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GENTE Viendo visiones Elvis volvió (nos lo trigo la Miró) (Escrito en plena digestión del Especial Musical emitido por TVE un sábado de abril) ¿Lo vieron? Jack Lord y su tupé vigilaban el orden TRANQUILO, CHENG HO El Rey había vuelto. Lo trajo la Miró. Pelvis nuestro que estás en los cielos (más concretamente, en un satélite) Recuerdos de Hawai. Pelvis restallante. Pelvis sudoroso. Pelvis silicónico en su gordura contenida por el magnífico traje. Pelvis en pose continua, marcialmente oriental, perfilando una y mil veces las acampanadas perneras. Pelvis patilludo e imberbe a un tiempo. Pelvis asumiendo uno y mil uno pañuelos de colores, guirnaldas de flores. Pelvis en plena granó bouffe de fama y tronío. Pelvis oteando ei fatal harakiri barbitúrico. Pelvis rezumando olor a Las Vegas, a Miami, a Atlantic City, a Los Angeles. Las chicas de oro, casi quince años más jóvenes (unos pimpollos, unos guayabos, unos bebés) aplauden a rabiar cabalgando el tigre de la menopausia. Anita Bryant, la cazadora de reinas, rendida ante el monarca macho, le confiesa obscenidades a su caimán GOLDWATER mientras intenta encajarle a la figura que jadea febril en el escenario una nueva guirnalda. Pelvis pastilludo y bebedor a un tiempo. Pelvis regeneracionista a la brava de su país, frustrado porque el FBI no aceptó su invitación de convertirse en superconfidente antivicio. Pelvis entrañablemente monstruoso, a años- luz de nuestro Julio, tan filtrado, tan light. Pelvis era puro, sin tamiz. Su capa, con el águila imperial bordada de lentejuelas. Sus sortijas de a kilo. El cuello enorme, byroniano. La sonrisa torcida del superhéroe cansado de jugar a ídolo: él hubiese querido travestirse en cualquier cabina de CAPITÁN AMERICA, pero no pudo ser. Pena, penita. Pelvis murió del reventón correspondiente y, ya en otra dimensión, mantuvo sustanciosas charlas con su colega Jim Morrison. Se reían de los roles estrechos que les colocaron en vida y cantaban (cantan) juntos viejos blues y baladas. Morrison, también regeneracionista, pero nietzschiano, conjurador de Dionisos, escupiendo a la hipocresía, a la estupidez. Elvis, menos leído, fue usado (abusado) por éstas. Se supone que ambos debían de ignorarse, incluso odiarse. El público es tan tonto... No entienden nada. No quieren. Miami se escandalizó con Morrison. Los progres, viendo a Pelvis vía satélite. La cosa es rasgarse algo a la menor ocasión. Fernando MÁRQUEZ SÁBADO 25- 4- 87 Hombre rico, hombre progre T ODOS tienen un pasado glorioso de batallitas contra la dictadura y un presente mezquino de batallas con Hacienda. Las barbas de su vecino han visto pelar y han dado algún otro toque de tijera a su jeta hirsuta. De hacer barricadas en la calle han pasado a poner siete cerrojos de alta seguridad en la puerta de sus casas. De predicar el amor libre y el aquí te pillo, aquí te mato, a la apología tiquismiquis del preservativo. La imaginación no llegó al poder, pero ellos sí. En el fondo siguen siendo los mismos, y en la forma continúan dando la lata a la parroquia con sus razones. No llegaron a ser hippies, y ahora quieren ser yuppies. El muy discreto encanto de la progresía se resiste a abandonar a los que de él han hecho gala durante tanto tiempo. Siguen fumando porros de roña marrocata que les endilga la morería ladina, o taladrándose la pituitaria con perborato que compran a precio de oro de los Andes. La apostilla de reaccionario si- gue siendo el salvavidas de su opinión cuando algo los contradice. Son felices, votan, hacen jogging y entienden de pucheros. Cuando salen a la calle, van con El país bajo el sobaquillo. Leen a Umberto Eco y a Rosa Montero, lloran con la intensa literatura de Montserrat Roig. Discuten con los aforismos de Savater, Sádaba o Sánchez Dragó. Presumen de haber visto Choose Me un par de veces, y se tragan las películas de Gutiérrez Aragón. Piensan efectivamente que el cine español está pasando por un excelente momento. Creen que Pilar Miró va a hacer una televisión libre y entretenida. Siguen los debates de Victoria Prego y los telediarios de Arozamena. Les gusta, cuando salen, ir a los cafés con mesitas y ver actuaciones de cantautores. Sabina los alucina, Aute los encocora, Krahe los chifla, van a ver a Llach y encienden velitas. Y, sobre todo, dan saltos y se desmelenan con la marcha de Ana y Víctor. Son así, qué le van a hacer, y tan ricamente que les va. Pero lo malo es que son TAN INSOPORTABLES... De todas formas, qué remedio, hay que vivir con ellos, y también se les puede encontrar su encanto a las criaturas. Son los últimos supervivientes de una cultura que se hunde, aves marchitas de un paraíso adoctrinado. Son la España oficial en lucha con la real. Una pena, penita, pena, que diría Lola. Jorge BERLANGA A B C 115 La orina más cara del vecindario L A Administración y los científicos norteamericanos han tenido que hacer un breve alto en el camino de su lucha contra la droga y en la investigación contra el SIDA. Una vieja conocida, la vitamina B 12, es el motivo. Yuppies- jóvenes profesionales urbanos- y dinks- parejas con doble ingreso y sin hijos- en su afán de estar en forma, han encontrado una forma más sana y segura de conseguir vigor e inspiración. Un gel que aplicado en la nariz asegura un elevado rendimiento y energía sin límite. Hay por lo menos doce personalidades- -cuyos nombres permanecen en secreto- que aseguran su eficacia. El nuevo energético se vende en farmacias al módico precio de mil quinientas pesetas y en cajas de doce dosis. La Administración asegura que el nuevo fármaco, Ener- B, no puede dar resultados tan asombrosos como aseguran los consumidores. Sostiene que está científicamente demostrado que el ser humano almacena en el hígado una cantidad de vitamina B, 2 suficiente para cubrir sus necesidades durante cinco años. Todo lo demás que se ingiera o se esnife, como parece ser el caso, simplemente se elimina. En su afán por desanimar a los consumidores del nuevo vigorizante, un médico de una de las más prestigiosas instituciones sanitarias del país ha sentenciado: si insisten en aplicarse el nuevo ungüento, lo único que conseguirán es tener la orina más cara del vecindario. Lo que, según se mire, no deja de ser todo un reto. Elvira SÁNCHEZ