Buero Vallejo es, como quería el propio don Miguel de Cervantes, espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres e imagen de la verdad Y es esa exigencia de verdad, sostenida con dignidad y a contracorriente a través de tiempos difíciles, lo que ha hecho que la obra de Buero trascienda las propias circunstancias concretas en que surgió y se proyecte en un mensaje de alcance universal. Desde aquel insólito realismo de sus primeras obras que reflejaba el aquí y el ahora de la España que ie tocó vivir, el autor hoy galardonado ha expresado la existencia española de las últimas décadas restituyendo a nuestro teatro un sentido trágico en el que se formulan los grandes interrogantes que se plantea la Humanidad. Se trata, sin duda, de un teatro de preguntas y de ideas en el que los problemas, sin embargo, no remiten a abstracciones, sino a los hombres concretos, a la colectividad. Ya sea cuando toma como pretexto la vida de cada día con sus grandezas o sus miserias, o cuando se inspira en personajes y momentos de nuestra historia, el teatro de Buero ha partido siempre de una concepción totalizadora y humanista del hombre y de la sociedad que le emparenta con los grandes maestros de la dramaturgia de todos los tiempos. Seriedad y dignidad son algunos de los sustantivos más empleados a la hora de abordar la definición de esta obra diversa en la que la lucidez no ha estado reñida con la esperanza en que el hombre, los hombres, puedan, finalmente, alcanzar la verdad y la luz. Buero no ha vacilado en enfrentar a su público con las circunstancias difíciles y trágicas en las que se debate el ser humano. Esta denuncia, a veces necesariamente áspera, es como la de Larra, la de GakJós o la de Unamuno la expresión de un patriotismo auténtico, de una desazón ante lo que, siendo nuestro, no alcanza a satisfacernos y sabemos perfectible. Treinta y ocho años de dedicación a la escena, desde aquel lejano premio Lope de Vega a este que hoy nos reúne a todos, han hecho de Buero Vallejo una figura sin la cual no se explicaría el teatro español de nuestro tiempo. Reconocía hace unos instantes Antonio Buero Vallejo el alto magisterio que el autor de El Quijote por encima de otras influencias, ha ejercido en su obra. De él aprendió seguramente aquella máxima cervantina de que ninguna comparación hay que más al vivo nos represente, qué somos y lo que habernos de ser como la comedia y los comediantes Por todo ello, y en reconocimiento de una labor tan fructífera, queda su nombre unido al de don Miguel por medio de este premio que hoy te hemos entregado.