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ABC, pág. 84- LA FIESTA NACIONAL Segunda corrida de la Feria de Sevilla SÁBADO 25- 4- 87 El peligro de los toreros de espejo Juan Mora sólo aprovechó a inedias una ocasión de oro Sevilla. Vicente Zabala, enviado especial La gente ha ido hoy a la plaza bajo el impacto de la tremenda cornada que sufrió ayer Pepe Luis Vargas. La televisión, que no suele dar demasiada importancia a nuestra fiesta nacional, que aparca el programa de toros en la Segunda Cadena a una hora de noctámbulos y sufridores de insomnios, se ha empleado a fondo con la noticia de la cornada de Vargas. Y eso, aunque ellos no lo crean, le da importancia a la fiesta y derriba las estúpidas teorías de los animalistas, que, barbudos y desmayados de hambre, encadenados o panfletaríos, libertarios o alcohólicos no tienen las agallas de ponerse de rodillas delante de un chiquero para recibir con un trapo al inocente toro, tal y como hizo el torturador Pepe Luis Vargas. Estamos plenamente convencidos de que el valor no es una cualidad de hambrientos, como nos quieren demostrar los que son capaces de pegarle un tiro en la nuca a un prójimo que no piensa como ellos. El valor, en mi opinión, es un sentimiento, una condición, una actitud, algo congénito a nuestra propia naturaleza. Se es valiente como se es rubio, como se es moreno, como se es alto, como se es bajo, como se tienen los ojos verdes. Al buen aficionado le produce respeto el valiente y a lo peor le entristece el temerario por un puro sentimiento de compasión y respeto. lanceando con las manos bajas, tranquilo y torero. El toro tenía más cuajo que sus hermanos, mejor plantado, alto de agujas. Costaba un mundo banderillearlo, porque esperaba con la cara arriba, dispuesto a desarmar. Antonio Chacón consiguió un par superior al cuarteo. Luego se le irian los dos palitroques al suelo en la siguiente reunión. El toro se negó a envestir a la muleta que Campuzano le presentaba con las zapatillas asentadas en el suelo; pero el animal, parado y descastado, se negó a seguir el camino que le indicaba el brazo de el torero de Gerena. Como la porfía se ponía aburrida, decidió acabar. Media estocada trasera y una estocada dieron en tierra con el animal y su mansedumbre. Pitaron ai toro, después ovacionaron al torero que salió a los medios a saludar. Ficha de la corrida Plaza de la Real Maestranza. Cinco toros de Benítez Cubero chicos y deslucidos y uno en quinto lugar de Bernardino Jiménez, bien presentado, bueno y noble. José Antonio Campuzano, de celeste y oro. En el primero estocada (Ovación, oreja y vuelta al ruedo) En e) cuarto, media trasera y un descabello (ovación) Juan Mora, de salmón y oro. En el segundó estocada (ovación) En el quinto dos pinchazos y estocada caída. Aviso (ovación) Lucio Sandín, de nazareno y oro. En el tercero cuatro pinchazos y media estocada. Aviso (silencio) En el sexto dos pinchazos y estocada (silencio) hermoso, con dos torerísimas dobladas. Luego se prdujeron sus habituales altibajos. Series con la derecha en las que predominaba la compostura en contraste con unos naturales deslucidos. Otra vez la faena para arriba, en redondos de mano baja, muleta barriendo la arena y figura erguida. El conjunto resultó torero, con pinceladas de inspiración. Hay algo en este hombre, que no termina de convencerme: Quiere torear bien, a veces lo consigue, pero hay un punto de afectación que no me conmueve. Es lo que antes se llamaba toerero. de espejo Puede mejorar. Su corte es bueno. A medida que vaya toreando más, si lo pretende, puede relajarse y acabar ejecutando las suertes con naturalidad. Por ahora sigue siendo una promesa. Se precipitó con la espada en dos pinchazos al encuentro y una estocada caída. Se le fue el toro al desolladero con las orejas puestas. Sonó un aviso y después una fuerte ovación. Recuperado Muy bonito era el primero que salió sin fuerza, muy flojo de los cuartos traseros. No se le pudo ver ni en el capote de José Antonio Campuzano ni en la suerte de varas que prácticamente no existió. El animal llegó al segundo tercio berreando, acobardado, y