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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 26 DE ABRIL DE 1987 FUNDADO EN 19O5 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA S una pequeña y s u p o n g o que pasajera neurosis nacional. ¿Cómo podríamos explicárnoslo? Supongamos esto, por lo pronto: La clase política que se forjó en la resistencia a la dictadura se halla hoy casi toda en el poder; hombres adscritos a muy diferentes partidos de izquierda, quizá con certero instinto de conservación y con un espíritu posibilista educado en la adversidad, se han sumado al PSOE. La derecha y la Iglesia, con las excepciones y eximentes que son de suponer, demasiado consentidas por el régimen anterior, no pudieron mostrar en la transición una imaginación política o catequista de consideración. A un país sediento de novedad se le han de ofrecer imágenes- y hechos- menos consabidos. Así, el panorama político es monocolor por fatalidad más que por voluntad. Un confuso y difuso izquierdismo tácito prolonga el mandato del PSOE porque, con toda la hartura institucional y toda la despolitización que se quiera, el país rechaza de un modo instintivo cualquier signo que le remita al pasado. Sólo le faltaba al Gobierno un pacto con el capital para asegurarse todavía mayor supervivencia. He aquí el primer factor de neurosis. Por demasiado peso en un costado del barco, la izquierda también hace de derecha. La unidad de imagen comienza a desmenuzarse, pero no la unidad de la clase política que detenta el poder, formada, como he dicho, por hombres de muy distinta procedencia, pero forjados políticamente por una lucha real. Unidos y confusos con relación al futuro. Podrían incluso decir mandamos en solitario porque estamos solos, tenemos que servir para un barrido y para un fregado; los votos no engañan, hemos tenido éxito, seguimos teniendo éxito y el futuro nos asegura el éxito hasta que no surja un contrincante Pueden decirlo con razón. La inhibición crítica de los intelectuales ha sido un síntoma digno de estudiar. Ha sido un asentimiento tácito al PSOE y no aventuro que ello haya sido para mal. Pero ha acentuado la neurosis, porque tampoco están con él. Con lo cual ¿qué puede decirse la clase en el poder? Si no es asentimiento, es inercia; comoquiera que ello sea, hay que gobernar este país. Tenemos el éxito más legítimo porque responde a una fuerza de gravedad. Ya sabemos lo decepcionante que tiene la realización de los sueños. La realidad defrauda siempre porque trae problemas que no suponíamos, que aceptamos como tributo real al éxito, a la suerte; pero los problemas proliferan, se hacen dueños de toda la realidad, hacen olvidarse del éxito y aquí se acabó el placer; ahora viene el tener que cumplir con la obligación, y no hay más solución a todo esto que volver a fracasar en el fracaso vuelve a renacer la ilusión. Es una paradoja. Los políticos tienen un gran temor al fracaso que mata, pero nadie como los políticos saben lo que vale un fracaso que asegura el éxito. Los políticos de vocación y ganas de seguir coleccionando votos tienen que aprender a caer. No dudo de que esto lo sepan casi todos los que hoy gobiernan, ya que han aprendido lo suficiente para llegar a gobernar. Y casi nadie se lo niega Nuevo factor de éxito de neurosis, léase más bien confusión. Tenemos el asentimiento tácito y el explícito de las urnas, y por ello tenemos que inventarnos la nueva vida española, tenemos que inventarnos la ABC ¡EL ÉXITO, EL ÉXITO! realidad. La realidad no nos la marca la oposición, sino el éxito. Y aquí surge la gran paradoja: tener éxito dentro del éxito. Y en el éxito todo es éxito, pero nada más Si al éxito no se le opone nadie, es casi un ir tirando en la grisura. En esa grisura se malogran muy buenos políticos. En estos momentos, los exitosos políticos del PSOE se ven en la no muy placentera situación de ofrecer más soluciones que ilusiones, lo cual marca la dureza de la realidad en el éxito. Todos los que hemos tenido alguna vez un asomo de él, por pequeñito que éste haya sido, sabemos que basta con tenerlo para que todo se vuelva exigencia y hostilidad secreta: la batalla comienza, no termina. Y aquí comienza la angustia del éxito y por el éxito. Se acusa al Gobierno de triunfalista. Quien tiene éxito no debe negarlo demasiado, no sea que le tomen al pie de la letra. Ese triunfalismo es un efecto del eco. Los socialistas se han permitido alguna vez decir: hemos triunfado. Pero la vacuidad del resto ha repartido el eco como si fuera la propia voz policopiada. Por otra parte, si el Gobierno se ha querido fiar de sus leales y premiarlos- a veces, abusivamente- también ha sido atento con otra clase de gentes. En el ámbito de la cultura se produce como un frío homenaje a todo el mundo, en un plano de aceptación de todo lo que