Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DOMINGO 26- 4- 87- CULTURA -ABC, pág. 67 Luis Mateo Diez y Justo Navarro, premios de la Crítica Espaldarazo a la obra de dos jóvenes creadores Madrid. T. de León- Sotelo Críticos de toda España, reunidos en Santander, otorgaron ayer los premios de la Crítica. Castellanos, catalanes, gallegos y vascos obtuvieron un galardón que se encuentra entre los más prestigiosos del país, y se concede a una obra ya editada. Los escritores no presentan su obra. Todo queda en manos del Jurado. pío, la del éxito de ventas. El secreto de que crítica y público estén de acuerdo- hecho que no se da con frecuencia- puede radicar, en su opinión, en contar una historia amena y accesible El humor entre divertido y amargo de la condición humana será el telón de fondo del libro en el que ahora trabaja y del que confiesa que la historia provinciana será más surrealista Que la novela actual española se enriquezca con escritores leoneses- é l mismo, Aparicio, Merino, Llamazares- le parece un caso de sensibilidad paralela Se arriesga incluso a ceñir el asunto a una cuestión de mera geografía. Afirma la existencia de una novela gallega o andaluza, pero en io que respecta a la leonesa, hoy por hoy sólo confirma la venturosa circunstancia de una serie de escritores en feliz ejercicio. Buscarle explicaciones a esta realidad le parece forzado. Se limita a constatar hechos probados: no hay tradición de narradores leoneses. Pero él lo es de este momento. Justo Navarro (Granada, 1953) ha ganado el premio con su segundo libro de poesía, y está convencido de que este género tiene- cuando se escribe en castellano- su meollo en Andalucía. El galardón le llega a un hombre consciente de que hace falta tener mucha moral para ser poeta. Uno se siente como un kamikaze- c o n f i e s a- porque sabe que el final de la misión es que nadie te lea A pesar de esa convicción, este director de un instituto de bachillerato sigue trabajando con los versos y, en general, con las palabras, ya que anda ocupado en un libro de poemas y en una novela de aventuras. Hizo intentos de adentrarse en la prosa hace algún tiempo, pero ninguna de las historias que comenzó llegó al final. No fue cuestión de desánimo, simplemente creía mejor seguir esperando. Ahora, por fin, está entregado de lleno a una novela y lo explica diciendo que el universo de la poesía es cerrado y los procedimientos también, de modo que hay que buscar vías con nuevos recursos Habitar una temporada en el mundo de la prosa no significa Justo Navarro El premio se entrega en la doble vertiente de novela y poesía. En castellano resultaron premiados Luis Mateo Diez y Justo Navarro por La fuente de la edad y Un aviador prevé su muerte, respectivamente; en catalán, Robert Saladrigas por Memorial de Claudi M. Broch, y Joan Brossa por Sonnets a Gofredina; en gallego, Antonio Risco por Memorias dun emigrante y Xosé María Alvarez Cáncamo por Os documentos da sombra; en vasco, Joseba Zarraionar. indía por Atabala eta euria y José Agustín Arrieta por Bertso- paper printzatuak. Mateo Diez (Villablino, León, 1942) no ignoraba que su nombre podía unirse al del premio, conocimiento que le proporcionaba el dato de que la crítica a su obra había sido unánime en el elogio. Que la distinción no esté dotada económicamente no le preocupa porque, en contrapartida, se siente más que pagado con el prestigio- no olvide que uno no se presenta -que conlleva. Pero La fuente de la edad le ha dado, también, a su autor otras satisfacciones. Por ejemLuis Mateo Diez que vaya a abandonar el verso, ni que sus relatos sean poéticos. Navarro se siente capacitado para convivir con las palabras y moverlas por uno y mil caminos. Asegura, con firmeza, que la poesía es un oficio. Un trabajo que se aprende poco a poco dice. ¿En qué estadio se encuentra? Ya sé mucho