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ABC, pág. 58 TRIBUNA ABIERTA DOMINGO 26- 4- 87 PEGUNTÁBALE yo, con efecto, a J. V. Foix en aquella visita inaugura! qué leía cuando tenía mi edad, y no vaciló: leía- m e dijo- libros para formar el carácter. Esto es, ante todo, libros como los de los estoicos, claro está; pero también otros libros cualesquiera de la antigüedad clásica podían servir para tal propósito, puesto que er cada uno de ellos era dable hallar espejos de la vida moral y paradigmas de los dilemas de la actualidad. A veces, ni recordaba Foix siquiera con precisión a qué autor en concreto o a qué obra en particular- -títulos o figuras secundarias en ocasiones- pertenecía éste o aquel pasaje por él rememorado; pero la vivez y familiaridad con que los aducía, la proximidad a ellos, no eran ya las de quien, al modo quevedesco, vive en conversación con los difuntos sino más bien esa confiada memoria doméstica, hecha de íntimos retazos, que se tiene de personas a quienes uno ha tratado hasta tal punto que casi no parece rezar respecto a ellas nuestro principio de individuación. Diríase que aquellas palabras antiguas eran parte de la propia vida de Foix. No es que los clásicos nos adoctrinen meramente, no; si de forma cabai los leemos, los clásicos llegan a ser parte constitutiva de nuestra existencia. Y qué duda cabe de que aquella persona a quien le ha sido dado el espejismo fecundo y transitorio de sentir como suyas las palabras de Eurípides o de Cicerón posee una experiencia no sólo verbal, sino moral, que es imposible transmitir a ios nuevos bárbaros, ya que lo propio de toda experiencia intelectual, gnoseoiógica o artística profunda es que no consiente ser formulada mediante descripciones o analogías, sino que sólo existe cabalmente en la operación perceptiva que hace posible, con su vivencia, la peculiar forma de conocimiento que la singulariza. P EL ESCRITOR DE HOY Y EL MUNDO CLASICO (III) Siendo lo que más nos vincula, siendo nuestro deber intelectual último, los clásicos son también, pues, nuestra libertad. Lo dijo T. S. Eliot: la Historia puede ser servidumbre, la Historia puede ser libertad. Pues libertad y conocimiento son inseparabtes, y es en los clásicos griegos y latinos donde se halla el conocimiento sumo. Un lector de hoy, incluso un lector culto, puede no entender bien el teatro de Lope o el de Calderón; que a mí personalmente tal cosa me parezca un despropósito no significa que quiera cerrar los ojos a la evidencia de que- aunque sólo sea por razones filológicas o por cuestiones relacionadas con la evoiución de los estilos literarios- puede haber personas cultivadas que no acierten a vislumbrar al Calderón o el Lope actuales tras el Calderón o el Lope históricos. Pero es impensable, en cambio, que haya alguien que no sienta que Eurípides o Tácito le conciernen de modo directo e inmediato. La permanencia de ¡os clásicos griegos y latinos no es un fenóme. 10 de fetichización generado por la inercia o la rutina, -no; puede caducar un modo de interoretar a los clásicos, y ciertamente el nuestro no será el de Alberto Lista, y acaso ni siquiera ya el de Caries Riba; pero no caducarán, en cambio, los clásicos mismos. Otra cosa sí puede ocurrir; no la negaré, y más vale examinarla de cerca. He citado a Eurípides, a Táci o, a Sófocles, a Teócrito, a Cicerón, a Home o; las razones por las que todos estos clásicos, y tantos otros más, nos resultan próximos en la experiencia del conocimiento. No es éste, evidentemente, el caso de La Eneida, sin embargo. El género de Por Pere GIMFERRER perfección que ahí se de la Real Academia Española muestra no es postulable en sí para nosotros- como, por lo demás, no lo son tampoco ni en forma excelsa son tan evidentes que no el de Esquilo, ni el de Dante, ni el de Raciprecisan mayor comentario. Adrede he omitido ne, tan distintos entre s í- mas sería incurrir a Virgilio en la relación anterior, porque quiero en una estéril disociación el suponer que el ahora fijarme en el caso de La Eneida. Parece carácter espacial y objetal de la Victoria de indiscutible que con la sola excepción de La Samotracia la exime de vínculos con su enDivina Comedia, la Humanidad no ha producitorno, hace de ella un puro acaecimiento pédo después de Virgilio poema narrativo alguno treo, al paso que el carácter verbal de La que pueda compararse al que dejó inconcluso Eneida la segrega del ámbito en que se insel cantor de Eneas. La excelencia artística de talan las artes plásticas de la era octaviana. La Eneida, insuperada y ajena a toda posibiliEn, efecto, preguntar por el sentido actual de dad de discusión, no enmascara con todo un La Eneida es, en fin de cuentas, preguntar hecho, del que no por no ser yo partícipe debo por el sentido no sólo de la tradición literaria, fingir no darme por enterado: desvanecidos no sólo de la filología clásica, sino de toda la los supuestos- incluidos en