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VI ABC ABCÚTcrarío Poesía 25 abril- 1987 Obras completas Angela Figuera Aymerich Introducción de Julio Figuera y Roberto Quance Poesía Hiperión. Madrid 1986 Nadie menos feminista que Angela Figuera para consumir un turno de señora liberada. Iba más allá de esas adscripciones simplistas porque asumía su condición de cauce de la especie y de humanidad comprometida con hondura y levedad, hecha furia y paloma a la vez. Murió a los ochenta y un años después de una vida dedicada a la enseñanza en varios institutos españoles y una estadía como archivera en la Biblioteca Nacional. Su memoria- no obstante el escaAngela Figuera so eco que su desaparición produjo en determinados ambientes- perdura y perdurará. Y este libro es la prueba explícita. Ediciones Hiperión nos ha salvado a todos un poco la cara al publicar estas Obras completas que instalan uno cree que definitivamente a su autora en el anaquel más permanente de la poesía española de posguerra. Con Angela Figuera ocurre, además, que se borran los compartimentos estancos entre poetas y poetisas. Con la particularidad que de una vez que toda nuestra lírica femenina se quitó el complejo de la poesía hispanoamericana- Gabriela Mistral, Alfonsina Stomi, Juana de Ibarbourou, por ejemplo- pisando con planta propia. Estábamos acostumbrados a una cierta neurastenia cuando no a un deliquio inane y cursi de abanico. La Figuera vino a actuar como un viento paráclito. Esa breve lista de una Carmen Conde, María Beneyto, Susana March, Pilar Paz, María Elvira Lacaci, Acacia Uceta, Luzmaría Jiménez Faro, Blanca Andreu, Julia Castillo, etcétera, es para la insigne poetisa bilbaína como el ramo de laurel en torno suyo. Ella dio a la poesía española cálida tensión y belleza áspera, grito y vuelo, ira y compasión hasta entonces algo deconocido. Revisar sus libros es hacer la crónica humana y estética de una edad y de un tiempo. Angela Figuera es una genuina representante de la poesía social, porque su raíz está en las preocupaciones del pueblo, del hombre, en su medio. Pero ella arranca desde la arcilla elemental hasta el ángel mismo y no le importa ser derribada. En esa gama reconocemos todo lo que una mujer de carne y hueso hace arder en la combustión de pasiones y sentimientos, alimentando con ellos su palabra potente, incendiada, enormemente directa. Para algunos, sobre todo para aquellos muy atentos al rataplán de una cierta resistencia política, el momento más alto de Angela estuvo en 1958 cuando su libro Belleza cruel posiblemente su máximo libro, y desde luego convertido en libro emblemático e histórico, obtuvo el premio Nueva España y el propio León Felipe en un acto de reconocimiento punitivo, puso un prólogo que devolvía Altea la Blanca Federico Muelas y B. San Rok Ediciones Altana Las Cuatro Estaciones a la poesía española el salmo y la canción, Doce años después de la muerte de Fedesu verdad poética. Ciertamente ese libro fue rico Muelas aparece ahora en edición de lujo el recipiente adecuado donde la poetisa volcó un libro inédito del poeta Altea la Blanca lo mejor de su poesía. Lo mejor de sí misma. con dibujos de B. San Rock y prólogo de Belleza cruel extrema sobre todo la solida- Carlos de la Rica. El lírico conquense ha teniridad humana. De solidaridad civil apagada, do sólo regular fortuna a la hora de las edisino muerta- salvo los atisbos de Cremer y ciones dé su obra. Pero ese mal fario parela radical entrega de Gabriel Celaya y de ce haber terminado. Y la edición se corresBlas de Otero- en el contexto literario. ponde en excelencia con el texto compuesto Unas Obras completas? como éstas ayu- por las más bellas canciones escritas por el da a la mejor comprensión de su organicidad autor de Cuenca en volandas De la mano lírica. Angela Figuera es, en su poesía, un de Carlos de la Rica- recaudador de mucorazón latiendo, una campana doblando por chas de sus confidencias es más fácil la toda su generación, porque se plantea radi- lectura de estos poemas, porque marcan la calmente los problemas hic et nunca de la diferencia con respecto de la Contrebia del realidad histórica que vive. A esa identidad poeta. Y la contrastan. humana se corresponde muy justamente una Efectivamente, esta