contesta entre risas. La prueba es que me han dado el premio De la novela también espera satisfacciones, sobre todo las que le provoque la tarea de llevarla hasta el final. ¿Se trata de la frustración de un poeta en busca de lectores? No, no- responde- Lo que deseo es hacer cosas diferentes Pero tiene una esperanza que el premio de la Crítica atraiga lectores para la poesía. El Jurado estuvo compuesto por Domingo Pérez Minik en la presidencia; Antonio Blanch, Rafael Conté, Carlos Galán, Miguel García- Posada, Ana María Navales, Jorge Rodríguez Padrón, Dámaso Santos, José Antonio Ugalde, Fernando Ortiz, Enrique Sordo, Santiago Aizarna, Alex Broch y Carlos Casares. Dos autores en primera línea El premio de ¡a Crítica se ha colocado este año en la vanguardia de la nueva novela y de la nueva poesía. Luis Mateo Diez, con a fuente de la edad, imponía su capacidad fabuladora como el autor del año, y Justo Navarro saboteaba con Un aviador prevé su muerte los recuelos del culturalismo. Eran, a lo que se ve, premios cantados que van a imponer por su propio peso una reflexión entre los creadores. Premios justos y, desde luego, indicativos. Con Luis Mateo Diez, el grupo leonés, donde ha calcificado sus gérmenes narrativos, ha llegado al cielo. Con José María Merino- también ganador con La orilla oscura en 1986- abandera un redescubrimiento de la provincia como materia mítica. Las estaciones provinciales, finalista de este premio en 1982, patentaban las notas esenciales de una novela enraizada y testimonial, pero sin presiones inmediatas. La ironía crítica y el humorismo, en confabulación con el toque lírico, redimían el contexto rural para altas empresas. Lo que en los libros de relatos- Memorial de hierbas. Apócrifo del clavel y ¡a espina, y Relato de Babia- se perdía un poco en lo fantástico, en Las estaciones recobra un espacio palpitante y denso, en el que conviven la intriga y el humor, un cierto romanticismo y lo detectivesco. La fuente de la edad es novela definitivamente lograda. Con una técnica cervantina que incluye el hallazgo de un diario de un canónigo, Luis Mateo Diez narra la disparatada excursión de una cofradía de personajes iluminados y heterodoxos- ¿acaso sobre la pauta del famoso Genarín leonés? se sublima- dentro de una corrosiva ironía- la sordidez del ambiente mediante la evasión quimérica. Deslumhra cómo el autor va ensanchando el espacio narrativo- entre Cunqueiro y Torrente- ampliando por otro lado las posibilidades de la aventura, que es una búsqueda del Grial en la sociedad de hoy. Es el lenguaje en libertad, en todas sus formas, en todos sus matices, el que arropa y define este mágico mundo de realidad y fantasía. Con Justo Navarro la nueva lírica parece definitivamente quitarse sus complejos de crecimiento. Más allá del cavafismo y aun del cernudismo, en su breve obra, compuesta por Los nadadores y ahora Un aviador prevé su muerte, aparece Góngora. Es decir el barroco, de tan grande y grave tradición en la poesía española. El libro consta de veintiséis poemas, algunos de tanto relieve como Muerte, en mitad de la primavera, Plano de fumadores, Septiembre, Luciérnaga, etcétera, rigurosos y taraceados en su forma, transmitiendo, eso sí, un patetismo teleológico con una elegancia suprema. ¿Clasicista o moderno? Puede decirse que Justo Navarro es ambas cosas a la vez, por su ensamblaje perfecto de los términos de la disemia lírica y, también, por una contención de los sentimientos. Si El Nadador montaba una imagen superpuesta de la vida y de la muerte, este aviador- ahí queda insinuada la valentía metafórica del poeta- -reconquista la ciudad como entorno poético y como arsenal existencialmente imaginativo. Porque en la inquietante cosmovisión del poeta apenas hay distancia entre lo íntimo y lo urbano gracias al poder de percepción de una poesía depurada. Eduardo ALCALÁ