ellos, claro está, literatura y de toda la filología. La batalla el proyecto nacional romano y el uso literario contra la barbarie se libra precisamente en de la lengua latina, además de la propia estétieste terreno, y será reñida y decisiva. Me exca- que vieron nacer el poema, un lector de plicaré. Rubén Darío, a quien ya he evocado hoy puede formular una pregunta que, en con más de un motivo, presentado a los cambio, no le suscitarán las Geórgicas. A saquince años al presidente de la República ber: fuera de la nuda percepción de su belleza del Salvador e interrogado sobre qué deseaapolínea, fuera del asentimiento a su corroboba, respondió llanamente: Quiero tener una rada e indesmayable intangibilidad estética buena posición social, señor. Y no erraba: ¿concierne en algo La Eneida a un lector de saber latín y saber componer versos fueron hoy, más concretamente, por ejemplo, a un durante siglos los conocimientos prácticos español de 1987? La pregunta, primaria sólo más efectivos; por ellos llegó Rubén a embaen apariencia- y que, en todo caso, la jador, del mismo modo que por ellos había mayéutica nos aconseja formular- atañe, de llegado Ariosto a figurar en la nómina de los hecho, a todo el futuro de las Humanidades, asalariados ducales de Ferrara, y el joven amenazado hoy por vez primera desde el ReGiacomo Casanova empezó a hacer carrera nacimiento en buena parte del mundo occicuando se probó capaz de improvisar condental. Digo bien: las Humanidades; pero no versaciones y versos en latín. En este sentien rigor la totalidad del legado clásico, sino do, no nos engañemos: sería una falacia principalmente el vinculado a la filología, pues pretender que nuestra época es moralmente a nadie le parecerá pertinente expresar hoy tal inferior a otras porque una multitud estudiangénero de duda ante la Victoria de Samotratil se encamina a los saberes técnicos, ya cia; ya fue ésta puesta en entredicho en los que lo que ha cambiado es la sociedad, y días insurrectos de las vanguardias nacientes las metas del estudio humanístico no eran cuando Marinetti la consideraba inferior en beantaño siempre desinteresadas, sino a veces lleza a un automóvil. Con admirable lucidez lo del mismo orden que las que hoy mueven a formuló Jorge Luis Borges en 1944, visible la estudiar gestión de empresas o informática. derrota del bando por el que apostó Marinetti: No: Nuestra sociedad está, si, enferma y es, Para los europeos y los americanos hay un sí, inferior moralmente a otras, no porque orden- -un solo orden- -posible: el que antes sean mayoría quienes eligen estudios técnillevó el nombre de Roma y ahora es la cultura cos, sino precisamente porque es una sociedel Occidente. Ser nazi (jugar- a ta barbarie enérgica, jugar a ser un vikingo, un tártaro, un dad capaz de requerir estudios técnicos sin saberes humanísticos. La responsabilidad y conquistador del siglo XVI, un gaucho, un piel- digámoslo a las claras- -la culpa, pues de roja) es, a la larga, una imposibilidad mental y culpa cabe hablar, no es de quienes eligen moral. El nazismo adolece de irrealidad, como lo técnico frente a lo humanístico (pues no los infiernos de Erígena. Mas ni toda la vanhay que olvidar que una inmensa mayoría de guardia apostó por el bando que tentaba a la población carece de vocación definida y Marinetti ni lo ocurrido antaño en la plástica mira sólo por su subsistencia) sino de una vale hoy sin más para la filología. Volvamos a sociedad en la que es posible disociar lo técla pregunta: supuesto que Propercio o Catulo, nico de lo humanístico. En sí, el principio es Teócrito o Tucídides son manifiestamente una aberración, a la larga puede no amenanuestros contemporáneos ¿qué nos dice La zar únicamente a las Humanidades, sino inEneida en verdad fuera de su esplendor vercluso a la ciencia: pensando sólo en los más bal indestructible? La pregunta no es ni baladí de quienes se dediquen a los negocios ¿van ni escolástica: en cierto modo, precisamente a ser en verdad una presencia mucho más todo un libro capital de nuestro siglo- La frecuente en su vida diaria lo aprendido en muerte de Virgilio, de Hermann Broch, a quien estudios de química biológica o de zoología no por azar cité anteriormente- ha tratado de de invertebrados o las tablas de logaritmos y responder a ella. Porque si los clásicos nos lelas ecuaciones de segundo grado que los garan tan sólo una perfección marmórea, difíversos de La Eneida o la guerra del Pelopocilmente daría en nosotros buen fruto. Lo moneso? Bien se advierte que no, y bien se adnumental puede admirarnos a guisa de fenóvierte que logaritmos, ecuaciones, zoología, meno situado en los límites de lo sobrehumaquímica, Virgilio o Tucídides, mancomunadano, sin por ello aportarnos, fuera de la admiramente, son cosas por igual precisas para la ción misma, cosa alguna que íntimamente nos persona que de verdad lo. sienta. espolee o enriquezca, ganancia alguna en