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56 ABC INTERNACIONAL La amarga herencia del III Reich DOMINGO 26- 4- 87 Las heridas del nazismo permanecen en el recuerdo de una Europa dividida Rudolf Hess cumple hoy noventa y tres años en la cárcel de Spandau Juan M. Amorós Cincuenta mil gargantas se desgarran enfervorizadas gritando Ein Volk, ein Reich ein Führer (un pueblo, un imperio un líder) ruido de correas de cuero, cascos, armas, uniformes militares. Adolfo Hitler preside un desfile triunfal, es la hora de la Nueva Alemania Todo esto ocurrió en el Berlín de 1939 poco antes de que las tropas del Ejército alemán invadieran Polonia y comenzara, con esta acción, la segunda guerra mundial. Escenas similares se produjeron también entre 1933, año en que el partido nacionalsocialista (nazi) alemán llegó democráticamente al Parlamento por la fuerza de las urnas, y 1939, cuando el mes de septiembre las divisiones blindadas alemanas iniciaron su Blitzkrieg (guerra relámpago) en Polonia desencadenando un cambio de marcha radical en todo el mundo del que, aún hoy, estamos viviendo los efectos. Adolf Hiltler, el cabo de Bohemia para sus enemigos y el Führer para sus incondicionales seguidores, es la causa inmediata de la estructura del Poder, hoy, en el mundo. La derrota de Alemania en la Segunda guerra mundial reunió en Potsdam a (as cuatro potencias vencedoras, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética, que, a su antojo y en plena euforia de la victoria se repartieron el mundo y la vieja Europa en zonas de influencia que aún hoy permanecen. Hoy, Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler condenado a cadena perpetua por los tribunales de Nuremberg y desde 1966 el único interno en la prisión aliada de Spandau, en Berlín, cumple noventa y tres años. Un grupo neonazi lanzó ayer panfletos pidiendo su liberación. Hasta ahora todos los intentos para su excarcelación por motivaciones humanitarias han sido bloqueados por la Unión Soviética, que ve en Hess el símbolo vivo de la barbarie nazi. Son escasos ya los criminales de guerra nazis con vida Los efectos de la segunda guerra mundial y el imperio que durará mil años de Hitler no han sido, hasta el momento, valorados en su real dimensión. La perspectiva histórica de sólo 54 años (Hitler ascendió en 1933) no es suficiente para analizar en todo su alcance la sucesión de causas y efectos de la guerra de los que hoy, todos, somos herederos. El holocausto judío, los millones de muertos, la distribución del mundo, abrieron unas heridas tan profundas que solamente dentro de cien años, más quizá, podrán empezar a cicatrizar y entonces, y sólo entonces, habrá elementos de juicio suficientes para valorar, en toda su extensión y amplitud, la catástrofe del tercer Reich, la hecatombe de aquella sociedad, la alemana de principios de siglo, que a fuerza de propaganda y de promesas de grandeza, se dejó conducir dócilmente a- la vergüenza, el odio y la aberración. Tan catastrófico como los efectos de la guerra, ha sido, sin embargo, el efecto psicológico del partido nazi en los sectores ideológicos de la ultraderecha política. No existe un solo país entre los ahora aliados de la OTAN, que no tenga en sus listas electorales al menos un partido neonazi. El veneno del nacionalismo mal entendido y adobado con dosis de xenofobia, delirios de grandeza y militarismo practicante ha encontrado un caldo de cultivo extremadamente nutritivo en los postulados básicos del nacionalsocialismo hitleriano. Incluso en la RFA, único país de la Europa occidental que tiene constitucionalmente prohibida la simbología nazi y los partidos neonazis, existen grupos que bordeando los extremos más difusos de las leyes han logrado poner en marcha partidos de esa ideología que, aunque muy minoritarios, y jamás con representación parlamentaria, siguen siendo el borrón que estropea el diseño de las sociedades democráticas libres y modernas. Esta es una parte de la trágica herencia de la época hitleriana, de la Alemania nazi, la herencia dramática que, si no ha desaparecido es por que cumple un doble cometido histórico. Por una parte recordar a toda la humanidad que una vez, en la