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25 abril- 1987 ABC ttTcrarío Arteguirigay nacional; ABC VII Los museos de la última generación J. M. Montaner y J. Olivares Gustavo Gilí. Barcelona, 1987 Desde hace una década aproximadamente, la cultura se ha convertido en un objeto de concumo de masas. Las grandes colas a la puerta de las exposiciones y el patrocinio cultural que desarrollan instituciones de muy diversos y distantes intereses no son sino dos aspectos de un mismo fenómeno. La cultura es un bien más de los que el Estado del bienestar ofrece a los individuos. Al compás de todas éstas transformaciones han ¡do evolucionando los museos. El museo, tal y como hoy lo entendemos, un lugar público donde se conservan y exhiben determinadas obras, nació con la Ilustración. El libro que comentamos, Los museos de la última generación, escrito por J. M. Montaner y J. Olivares, ambos profesores de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, trata precisamente de darnos una visión de lo que ha sido la arquitectura de los museos en los últimos diez años (1975- 1985) El enfoque con que se presenta cada uno de los edificios es más arquitectónico que otras cosa, pero la introducción inicial ofrece un esquema de las últimas tendencias museológicas que permite con facilidad dar un contenido teórico a las descripciones. La evolución de la tipología arquitectónica se los museos de las últimas generaciones se ha ajustado a una serie de nuevos objetivos en lo que se refiere al museo como institución: En primer lugar, se ha transformado su programa. A partir de los años sesenta, el museo deja de ser un espacio dedicado exclusivamente a la contemplación de las obras que alberga, y aspira a convertirse en un foco cultural global. Se utilizarán las colecciones como instrumento pedagógico y se masificará el número de visitantes; pero además se aglutinarán una serie de ofertas: bibliotecas, auditorios, librerías especializadas, etcétera. Por otra parte, la aparición de museos dedicados a la ciencia y el diseño (con piezas de dimensiones desconocidas hasta entonces) o la incorporación de nuevas tecnologías, dará lugar a otras transformaciones espaciales. En segundo término, en estos últimos años ha tenido lugar un largo debate en torno al espacio interior del museo. Defensores del museo como un recorrido único, de itinerario marcado arquitectónicamente que obligaba a atravesar en un determinado orden las consecuencias, se enfrentaron a los partidarios del museo como contenedor esto es, un edificio vacío de toda estructura. La solución en la mayoría de los casos ha sido de compromiso. Como podemos ver en los ejemplos de este, libro, casi todos han conjurado ambos conceptos. Otra cuestión de gran incidencia en! a arquitectura museística es la que respecta a la conservación y exposición de los objetos y la vuelta masiva a la utilización de luz natural. Por último, el museo se. viene utilizando cada vez más como hito monumental en la trama urbana, que revela a primera vista su destino como contenedor de obras de arte. José María PARREÑO Ejecutivos percutientes N viejo amigo andaluz, maestro albañil, me ponderaba hace poco a uno de sus peones diciendo es curioso y ligero Me fié de su juicio, contraté al alfaañil y comprobé que era, en efecto, esmerado y rápido en el trabajo. Y si hubiese tenido dudas sobre el significado de su alabanza me las habría disipado el Diccionario, que contiene dichas acepciones, algo anticuadas y muy correctas, de ambos vocablos. En cambio poco después otro amigo, banquero éste, me contó con aire resignado que sus ejecutivos habían acuñado dos nuevas palabras y las usaban como talismanes: percutiente (por contundente) y opiniático (por opina- U ble) Nada hay, en puridad, que oponer a la primera (inusitado participio presente de percutir) salvo que si los tales ejecutivos quisiesen hablar, claro dirían contundente, si deseasen ser pedantes usarían percuciente (latinismo que nadie emplea pero está en el Diccionario) y, si vulgares, percútante (galicismo socorrido, aunque ausente del Diccionario) Pero el ejecutivo no es ni claro, ni pedante ni vulgar. Es cursi, y por eso dice percutiente. El otro nuevo fetiche, opiniático, también es digno de atención. No lo he encontrado en ningún diccionario, pero sí he hallado en el de Autoridades (1726) algo que ya entonces debía de resultar un tanto arcaico pues se endosaba a Nebrija: opinático. Palabra que no significaba opinable o discutible, sino inclinado a seguir opiniones extravagantes palabra, pues, que sí merecería la pena resucitar, pero en su acepción auténtica. Además rimaría en más de un sentido con maniático como doble insulto. Y es que nuestros ejecutivos siempre están al borde del hallazgo feliz. Cuando pusieron de moda la incorrección lingüística de don Fulano está reunido no se percataron de que una de las pocas maneras lícitas de usar reunido sin especificar con quién es en términos taurinos, donde se dice que el picador está reunido cuando cae sin desmontarse de su cabalgadura y como formando con ella un solo cuerpo Al oír la habitual excusa telefónica uno puede preguntarse cómo estará reunido el ejecu- tivo, si caído sobre la mullida moqueta formará un solo cuerpo con la secretaria o, más provechoso, con el presidente de la sociedad. Lo malo de la cursilería ejecutiva es que es contagiosa. Antes, los ganaderos iban a las ferias de ganado y poco tenían de cursi. Ahora acabo de ver cerca de Trujillo un cartel que anuncia el II Salón Nacional del Caprino. Ha caído el último bastión anticursi, el de los pastores extremeños. Habrá ya que imaginarse a las cabras deambulando por un salón, en fina plática con peritos agrónomos ejecutivos, copa de cava en mano, símbolo de la modernización de España: de la Feria de Cuemicabra al Salón del Caprino. O cabrino, como acaba de decir uno de nuestros rabadanes políticos, sin duda convencido de que el cambio siempre ha de ser a más cursi. Claro que si así hablan nuestros ejecutivos no es de extrañar que quienes los colocan, los cazatalentos (traducción descafeinada de head hunters) hablen con mayor exquisitez aún. Uno de ellos explica su trabajo en el Diario 16 (15- 4- 87) y asegura que es una mercancía delicadísima la que nosotros tratamos. Por eso en este negocio se funciona mucho con el boca a boca Querrá decir el boca en boca, pero se conoce que está tan a menudo reunido que sólo piensa en estrechos abrazos con boca a boca para devolver ¡a respiración a los exangües. En fin, si además de saber cómo hablan los ejecutivos quieren ustedes conocer el prestigioso marco de sus éxtasis cuando caen reunidos, no tienen más que mirar las fotografías de Los despachos de los poderosos Ya 1- 3- 87) Ahí están las estatuillas abstractas de don Luis Valls (en un despacho para poder pasear, junto a pistas para squash y una pequeña piscina que nadie utiliza las tablas religiosas mezcladas con radiadores eléctricos del abogado Pedrol, la mesa de plástico transparente del señor Piera, la planta gigantesca aislada del presidente del Real Madrid vivimos en la vorágine y otros portentos. Pero, sobre todo, en el comienzo de ese artículo encontrarán ustedes la frase inicial con más garra de toda la literatura periodística, la que más ganas da de seguir leyendo, la sentencia que reveía la creciente y prometedora armonía entre periodistas y ejecutivos. Reza así: Los antiguos reyes- sabían poco de decoración. Luego aclara que los nuevos poderosos han venido, por fortuna, a. remediar esa falta. ¡Pobre Felipe II, que no supo edificar más que El Escorial! ¡Pobres faraones, con pirámides por toda pompa fúnebre! ¡Pobres monarcas franceses, en el marco mezquino de la Galería de ios Espejos de Versailesi ¡Pobres reyes, que no sabían de decoración percutiente! TAMARÓN