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XVI ABC ABC Horario La última palabra 25 abril- 1987 José Ramón Rubio La joven contra la pared N O es difícil inventar un cuento a partir de una imagen. Probemos con ésta: una mujer acorralada contra una pared. En su rostro se pinta el terror. Es joven, guapa. Podemos figurarnos que tiene el cabello en desorden. Para darle a la historia un poco de sensacionalismo, vamos a suponer que la chica está semidesnuda. La previsible violencia de la situación puede acentuarse haciendo que la pared sea de un material frío, por ejemplo, azulejo blanco. Ahora vamos a desarrollar ei cuento. Esa imagen es el final de un sueño. El hombre que sueña se despierta inmediatamente después. La situación se repite a menudo; todas las veces, cuando el hombre despierta, el resto del sueño se ha borrado, sólo queda esa imagen y la certidumbre de que el despertar ha llegado porque la pesadilla se ha hecho insoportable. Al cabo de unos instantes el hombre comprende lo que sucede, respira hondo y musita: Otra vez ese sueño; otra vez ese maldito sueño. Todo esto se convierte en una obsesión que influye en la vida consciente del hombre. Los días en que la pesadilla vuelve, ese hombre está inquieto, se comporta de forma anormal. Sus amigos, sus compañeros, le notan raro. El no dice nada a nadie. Ün día cualquiera, nuestro hombre va a trabajar. Camina por una calle concurrida y observa a la gente con la curiosidad del que está acostumbrado a ir solo. De repente, cree reconocer a alguien. Se sobresalta, vuelve a mirar. Es la joven del sueño. La sigue un rato. Ella se para de vez en cuando, en un semáforo, a mirar algún escaparate. Entonces él se fija con detenimiento: no hay duda, es ia misma. Nuestro hombre llega tarde al trabajo. Durante todo el día da vueltas a lo que ha pasado. La posibilidad de que el sueño se repita le tiene en veta toda la noche. A la mañana siguiente vuelve al lugar donde vio a la chica. Allí está, de nuevo. Hace lo mismo al día siguiente y al siguiente. Se acostumbra a seguirla; averigua dónde trabaja, la ve alguna -José Ramón Rubio nació en Madrid el 4 de febrero de 1950. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense. Ganó el premio Hucha de Plata de la Confederación Española de Cajas de Ahorro, en 1984, con el cuento El soñador y en 1985 con Las cuentas pendientes. Con El sistema Kuznetsov ganó, en 1986, el premio Ignacio Aldecoa de relatos. También en 1986 fue premiado en el concurso Ciudad de San Sebastián, por el cuento Pequeños detalles. vez con gente. Pero algo le impide hacer lo que en el fondo desea: acercarse a ella, averiguar cómo se llama; puede que hasta ponerla sobre aviso de que, en sus sueños, algo la amenaza. Una mañana no la encuentra. Se alarma, comprueba que la hora y el lugar son exactos; espera, da vueltas por los alrededores. Cuando desiste y va a marcharse, tropieza con alguien. Es ella. Con el golpe, se le ha caído el bolso al suelo; todo el contenido está desparramado por la acera. El se agacha, ayuda a la chica a recoger las cosas, se disculpa. Siguen luego conversando, se presentan, incluso puede que vayan a alguna cafetería cercana. Hablan un poco de sí mismos; cuando se despiden quedan citados para otro día. Comienzan a verse a menudo. Comprueban que tienen cosas en común: la timidez, el gusto por la soledad, algunas aficiones que antes consideraban exóticas. La costumbre hace el resto. Un día, ella le invita a su casa. Cenan, escuchan música, beben un poco, hacen el amor. En un momento en que él va al cuarto de baño, advierte que las paredes están recubiertas de azulejos blancos. Pasa el tiempo, todo parece ir perfectamente, tan perfectamente que un día, por fin, él se atreve a lo que no se había atrevido antes, y describe la imagen que tanto le ha perturbado en sueños. No recuerdo nada más añade: No sé lo que te tiene tan asustada; temo que sea una especie de premonición, y que de verdad estés en peligro. Ella se ríe. No tiene importancia. Los sueños no suceden en la realidad. Pasa más tiempo. El se ha trasladado a casa de ella. Con el hábito de la convivencia, la situación decae. Poco a poco, él va advirtiendo en ella los defectos que hasta entonces la ilusión había ocultado; ahora esos defectos le irritan, Hega a pensar que los tiene sólo para fastidiarle a él. Ella está nerviosa y distante. Riñen cada vez con más frecuencia. Un día tratan de hacer el amor, pero las cosas no funcionan. No siempre han funcionado, pero eso antes no importaba tanto, y no hablaban de ello. Esta vez sí hablan. El se excita, dice que es ella la responsable, la cubre de re proches. Ella se defiende. Para ti es como si no existiera, dice, para ti siempre he sido un sueño. El se enfanda más cuando oye esto. Menciona todo lo que cree haber hecho por ella, todos los buenos momentos que han pasado juntos. Ella contesta. La discusión ha ido subiendo de tono. De pie en el dormitorio, ambos se gritan y, en un momento, él pierde todo el control y la golpea con fuerza. A un golpe sigue otro y otro. Horrorizada, ella trata de escapar. El cubre la salida y entonces ella busca refugio en el cuarto de baño. Quiere cerrar con pestillo, pero él se precipita contra la puerta, la empuja con fuerza y. entra también. La ve entonces contra la pared de azulejo blanco, semidesnuda, con el pelo revuelto: el horror se pinta en su rostro. El hombre reconoce la visión. Nota un desasosiego insoportable, siente que pierde la noción de las cosas Todo se le borra de la memoria, excepto la imagen. Al cabo de unos instantes, el hombre comprende lo que sucede; respira hondo y musita: Otra vez ese sueño; otra vez ese maldito sueño.