sin llevar la menor emoción a los tendidos. El de Gerena abrió la faena por alto al berreante animal, escurrí do de atrás pero alegre en la envestida, pronto en la acometida, que repetía con dinamismo. Campuzano, el Grande, se encontró a gusto J. A. Campuzano con su enemigo. El torito le invitaba a confiarse. Dos series con la derecha y una con la zurda provocaron oles y ovaciones. Un desarme hizo que se interrumpiera la secesión de pases, y hasta la música paró el pasadoble, para reanudarlo con más fuerza al hilo de otra serie con la derecha, en un intento de circular y en un hermoso recorte por bajo. Hizo muy bien la suerte del volapié- ¿la estocada de la Feria? -arracando con derechura, la mano izquierda abajo, la mirada arriba, en el lugar donde se hiere, saliendo muy limpiamente por el costillar. Una oreja, en mi opinión, por el volapié, aunque hubiera otras cosas buenas en el desarrollo del trasteo muleteril. Así se matan los toros. Suerte suprema. Hora de la verdad. Me valen todos los tópicos, porque responden a la más estricta realidad. Vaya un brindis simbólico para él maestro Luis Fuentes Bejarano, enomorado de esta maravillosa suerte. También se descaró José Antonio con el cuarto a la hora de recibirlo con el capote, De espejo Con los pies juntos lanceó Juan Mora a su primero. Verónicas sin acoplamiento que rectificó en el quite, despatarrándose, en dos verónicas y media, bonitas de verdad, Flojo el toro, corto de trapío, pero con movilidad, muy en el tipo de la casa. Mora comenzó por arriba, para continuar, afectado, encorsetado, sin naturalidad, en dos series amaneradas. Mejoró en otra francamente buena, de dos muletazos de mano baja, para acabar embarullado con un desarme y un trasteo, con poco orden y menos concierto. Hubo destellos, chispazos de buen toreo, pero se le fue el buen toro, con la oreja al desolladero. Mató de una estocada. Escuchó una ovación. El quinto fue devuelto a los corrales por cojo. En su lugar salió otro inváiido, que, a sus vez, fue devuelto por blandear de las manos. El presidente estuvo acertadísimo. No así los bueyes, que pasean por el ruedo sin arropar al toro devuelto. Mala doma la de los cavestros de la plaza de Sevilla que convierten una tarea sencilla en un trabajo horrorosamente largo. Por fin el toro, sólito, se marchó por su cuenta aburrido, harto de esperar a que se le llevaran, como el que espera un autobús. Y por fin otro sobrero, esta vez de Bernardino Jiménez, era el toro de verdad, con la envestida clara y franca, al que Juan Mora lanceó muy bien con el capote a rastras y el mentón h. undido en el pecho. Volvió el extremeño a la carga en el quite con unos lances de trazo escuderista, pecho para afuera y manos bajas, como aquél Manolo Escudero de mi niñez. La faena de muleta tuvo un comienzo muy Deslucido Mal anduvo Lucio Sandín con el capote en los lances de saludo al tercero. El toro, muy chico, de Benítez Cubero, galopaba cruzándose lo que creó el desconcierto del joven Lucio, torpón e inseguro. El toro peleó en varas sin la manor trasmisiómn de empuje. Llegó al último tercio con la cara alta, mirando mucho a la cara de Sandín, empleándose poco y mirando menos. Cada muletazo por el izquierdo era un susto, por derecho se salía suelto y aburrido, distraído, marchándose de las suertes. Lucio quiso, pero no le fue posible ni siquiera entretener al público. Luego se sucedieron los pinchazos por no cruzar quedándose ante la alta cara del toro que seguía sin humillar en esta hora final de la muerte. Por fin media estocada después de haber escuchado un aviso. Con el sexto tampoco hubo entendimiento. El toro se negó a obedecer a Sandín, Cornúpeta deslucido y torero desconcertado ants la nula colaboración de un oponenete, incapaz de permitir que se le pegara un sólo pase. Nos tuvimos que conformar con un bonito quite del fino torero madrileño como muestra de sus buenas maneras a lo largo y a lo ancho de la tarde. Lsa corrida transcurrió con una sosería desesperante. Juan Mora tuvo una oportunidad de oro con un sobrero dispuesto a abrirle la puerta del Príncipe. No fue capaz.