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ABC, pág. 521 TRIBUNA ABIERTA MARTES 21- 4- 87 N un artículo publicado en ABC el 31 de marzo pasado, con la firma de una ilustre personalidad de las letras españolas, al hacer referencia a nuestra vida cultural desde la Restauración de 1875 a la caída de la Monarquía hay, sorprendentemente, alusiones desfavorables al Rey Alfonso XIII que están muy alejadas de la realidad. El articulista califica al Monarca de poco sensible al mundo intelectual y le atribuye deficiencia indudable apatía en lo referente al mundo de la cultura. E ALFONSO XIII Y EL MUNDO INTELECTUAL Este periódico ha publicado, en diferentes ocasiones, artículos sobre la relevante intervención del Monarca en el desarrollo científico de España durante el primer tercio de este siglo. Los datos y testimonios de la decisiva intervención real en el resurgimiento de la ciencia y cultura en España en ese periodo son tan patentes que habrán podido ser, en muchos casos, injustamente silenciados, pero nunca han sido discutidos. Sin embargo, por si las desafortunadas alusiones que figuran en el artículo indicado hubieran llevado a personas mal informadas a una idea falsa de la personalidad y gestión del Monarca, quizá fuera oportuno recordar, una vez más, algunos de esos datos y testimonios. Este es el propósito de estas líneas. Salvador de Madariaga, cuyos hábitos científicos le llevaban, en su trabajo de historiador, a anteponer la objetividad a sus posibles simpatías o inclinaciones personales de republicano doctrinal y militante, afirma que el reinado de Alfonso XIII es el más importante y el más rico, en sentido histórico, desde Carlos III y añade- e n lo referente al mundo de la cultura- Bajo Alfonso XIII España retoma a adornar el mundo de la cultura, que casi había abandonado desde que con tanto esplendor brilló en el siglo XVI. Este marco permite valorar, en su verdadera grandeza, las iniciativas y gestiones personales del Rey en ese mundo de la cultura. En 1902 asume las funciones que como Monarca le confería el ordenamiento legal. En 1907 se crea la Junta para Ampliación de Estudios, principal órgano promotor del desarrollo científico en aquella época. Pero la acción del Monarca no se limita a su participación activa en el proceso de fundación de la Junta; fue, sobre todo, su constante protector y defensor en las difíciles vicisitudes de la vida del organismo. En una época de antagonismos ideológicos, que penetraban en todos los sectores de la vida nacional, también en el científico, el Rey, situado por encima de esos antagonismos, acudía siempre en defensa de la Junta. José María Albareda, que fue becario de la Junta, muy conocedor del mundo científico de la época y que tuvo relación personal continuada con Castillejo- secretario y principal gestor del organismo- escribió que a causa de la inspiración institucionista que algunas personas trataban de infundir en la Junta, ésta se vio sometida al zigzag de los apoyos liberales y de los frenos conservadores cuando la ofensiva conservadora, con mera visión negativa, quería llegar a aniquilarla- decía Albareda- surgían personas comprensivas integradas en la Junta- duque de Alba, vizconde de Eza, duque de Maura, etcétera- capaces de llegar a Don Alfonso Filosofía y Letras; estas últimas habían aumentado sus Secciones, lo que exigía amPor Enrique GUTIÉRREZ RÍOS pliaciones- imposibles en aquellas oscuras XIII para impedir su destrucción, único proestrecheces- de laboratorios, bibliotecas y grama de unas fuerzas conservadoras poco seminarios especializados. conocedoras de una modernidad científica En 1970 publiqué un artículo en ABC en el que, monopolizada por la Junta, constituía su que comentaba recuerdos personales que me defensa refirió Julio Palacios- e n los últimos años de El resurgimiento de la investigación científisu vida- de sus primeros contactos con el ca en España, promovido por la Junta, había Rey, por los que supo de la Ciudad Universicontribuido indirectamente a la elevación del taria; cuando ésta era sólo una idea en la nivel científico del profesorado universitario. mente del Monarca. Algunos de esos recuerPero éste se veía obligado a realizar su trados figuraban en un artículo que Palacios pubajo investigador fuera de la Universidad en blicó en Acción Española en 1933. centros constituidos por la Junta en Madrid. En 1920 el Rey ofreció una comida en PaEn un conocido informe de Castillejo se indilacio a una representación de la Universidad. can dos razones que basaban él criterio de la Ya en el comedor de gala el Rey preguntó a Junta de mantenerse al margen dejas cátePalacios si el profesorado sentía la