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98 A B C SOCIEDAD DOMINGO 26- 4- 87 La liberación sexual llama tímida pero imparable a las puertas de China Ni el Gobierno ni la tradición pueden frenar los nuevos modos Fernando Pastrano A la sombra de unos magncüos en flor, que este año parecen haber brotado con más fuerza que ningún otro, una pareja de jóvenes se abraza sin el mas mínimo recato aprovechando el idílico paisaje de una mañana soleada en el pequinés Parque de los Bambúes Púrpuras. No lejos, por el recodo del camino que bordea uno de los serenos canales, aparece un anciano relativamente grueso, vestido con chaqueta mao color gris. Se acerca al banco de los enamorados y les increpa voz y bastón en alto. Los muchachos, veinteañeros con vaqueros, no parecen inmutarse y, lo que es más asombroso, algunos curiosos que se paran allí, automáticamente se ponen del lado de los enamorados afeando al abuelo su actitud. Estamos en la primavera de 1987. Hace tan sólo unos años, quizá unos meses, esta escena hubiera sido imposible. Y es que esta China, de la que Occidente vive cada vez más pendiente, está modificando su comportamiento- -o al menos eso nos parece- a una velocidad inusitada. profunda del pensamiento chino, en el taoísmo, que sólo entiende la armonía universal en la unión profunda del ying y el yang conceptos que identifican con la mujer y el hombre, con lo femenino y io masculino, con el frío y el calor, eternos opuestos que se buscan porque se necesitan: El caso del Parque de los Bambúes Púrpuras cobra aún mayor significación cuando hasta hace nada la ocultación del beso en público era una de las características de las relaciones sexuales en China. En este país se da una especial carga erótica al ósculo; tanto es así, que nunca se dan besos de bienvenida ni entre amigos o hermanos, y mucho menos entre amigo y amiga. Algunos estudiosos ven en ello también motivos higiénicos. Tienen tanto miedo a contraer enfermedades por vía bucal, que ni los sobres ni los sellos tienen goma adhesiva para no tener que mojarlos con la lengua. Cada día son más los locales provisional o permanentemente dedicados al baile de parejas, y éstas se ven más a menudo enlazadas por la cintura paseando por las calles de las ciudades. En el Parque del Pueblo de Shanghai, por ejemplo, son habituales los dúos retozones en la hierba al atardecer. Pero los fabricantes de ropa aún no han podido introducir el biquini; sí la minifalda y el short Parejas de jóvenes gozan sin recato de la nueva permisividad en los parques públicos ya pocos niegan en la República Popular que los deseos libidinosos se puedan satisfacer a través de la prostitución. Shanghai, que en tiempos fue líder mundial en este terreno, vuelve tímidamente por sus fueros aunque la prohibición oficial siga en pie. La pornografía, por su parte, tuvo su mayor auge en 1985. Durante el año pasado se volvió a perseguir y por su culpa rodaron ilustres cabezas de funcionarios y políticos implicados en su comercio. Pero esta obscena semilla había ya arraigado y es difícil de extirpar. Nos consta, por ejemplo, que en Pekín se pagan sumas cuatro y cinco veces superiores a su precio normal por traducciones clandestinas de El amante de lady Chatterley y otras obras licenciosas occidentales. Olvidadas ya las orgías de mandarines, tema frecuente en los grabados desde la dinastía Tang (siglo Vil) hasta comienzos del siglo XX; desterrada por inhumana la práctica del vendaje de los pies de las mujeres, el sibaritismo oriental en lo que al sexo se refiere ha quedado prácticamente relegado a los mejunjes afrodisíacos, aunque significativamente no sean los chinos, sino los extranjeros, sus máximos consumidores. El ying y el yang Ahora que tanto se habla de que la modernización posmaoísta sigue aquel viejo ritmo de dos pasos adelante y uno hacia atrás, alguno de los cambios sociales en ella implicados parecen imparables. La liberalización sexual es uno de ellos pero, como todo lo chino, por mucho que tratemos de indagarlo ¡n situ continúa siendo un misterio para nosotros. Algo que el embajador mexicano en Pekín, destacado sinólogo, me comentaba así de claro: El que pasa una semana en China se cree en disposición de escribir un libro sobre este país. El que pasa un mes aquí, duda de algunas cosas. Si su estancia es de seis meses, dudará de casi todo. Más de un año, y se dará cuenta de que jamás podrá comprender totalmente a China La sexualidad, por ejemplo, es un caso típico. ¡Cuántos analistas han tratado de explicarla y qué pocos ¿alguno? lo han conseguido! Marcada por el ancestral puritanismo chino- que no oriental- y por la mojigatería comunista, está sin embargo en la raíz más Los mejunjes afrodisíacos La raíz de ginseng -d e origen corean o- el cuerno de rinoceronte, el pene de ciervo, la sangre de serpiente e incluso la carne de perro juegan aquí un papel casi folclórico, destinado sobre todo a la exportación y cubierto por una aureola legendaria. Se cuenta que, a principios de siglo, en Shanghai el general Chang Chun Chang, al que el populacho llamaba Tres Piernas alardeaba de un desmesurado tamaño genital gracias a ser un habitual devorador de canes. En cualquier caso, y aunque supongamos que es más lo que ignoramos que lo que sabemos acerca de las formas de la sexualidad china, existir es indudable que existe y se traduce en ese enorme, pese a todo, número de nacimientos. Que esté cambiando es más que probable, modernizándose como el resto de la sociedad china, siguiendo quizá, el camino que no hace mucho recorrió el Japón. Las relaciones prematrimoniales ¿Las relaciones prematrimoniales? Todo un misterio, pero la evidencia del escaso número de madres solteras y matrimonios de urgencia nos lleva a la hipótesis de que o los amantes son muy hábiles o tales relaciones apenas existen. Sin embargo, e! matrimonio sí es una institución plenamente vigente en la China moderna. Las mujeres llevan sobre sus espaldas la mitad del cielo y deben conquistarla Con esta rotunda afirmación, Mao Zedong, quien en sus ochenta y tres años de vida estuvo casado cuatro veces, manifestaba a finales de los cuarenta su convicción de la igualdad femenina, que plasmó en la Ley del Matrimonio de 1950. En ella se especificaba la plena iibertad de los cónyuges para decidir su unión con otra persona, io que rompía ia tradición milenaria de que los padres fueran quienes apañasen las bodas. El propio Mao fue casado de esta forma cuando sólo tenía quince años. En la actualidad, el problema fundamental del matrimonio está en el control de natalidad, lo que a buen seguro hará cambiar los hábitos sexuales de la población china. Ya son mas de mil millones los habitantes de este enorme país y los más optimistas calculan que para el año 2000 serán unos mil cuatrocientos millones. Fuera de ías vías correctas y naturales n Íg