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50 A BC CULTURA MARTES 21- 4- 87 El escritor de hoy y el mundo clásico El académico Pere Gimferrer intervino ayer en el acto inaugural del Vil Congreso Español de Estudios Clásicos con una ponencia sobre El escritor de hoy y el mundo clásico Debido a su extensión, publicamos hoy una primera parte que completaremos en nuestro número de mañana Enunciar por tema de una disertación, como he hecho yo, El escritor de hoy y el mundo clásico equivale a preguntarse por el lugar que lo clásico y los clásicos ocupan en nuestra mente y en nuestra escritura. Séame permitido aquí, para empezar, aludir con brevedad a dos significativos recuerdos personales a los que me he referido ya en alguna otra ocasión. En el invierno de 1964 entré por primera vez, a mis diecinueve años, en la casa del mayor poeta catalán de este siglo, Josep Vicent Foix, que nos ha dejado, nonagenario, hace pocos meses. Lo que primero me llamó la atención fue el hecho de encontrarme en una habitación presidida por los colores vivísimos y augustos de un tapiz de Miró, y por el chisporroteo de un dibujo autógrafo de Federico García Lorca, en un álbum, ante unas estanterías totalmente ocupadas por los volúmenes de los clásicos griegos y latinos, editados por una Fundación de Barcelona y que Foix había hecho encuadernar en pergamino, inscribiendo, al lomo de cada libro y en latín, el nombre de su autor y el título de la obra. sico, y ello parece tanto más notable cuanto que ambos han sido evidentemente coetáneos de las vanguardias de nuestro siglo, y Foix, incluso, un activo protagonista de ellas. Pero lo que sus bibliotecas evidenciaban era algo más profundo que esta mera observación, por lo demás inferible de suyo en la lectura de cuanto escribían. Esta es la más avanzada tecnología quirúrgica que se realiza en los países industrializados de ia C. E. E. Unos cabellos creados en laboratorio e idénticos al cabello humano en todas sus características, son implantados uno a uno a través del tejido celular subcutáneo. Después de una intervención muy simple realizada por nuestro equipo de médicos especialistas, estos cabellos quedan integrados con los propios. Su naturalidad es indetectable y su resistencia a la tracción es más del doble que un cabello propio. La presentamos en total exclusiva para España. Pida hora para una consulta sin compromiso y le mostraremos por medio de vídeo lo sencillo y definitivo que resulta una intervención de implante, así como sus resultados inmejorables. La huidiza modernidad La modernidad es huidiza. Pudo proclamarse, desde Francia, que era preciso ser absolutamente modernos pero, con frecuencia se olvida que decir tal cosa sólo es en verdad lícito a quien, como Rimbaud, dedicó su adolescencia o, incluso poco más que su niñez, a componer poemas en latín. Pídaseme que indique el momento o los momentos en los que la poesía española declina, y no vacilaré. Los desfallecimientos o declives más graves se producen en las fechas en las que, por fortuna de modo pasajero, nuestra tradición poética empieza a creer que puede bastarse a sí misma, y que no precisa de otro modelo que el propio. Tal cosa ocurre por razones muy distintas, pero con resultados simétricos en el fondo, en el período que media entre la muerte de Bécquer y el advenimiento del modernismo en castellano. Período, por otro lado- y en eso llevaba ia razón Cossío- mal estudiado y más interesante de lo que suele creerse, pero innegablemente enrarecido. Y, ya en nuestro siglo, ocurre también durante los años cincuenta y en la primera mitad de los años sesenta, época en la que la progresiva consolidación de posiciones, en una intelectualidad dividida entre los afectos y los desafectos al Régimen, en el interior de una España aislada en muchos sentidos, generó un doble y paralelo espejismo de autarquía estética, de signo contrapuesto, sí, pero de pareja raíz psicológica, muy afín, en uno y en otro caso, por cierta querencia de la que no ha sabido hallarse exento en cualquier época nuestro talante colectivo. No deja de ser significativo el hecho de que la pesadilla estética- para decirlo en palabras de un calificado representante de la generación de los cincuenta- se salga, en el siglo pasado, precisamente por la eclosión de Rubén Darío, a quien, insistamos en ello, no es posible entender cabalmente sino como poeta clásico que sustenta la trama de su escritura en un palimpsesto léxico y referencial a hechura de Grecia y Roma; incluso a las veces, en el empleo de metros y estrofas que, sólo como herencia de griegos y latinos cabalmente se decifran. Del mismo modo que, salvadas las enormes distancias del caso, si algo teníamos en común quienes, a mediados de los años cincuenta, intentamos escribir fuera del círculo vicioso en que se hallaba por entonces no poca poesía, era el hecho de haber cursado el Bachillerato humanístico de don Pedro Sainz Rodríguez. Pere GIMFERRER Clásicos, escritores por antonomasia Más de veinte años traté a Foix y muy pocas veces me habló de escritor alguno como tal escritor. A lo sumo, hablaba de ellos como personas a quien él había conocido. Con una excepción: los clásicos griegos y latinos, que, para él, eran verdaderamente los escritores por antonomasia. Otros no había, o poco menos, a no ser los medievales que, en catalán, en provenzal o en toscano, sustentaban la tradición inmediata de la que él se reconocía como deudor. Cuando Foix me escandía sus propios versos o, con mayor motivo todavía, cuando abría algún grueso tomo encuadernado en pergamino y, leyéndome algún pasaje, me comentaba su aireada actualidad, sabía yo lo que él quería ser: lo que, en su sentir, podía y debía querer llegar a ser cada escritor: un clásico en el temple de la dicción como en el espíritu. Y sabía, también, lo que para él era cada clásico: un contemporáneo. No conocía otros verdaderos contemporáneos que los clásicos, y entendía que sólo quien sabía ser clásico podía aspirar a ser contemporáneo de veras. No de otro modo, algunos años más tarde, precisamente durante el verano de 1969, en la localidad mallorquína de Deia, entre los arabescos sarmentosos de los troncos de los olivos, y en el recuerdo del verde apagado de sus ojos, Robert Graves me hizo pasar, con dos amigos insulares que me acompañaban, a lo que le servía a un tiempo de estudio y de biblioteca: una estancia en cuyo centro una enorme y severa mesa de madera, escritorio del poeta, se enfrentaba a diccionarios griegos y latinos, a historiadores de Roma, a un repertorio de topónimos latinos, a volúmenes de mitología. Cierto, los escritores de la generación a que pertenecen Foix y Robert Graves, por distintos que resulten entre sí, tienen en común el hecho de que su voz es la de un clá- peli, s. a. MADRID: C Modesto Laluente, 46 Tel. 254 62 13 BARCELONA: C Consejo de Ciento. 204 Tel. 323 44 12 VALENCIA: C Cirilo Amorós, 40, 2. piso Tel. 351 91 02 BILBAO: Uhagon, 9,7. 1 (Esq. Pl. Indauchu) Tel. 444 08 79 ZARAGOZA: Avda. Goya, 16, 2. Tel. 21 27 86 DECÍDASE EDIFICIO Resto 2.5OO- OO P ts de presta 10 a en 1O años