necesidad dras universitarias. Una era de carácter instide cambiar de métodos, de disponer de nuetucional: La organización universitaria- escribió Castillejo- se basa en Ja organización vos recursos docentes, de mejorar la vida del estudiante. Fue entonces cuando el Rey te de los cargos o cátedras, y por eso se consahabló de su idea de construir una ciudad unigra la igualdad potencial de todos los catedráticos y tiene que poner a disposición de versitaria donde existieran los medios precicada uno que los pida los mismos medios de sos para una renovación eficaz de la vida trabajo, utilícelos o no la otra razón se refe- académica. ría a la avalancha de estudiantes: Porque El país atravesaba entonces una situación masa- añadía Castillejo- es nivel medio, política difícil, pero el proyecto siguió adelanigualdad, disciplina, jerarquía, repetición y regulación, mientras que la investigación es li- te. Fueron cedidos para ese fin los bellos y bertad, vocación, privilegio, minorías, régimen extensos terrenos de la Moncloa y se constituyó una Junta Constructora presidida por el específico y flexibilidad. Rey, a cuyas sesiones llegaba puntualmente Sin entrar en el fondo, siempre discutible, en un Ford, que él mismo conducía. Es dede esas razones, lo cierto es que la actividad masiado conocida la participación de Alfonso de la Junta había dado estimables frutos XIII en lo que ha sido la más grande empresa científicos y no había por qué implicarla con universitaria realizada en España. Pero en el la situación de la Universidad, que podía ser artículo que es motivo de estas líneas, aunconsiderada como problema distinto, con me- que hay una referencia elogiosa a esta magdidas específicas. Este fue el punto de vista na empresa del Rey, no faltan, inexplicablepersonal del Rey, lo que originó su idea de la mente, las notas negativas. El autor, refiriéndose a la obra cultural de Alfonso XIII, Ciudad Universitaria. escribe: Supo contrapesar esa deficiencia, Pero parecía que el interés del Rey por esa indudable apatía, convirtiéndose en artífique la Universidad saliera de su precaria sice de la Ciudad Universitaria, que, pese al hetuación de entonces era mayor que el de los responsables directos de la enseñanza uni- cho de haberse construido en una zona rica versitaria. El Monarca tuvo que vencer resis- en árboles que hubieron de ceder su puesto tencias. En- el Madrid de entonces, de pobla- al hormigón armado, significó en el planeta ción y dimensiones relativamente reducidas, docente de nuestra patria una conquista de muchos sólo veían en aquella Ciudad Univer- indudable importancia. sitaria que el Rey proyectaba una lejanía inHe conocido la Ciudad Universitaria antes cómoda. de la guerra civil. Funcionaba ya la Facultad Porque parece existir entre nosotros cierta de Filosofía y Letras y la construcción de los tendencia al olvido, quizá no sea inútil recor- edificios de las restantes, pocas en número, dar, con testimonios de personalidades rele- estaba muy avanzada, pero no se veían, vantes, cuál era el estado material de nuestra ocultos por la tupida arboleda. La tala vino Universidad de entonces, lo que el Rey puso después, en la guerra, para construir trinchetanto empeño en remediar, como punto de ras, puentes y refugios. También llegó despartida de su resurgimiento científico y do- pués, masivamente, el hormigón, para edificente. Decía Ramón y Cajal, en 1917, recor- cios de centros ajenos a la Universidad y, por dando sus estancias en el extranjero: Infun- ello, no previstos en el proyecto del Rey. díame tristeza pensar en nuestra ruin y anEl Rey sufrió en esa época la amargura y tiestética Universidad, en el vetusto y la soledad de las deslealtades en el mundo antihigiénico Colegio de San Carlos, en las de la política y sufrió también la indiferencia lobregueces peligrosas del Hospital Clínico... de los sectores más calificados de la socieY Blas Cabrera, muchos años después: Yo dad española hacia esa gran empresa cultutraigo a la memoria de aquellos de entre no- ral, que promovió personalmente hasta el fin sotros que lo conocieron el barracón levanta- mismo de su reinado. Había decidido que los do en el patio del viejo convento de la Trini- fondos para la construcción de la Ciudad Unidad, sede del Ministerio de Fomento, donde versitaria no gravasen los presupuestos del se alojaba el único laboratorio de Física de Estado. Pero no contó- como en Alemania que disponía la Universidad Central. En el Guillermo II, para fundar la Kaiser Wilhelmviejo caserón de San Bernardo se alojaban Gesellschaft- con la aristocracia ni con las filas Facultades de Derecho, de Ciencias y de nanzas: aquí el Rey estaba solo.