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VIH ABC 25 abrü- 1987 Lech Walesa, un camin Lech Walesa ha movilizado y revolucionado a trabajadores durante años. Ahora, y tras una aventura con la que más de un autor policiíaco podría escribir otro libro, ha llegado a los escaparates de toda Europa la obra que promete ser el suceso editorial de este año: su autobiografía, Un camino de esperanza, un texto que ha levantado ampollas antes de ver la luz y ha devuelto a las primeras páginas de los periódicos al premio Nobel de la Paz polaco. Envuelta en clandestinidad, andados todos los pasos por la oscuridad de los túneles, la obra ha vencido las fronteras. Francia despertó el miércoles con la imagen de Walesa A la luz de las páginas hechas públicas hasta ahora, y de la entrevista que mantuvo el líder polaco con el periodista Bernard Pivot, emitida por Radio- Tele- Luxemburgo, el libro de Walesa se perfila como un acontecimiento que desborda los cauces de lo literario para convertirse en un documento político, esclarecedor de la realidad de la vida polaca. Así, junto a frases de signo verdaderamente dramático como un día, quizá, alguien vendrá a matarme de una bala en la cabeza o a estrangularme el líder de Solidaridad se muestra más reposado cuando se refiere, por ejemplo, a las huelgas en Radom y Ursus. Las estadísticas hablaban de la baja continua de la esperanza de vida de los polacos, que habían alcanzado el nivel más bajo de Europa- narra Walesa- Todo ello se producía de manera imperceptible, acompañada de una propaganda de éxito, que no dejaba lugar a otros razonamientos o argumentaciones distintas de las que esperaban los dirigentes del Partido y del Estado. En esta atmósfera, poco después de los acontecimientos de Radom y de Ursus, fue fundado el Comité de defensa de los Obreros (KOR) Los intelectuales trataron de hacer lo que nosotros no habíamos conseguido en los astilleros: organizamos para defendernos y evitar la catástrofe que se avecinaba esas reivindicaciones a las condiciones de trabajo de la clase hegemónica en la era del socialismo. Para Occidente, la presencia en Polonia de un sindicato llamado Solidaridad y la existencia de un fuerte y reívindicativo movimiento trabajador es algo que se reduce a los últimos años. Walesa en su libro recuerda, sin embargo, las huelgas de los astilleros de Gdansk del año 1970. La huelga en los astilleros navales ha estallado el lunes, en los talleres de mecánica y en las cocinas. Los obreros que trabajaban allí habían estado en Zulzer, en Suiza, y en Baumeistr, en Dinamarca. Eran la crema de los astileros, la élite, y estaban muy unidos. Pertrechados con un buen bagaje de conocimientos y de experiencias, formaban un equipo perfectamente organizado. Ante las cocinas se encontraban treinta conductores de treinta máquinas que también- durante el tiempo de la comida- distribuían el café en los talleres. Estos conductores- que ganaban un salario mísero- estaban en la vanguardia del movimiento. Mientras servían el café, transmitieron a todos la consigna de huelga. El martes 15, Lech Walesa se encuentra en el despacho del director de los astilleros. Le hice de nuevo la pregunta de si pensaba dar satisfacción a nuestras reivindicaciones. Su respuesta fue negativa. En su acompañando sus palabras, que reproducían publicaciones como Le Matin Le Quotidien o Le Nouvelle Observateur mientras las librerías despejaban sus anaqueles para colocar el libro en lugar preferente. En países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania federal, Italia, Suecia, Noruega e Israel su aparición es inmediata. En España habrá que esperar hasta septiembre para que el texto tome cuerpo en un libro. Y mientras la Prensa desmadeja el ovillo de un documento fundamental para conocer el pensamiento y la vida de uno de los personajes más controvertidos de la Historia reciente, a su protagonista se le prohibe abandonar Polonia. despacho había un megáfono; me apoderé de él para comunicar a lagente lo que acababa de escuchar, y pregunté: ¿Qué hacemos ahora? Los de abajo gritaron: ¡Adelante! La consigna fue asumida por la masa, que se puso lentamente en marcha. Yó me encontraba todavía en el despacho del director, éramos unos cinco u ocho, no lo recuerdo bien. Pretendí salir y entonces el director bloqueó la puerta con el pie. Observo que esos hombres le hacen más caso a usted que a mí... Podemos llegar a un acuerdo... Le vamos a dar dinero... Trate de contener a la gente y si bajan a la caHe; a pesar de todo, trate de frenarles. Deles primero dinero a todos los que están fuera, y si luego le queda algo, usted nos lo puede dar también a mí y a mis colegas le respondí yo. Entonces oí que me respondía: A usted le podemos dar algo, pero no a esos de abajo Entonces di un portazo. Agosto de 1980 Con una tono apesadumbrado en sus palabras, Walesa recorre en su libro episodios, fechas y lugares en los que ha sido protagonista. El dolor, el cansancio ante la adversidad, dejan caer oscuras pinceladas so- Diecisiete años La concentración- prosigue el líder polaco- de influencias sociales siguió un calendario: en marzo de 1968, el protagonismo lo había tenido sobre todo la Inteligentsia; en diciembre de 1970, el mundo obrero. Se suponía que el KOR estaba llamado a reducir esta alternancia y a realizar la síntesis, sirviéndose de la trampa doctrinal impuesta por la época y recurriendo conscientemente- a l menos en aquella época- a la jerga ideológica, sin ser víctima de la misma. ¿Se hablaba de clase obrera? Entonces se creó precisamente un Comité de defensa de los obreros ¿Se hablaba de socialismo? entonces había que referir Ninguna manifestación de la opinión internacional fue percibida aquí en Polonia. Yo diría que estábamos simplemente fuera del campo de interés de Occidente. 32.700.000 individuos marginados, en cierto sentido, de los efectivos de la población europea, sin que esta misma Europa olvidase, sin embargo, la intervención armada de 1956 en Hungría, ni tampoco la más reciente de 1968 en Checoslovaquia