Altea blanca- fanal de identidad totalizadora del lenguaje, en el que refunde la emoción y el sentimiento, procu- quietas mariposas y luminosidades de fruta rando no dar cuartel a la retórica, su enemiga mediterránea- suscita en el lírico otra suerte natural. Sus libros tocan la tierra, surgen de de encantamiento que no es fantasmagórila vida, golpean contra el muro, con sus pal- co, sino azul y concreta. Federico echa en mas abiertas, con algo de redoble blasdeote- este libro su corazón en las olas y combate como un tritón con ellas, aprendiendo la alta riano. cifra de belleza que la cal lleva y alza al cielo. Es, por tanto, su vitalísima pasión la que la En realidad este libro está dentro del más salva, aunque ella procura no cortar el árbol profundo poeta de tierra adentro. Pues el por ser demasiado bello como propone niño que tenía un vidrio verde se desvivía Brecht ni renuncia a considerar un lujo la be- por tener una caracola en el oído para esculleza. Por el contrario, la belleza es el fuego char el mar. Altea tiene también su acrópolis en que se quema, para perdurar líricamente. y un aire de cristal. En él escribe su verso, Pasión y belleza campean en todos sus lisobre ese pentagrama transparente. bros, desde el inicial Mujer de barro donde El Cancionerillo de Altea patenta la roun erotismo cálido y una ternura primigenia conseguía los más claros poemas de la ma- tunda perfección formal de un poeta que, ternidad. El ¡ntimismo nostálgico de Soria como miembro de la generación del 36- gepura -e n el que lograba su identidad con neración que hizo de la estrofa su arma de una ciudad ya cantada por Machado y Die- combate- luce y reluce con total dominio. Muelas escribe con la segundad de quien lo g o- acercaba el paisaje al sentimiento puro. El águila de su poesía levanta el vuelo real hace en hexámetros de sal a la vez que en Vencida por el ángel dato ya inaplaza- con piedra color de trigo La celebración de ble de su identidad existencial, de su religa- la belleza de la ciudad se realiza con los eleción cósmica, basamento de su posterior mentos paisajísticos y geográficos naturales, poesía civil y social, que muchos quisieron trasmutado por el poeta. Con lo mejor de una inspiración albertiana manipular como poesía política. Con Vencida por el ángel -libro ya toca- y el alma abierto en todos sus poros, Federido del dolor y de la tragedia de la desgarra- co Muelas da lo mejor de su musicalidad verdura civil- comienza su poesía en cierto sal en piezas como Canciones de guardabamodo reivindicativa. Ya sea la rebeldía feme- rrera El poeta canta a los guijarros de Alnina patente en la mujer de El grito inútil tea y Cancioncilla de Punta Albir Alguna la meditación humana más serena de Víspe- canción como la del litoral es mal cultista, ra de la vida o el remanso estético, transfi- parece escrita en una lejanía temporal evigurado de Belleza cruel con una concen- dente. ¿Quién te ha dado, marinero, ese tración ideológica más sugerida, en donde ramo de coral? Guárdalo bien, novia mía, irradia, al margen de cualquier polarización que es el corazón del mar... Unos versos social o política, la gran llamarada de la lírica que delatan la finura de un lírico de juanrrafigueriana. Es, sin duda, la fuerza del trance moniana hechura. la que libera a esta poesía del domestícismo En este poemario, como en casi todos los y aún del ternurismo inmediato. Angela Fi- suyos, el poeta busca un enraizamiento en el guera incrusta estos legítimos motivos intimi- paisaje. Habla en una décima de la proa tistas en una fuerte germinación de la ternura combativa de la roca viva algo que nos humana- muy reconocible en Mujer de ba- reconcilia con su lenguaje denso y afirmativo. rro -en el enraizamiento cordial con la tierra Halda tibia, remansada para el dormir o para española- Soria pura buscando siempre el soñar, Altea recibe la atención del poeta, tocar la tierra pero elevando su diana so- tal un piropo, aunque entrañado y cordial: Y bre lo escuetamente sentimental o panfletario un día vendré del mar, buscaré tierra, tu que jamás aparece en su obra. Se trata de abrazo, y me echaré en tu regazo, I madre, una gran voz, de una voz contrastada y pe- para descansar... rpnnp e Florencio MARTÍNEZ RUIZ Eduardo ALCALÁ