Alemania de 1933 a 1945 hubo una locura colectiva que segó la vida de cincuenta y cinco millones de seres humanos. En la actualidad y desde un punto de vista estrictamente humano y personal, todavía quedan muchas gentes que no pueden perdonar ni olvidar el III Reich. Para miles de familias judías, rusas, norteamericanas, alemanas, francesas, británicas, japonesas, italianas... la segunda guerra mundial, Auschwitz, Treblinka, Mauthaussen, la batalla del Pacífico, Pearl Harbour, son nombres frescos en la memoria con amargas connotaciones de muerte y destrucción. Personajes como Rudolf Hess, Eichmann, John Demianjuk, Goebbels, van aparejados en la memoria colectivacon símbolos de destrucción, con tintes de tragedia, pero todos ellos, todavía, siguen siendo los héroes glorificados por esos partidos neonazis, minoritarios, que continúan disfrutando de la democracia occidental pero, a su vez, aprovechándose de ella para atacarla en su propios cimientos. Y esta es, realmente, la trágica herencia de los años de Francia juzgará en Klaus Barbie a la colaboración con las tropas invasoras Se rendirá homenaje a las víctimas de la Resistencia París. Juan Pedro Quiñonero En Francia, el juicio del que fuera el conocido criminal de guerra nazi Klaus Barbie, a partir del próximo día 11 de mayo, se anuncia y aproxima como una fecha altamente inquietante que ha estado desde el principio llamada a reinstalar en la plaza pública todo el horror ensangrentado, la brutalidad de la marea negra totalitarista y las ambigüedades dramáticas de la colaboración político- militar con las tropas de ocupación del III Reich. Tras un dilatado proceso de más de veinte años de espera, el juicio de Klaus Barbie coincide con un revival de temas e historias íntimamente relacionadas con la percepción cultural de la Resistencia y la Colaboración. La última novela de Francoise Sagan está centrada en esa época. El abogado de Klaus Barbie, Jacques Verges, abogado de un presunto dirigente de ETA- m ha decidido plantear batalla jurídica que abrirá llagas y heridas muy dolorosas, subrayando que uno de los grandes héroes de la Resistencia, Jean Moulin, fue vendido a la Gestapo por un compañero de viaje. Algunos analistas subrayan que tales obsesiones coinciden con el retorno y la escalada electoral de la extrema derecha, a partir de las elecciones europeas del mes de junio de 1984. Es cierto que la extrema derecha francesa maneja unos slogans muy próximos a la xenofobia antiárabe más directa y brutal. Es cierto, igualmente, que la extrema derecha ha sostenido relaciones cordiales con grupúsculos neonazis italianos y alemanes. Sin embargo, la opinión pública francesa es tan abrumadoramente antinazi y antitotalitaria que ni siquiera la extrema derecha se atreve a manifestar una cierta simpatía por el recuerdo nazi o fascista. Por el contrario, la izquierda comunista y socialista, la derecha conservadora y el centro liberal coinciden hoy en un punto: el juicio de Klaus Barbie puede desenterrar dramas y tragedias que pudieran rozar lo intolerable para la memoria colectiva. Sin embargo, nadie duda que la Justicia francesa se apresta a consumar un proceso técnicamente ejemplar. Solicitada por Georges Pompidou durante los primeros años setenta, la extradición de Klaus Barbie (refugiado en Bolivia desde la inmediata postguerra) no pudo ser consumada hasta el 25 de enero de 1983, gracias a la llegada al Poder de Hernán Siles Suazo. Tras cuatro años de procedimiento jurídico, el proceso se anuncia como un acontecimiento terapéutico para la memoria colectiva nacional. Francia ha decidido afrontar el riesgo de la reapertura de una herida trágica. El heroísmo de la Resistencia deberá aflorar a la luz lívida de la Colaboración. Los crímenes de guerra nazis serán iluminados al claroscuro de una parte de la población civil que, con frecuencia, alentó moralmente las manías homicidas que conducían al campo de concentración. La defensa de Barbie espera jugar la carta de la vergüenza nacional. La opinión pública está dispuesta a afrontar el peso de una derrota moral que servirá para devolver la gloria a los héroes de la Resistencia en toda su pureza, con frecuencia trágica.