hay. Otra cosa hubiera sido bastante más indeseable. Al tener que inventarse- -con ciertos y seguros datos de lo que ofrece la sociedad- la nueva vida española, todo parece ser generosamente admitido bajo el arco de triunfo. Se ha dado ocasión al Gobierno de ampararlo todo: Ampárame o te hundo El pueblo español es así- todavía- y supongo que no se le llegue a exigir al Gobierno que también cambie a los españoles, el racimo de autonomías incluido. Así, pues, la sociedad española macera en un éxito gris por demasiado compartido, desmenuzado, oficializado. Se quiere crear, se quieren inventar cosas, pero hay que sostenarlas. Así sucede con la moda, con el teatro, con el cine. Todos estamos en la cumbre, aunque en la cumbre no pasa nada. Todos se saludan como mandarines bien reconocidos y el Gobierno paga el coctel Mientras los obreros y los estudiantes rodeen la cumbre, REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRI D E l ello quiere decir que no escapan hacia otro lado, hacia otra opción política. Lo que se pide, se le pide a este Gobierno. Que, al margen de algunas soluciones trascendentes, como son la laboral y la estudiantil, es un Gobierno limosnero por fuerza y por fatalidad. Así resulta que, en la sociedad española, el éxito es la unicarrera a seguir, porque es o equivale a un modesto seguro de vida, no más. Ninguna carrera importante vale lo que un éxito en lo que sea Toda vocación que no esté abocada a la espectacularidad del éxito se resquebraja en la penuria salpimentada de fatalismo. Aparecer en televisión o en las revistas, supone para muchas personas en el fondo mediocres una pequeña carta de crédito para seguir triunfando a trancas y barrancas. Es decir, ganándose la vida. Se ha extendido una picaresca del éxito. Sostener dispendiosas vocaciones científicas o artísticas es mucho más caro que invitar a todo el mundo a aparecer en televisión. Pero no sabe el propio Gobierno los efectos secundarios de tan ecléctica complacencia. Todos son premios, todos se premian unos a otros. Este ceremonial interminable puede dar una buena impresión de fecunda concordia en la sociedad española a los ojos del extranjero. Pero si el extranjero se fija, la cultura española es mimética, formalística, escasamente audaz, con todos los recursos propagandísticos- puesto que ese coctel lo paga el Gobierno- pero escasos recursos económicos para poner en valor lo que de verdad merece que se ponga en valor. Cosa que el Gobierno no puede hacer, porque, además de no poder permitirse, por doctrina o por imposición, ser selectivo, tampoco tiene dinero para serlo y seguir contentando a los no seleccionados. La herida fue nacer Vivir es convalecer; morir, sanar del todo. Lo sé Lo he visto, lo he visto con estos ojos que se ha de comer Elvira nada más morirme. Lo vi, con ver a un muerto: toda carne es carne en sí revenida. Andares acolchados de los mismos, como si llevasen plantillas de fieltro La primera resurrección de la carne son los gusanos en tu ataúd. Madre agonía Donde esté la agonía que se quite la muerte. Soledad- ¡Venios conmigo! suplica todo agonizante. Y los circunstantes, en coro: -Jra, jra, jra. Gra. Plenitud Deshazte. Julio CERÓN TE SIENTO VENIR En este país pobre y fatalista ha caído la bomba de la risa y de los polvos de picapica se ha llegado a la conclusión de que sólo se gana lo suficiente con el éxito. Y que el éxito- tal como lo presenta la cultura socialista- es fácil de alcanzar, es como un aval. Luego, arrégleselas usted como pueda Cualquier chico avispado de hoy se dice: Me hago diseñador de modas o baterista o productor de cine amateur tengo un éxito y ya puedo dejar una carrera difícil en una Universidad atascada de problemas y de gente; basta con que me hagan unas pocas fotografías y un reportaje, que puede firmar un amigo, y ya puedo comenzar a andar a ver qué encuentro. Hay que adaptarse al éxito, al éxito entendido como aclamación y carrera corta, como oportunismo y posibilidad de poder ir tirando y trabajando sin tener que ofrecer la vida en holocausto a una carrera más difícil Es el negativo y fatalista democratismo español: Que seamos todos iguales, pero bajitos. Y sobre todo, que nadie se distinga entre los distinguidos; o todos o ninguno Todos hemos querido tener éxito y triunfar con el PSOE, y el partido no se ha negado a dejar pasar a los fotógrafos que disparan sin discriminación. Es una pedrea general. Y el éxito se inventa antes de tenerse, con la añagaza de la Prensa y la televisión, que sugestionan a un pueblo sencillo. A una persona se le otorga el éxito como se le otorga simplemente el saludo. El éxito es hoy tan supuesto como el don o el usted en el siglo XVII. La impresión eufórica y pletórica que da el Gobierno, como estampa del éxito, tiene la mueca inquietante de una máscara. Francisco NIEVA