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DOMINGO 26- 4- 87- OPINION -ABC, pág. 35 L A Monarquía británica y la Corona de España son, en un mundo rico en incertidumbres, dos grandes instituciones europeas que actúan como elementos estabilizadores. Son hoy piezas indispensables en la construcción europea. La visita de los príncipes de Gales a Madrid, recién concluida, tiene un trasfondo de alta política internacional que no conviene desconocer. Los viajes de Estado responden a veces lo más importante. La afabilidad del príncipe de Gales y el rápido ingenio de algunas de sus respuestas no deben imponerse sobre las cuestiones de fondo. Se comprende también que la irradiación de popularidad que envuelve a la princesa Diana contribuye a oscurecer asuntos, ciertamente más aburridos, de los que en realidad se ocupan de modo sistemático ambas Monarquías. DOS MONARQUÍAS Es innegable el esfuerzo- -impulsor, asesor, moderador, corrector- -que algunas Monarquías europeas despliegan en el proceso de unificación continental. Los Reyes de Bélgica, España, Holanda y Gran Bretaña, sobre todo, son protagonistas silenciosos, pero constantes, de la grande y paciente operación. La Monarquía democrática, que es la forma de Estado de ocho naciones en el occidente de Europa, no es una institución activa en los asuntos cotidianos de la política interior, pero es, en cambio, un elemento determinante en el gran diseño del orden exterior. Precisamente porque la política exterior y la institución monárquica utilizan los mismos materiales de construcción- -la permanencia de los grandes objetivos, el diseño a largo plazo- los Reyes aparecen, en vísperas del siglo XXI, como figuras insospechadamente útiles para mantener un orden internacional estable. Un republicano de nación como Harry Traman recordaba hace cuarenta años cuánto le ayudaba, en los tiempos álgidos de la guerra fría, contar con algunos aliados europeos de continuidad asegurada. Los políticos cambian y los Gobiernos pasan: pero en Londres o en La Haya hay siempre una voz, siempre la misma, con la que podemos entendernos sobre los asuntos permanentes. Y ésa ha sido también una de las razones del arraigo de la antigua institución hereditaria en ocho naciones europeas. Quien crea que esas Monarquías se fundan en las bodas de príncipes o en las sonrisas de las princesas no ve más que una cara, la más trivial, de la moneda. La promoción de tecnologías comunes, la defensa europea frente a amenazas militares o comerciales, los programas de protección del medio ambiente, son la otra cara de la moneda. Y en este caso, algo más: ¿cómo imaginar que ambas Monarquías se han reunido en Madrid sin hablar de Gibraltar? La solución del pleito histórico que separa a las dos naciones puede estar cerca: necesitará del trabajo de los Gobiernos; pero requerirá también el buen sentido, la sabiduría de las instituciones permanentes. El último proyecto de internacionalización del territorio, con dos gobernadores alternativos, en las personas de dos príncipes, español y británico, nació en Londres, no se olvide, antes de ser divulgado por el Economist L presidente Alfonsín tiene el deber moral de explicar a la opinión pública internacional hasta dónde ha hecho concesiones en su negociación con los militares. Las sospechas de que su aparente firmeza ha sido debilidad deben quedar despejadas. Porque la tensión entre una parte del Ejército argentino y el orden institucional que representa el presidente Raúl Alfonsín, sólo puede terminar con el pleno restablecimiento del orden jurídico en la fraterna república americana. Ni la amnistía total y acobardada, ni los trucos judiciales, podrían significar la solución de la crisis abierta en la joven democracia para liquidar los excesos de violencia cometidos durante la represión. La aceptación de la Ley, y la libertad de los jueces para aplicarla, será, en fin de cuentas, la única forma de conducir la exigida limpieza de la Justicia contra las responsabilidades de la guerra bien llamada sucia. Dura Lex, sed Lex. Y no se trata de reclamar penas crueles para determinados militares que confun- E ALFONSIN DEBE EXPLICAR A conmemoración de los cincuenta años del bombardeo de Guernica, como tantos otros aniversarios de nuestra última y dolorosa historia nacional, no pueden servir a nadie como oportunidad de desquite. Los recuerdos de la pasada contienda civil podrán ser útiles para el futuro español, si se les emplea como el ejemplo mismo de lo que no debe repetirse, y para que ninguna nostalgia de signo arrogante o vengativo, que las hay de todo tipo agazapadas en el depósito de las malas memorias, pueda reaparecer en la sana convivencia de una democracia nacida al amparo de la Monarquía parlamentaria que ordena nuestra Constitución. La historia no tiene otra lectura positiva que la de servirnos como escuela del porvenir. Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Ale nán Subdirector: Antonio Burgos L CINCUENTA AÑOS DE GUERNICA ABC dieron el orden público con la crueldad, sino de recordar que jamás un orden jurídico podrá asentarse sobre la componenda y el amaño, porque, a la larga, el intento de buscar males menores suelen traer otros descaradamente mayores, y la Justicia jamás podría administrarse en el futuro si su des a r r o l l o se c u m p l i e s e partiendo de unas bases falsas. El presidente no tiene que ser duro ni blando, sino estrictamente justo y ese será el camino para encontrar la única solución duradera del conflicto. Estos son los principios esenciales de toda acción para castigar a los culpables de determinados excesos perfectamente establecidos ante los Tribunales, y juzgados hasta aquí bajo las más impecables reglas del derecho del acusado. El presidente Alfonsín y su Estado constitucional han seguido hasta ahora caminos regulares sin recurrir a expedientes anormales o expeditivos. Todo se ha cumplido en la Argentina del presidente Alfonsín dentro de las más rigurosas normas procedimentales de la administración de justicia. Por eso resultan intolerables los intentos de frenar lo que es simple cumplimiento de la Ley, con actitudes revoltosas donde el monopolio de la propiedad de las armas colocan a los grupos militares en manifiesta superioridad frente al poder civil, incluso si los últimos revuelos conocidos en la Argentina apenas alcancen la categoría de verdaderos golpes de Estado, sino más bien de turbios chantajes con pretensiones de intimidar la voluntad del presidente Alfonsín y del pueblo que lo sostiene en su legítima acción de gobierno. Precisamente por eso, el presidente de la República hermana está obligado a seguir el camino de la firmeza legal, por muchos riesgos que encierre su política, porque a la larga será el único que devuelva la paz definitiva a la convivencia democrática. La menor debilidad, la ruptura, aun camuflada de las reglas del Derecho para suavizar la insolencia de a l g ú n m i l i t a r arrogante, sólo conducirían a la destrucción del Estado de Derecho que Argentina ha sabido darse desde el final de la dictadura. Subdirectores D. Valcárcel, J. Vila, J. Javaloyes, M. Adrio, R. de Góngora, J. Amado Jefes de Redacción: J. A. Gundín (Continuidad) J C. Azcue (Internacional) B Serasategui (ABC literario) A Fernandez (Economía) J. I. G. a Garzón (Cultura) A. A González (Contjnutíad) R Gutiérrez (Continuidad) L l z. Niooiés (Reportajes) C. Maricona (Continuidad) J. L. Marín Descalzo (Sociedad) J. Orno (Edición) L. I. Parada (Suplementos Económicos) L Prados de la Plaza (Contnuidad) C. Prat (Dominical) Santiago Castelo (Colaboraciones) Secciones: J Hubio (Arte) J M. Fdez. -Rua (Ciencia) A. Garrido y J Espejo (Confección) J. C. Diez (Deportes) A. Yáñez (Edición Aérea) J Badia (Educación) E. R. Marchante (Espectáculos) J Pato (Gráfica) M. A. 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