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30 A B C INTERNACIONAL Europa ante el proyecto de desarme- MARTES 21- 4- 87 Presiones para im encuentro Thatcher- Reagan en EE UU Londres. Alfonso Barra Sectores políticos conservadores piden insistentemente a Margaret Thatcher que visite al presidente Reagan para plantearle ¡a urgencia de garantizar la seguridad de Gran Bretaña y de los demás aliados europeos. Sir Anthony Kershaw, presidente dei Comité cíe Asuntos Exteriores dei Parlamento, acaba de recordar que una Europa desnuclearizada dejaría a la Unión Soviética en condiciones para ganar una guerra colonial en el continente. Las naciones europeas sufrirían ias incertidumbres estratégicas de los años anteriores a la segunda guerra mundial. Ni Londres, a pesar de sus temores, ni ningún Gobierno occidental desea asumir la responsabilidad de malograr un acuerdo sobre desarme nuclear. Pero la ansiedad, la parálisis diplomática y el desacuerdo son las características de la situación de los aliados de Estados Unidos. Estos días, el Kremlin es una auténtica ametralladora que lanza prepuestas, iniciativas y fórmulas con aspectos nebulosos y muy graves por eí futuro de Europa occidental. Londres no ignora que la ofensiva diplomática de Moscú busca éxitos en tres frentes: ganarse la opinión liberal en el Occidente, explotar el conflicto de intereses entre Estados Unidos y sus aliados y, por úitimo, dejar a la OTAN sin estrategia válida por primera vez en cuarenta años. En las declaraciones a la Prensa publicadas ahora, el general Bernard Rogers, comandante supremo de la OTAN en Europa durante los últimos siete años, que se retirará e! mes de junio, asegura que las propuestas de Moscú dejan a Europa en condiciones de evidente vulnerabilidad. Recuerda que su mayor amargura es haber fracasado ante los aliados en su intento para determinar la gravedad de! a amenaza soviética. No ha habido cambio alguno en el objetivo de la Unión Soviética de conseguir el dominio del mundo dice Rogers. Londres desconoce si Gorbachov, en su visión de una Europa desnuclearizada, incluye ¡os proyectos de artillería, las minas y las bombas lanzadas por la aviación. O si la propuesta se limita, tan sólo, a los misiles. Thatcher entiende que no es posible profundizar en ias conversaciones sobre desarme sin puntualizar esos puntos. La oferta de una Europa totalmente libre de armas nucleares no es, a su juicio, aceptable. Los últimos estudios de la OTAN en Bruseias confirman que sin el empleo de esas armas de disuasión por las potencias occidentales, el grupo de fuerzas soviéticas en Alemania (GSFG) alcanzaría a las setenta y dos horas del comienzo del conflicto armado una línea que va desde Hamburgo, por Francfort, hasta Munich. Si Thatcher va a Washington, su mensaje sería breve: la aceptación de la idea de una Europa sin armas nucleares supone la renuncia al único factor que neutraliza la abrumadora superioridad soviética en recursos convencionales. Horizonte En la establecida jerga del desarme, opción cero es una expresión que fue acuñada en 1981 por el presidente Reagan, y que se refería a ia total eliminación de los cohetes de alcance intermedio, según propuesta suya hecha a los rusos. Al principio, éstos debieron de creer que Reagan estaba bromeando, o caso así, pero cuando pasado e ¡tiempo percibieron que la oferta norteamericana iba en serio, primero accedieron a una reducción de un 25 por 100, más tarde a un 40 por 100, y sucesivamente a un 50 por 100. Finalmente, Gorbachov conmovió al mundo entero aceptando la opción cero Entre los conmovidos figuraban los expertos en temas de desarme, los cuales habían sostenido siempre que eso jamás lo aceptarían en Moscú, sobre todo si en esa opción cero no se incluían los cohetes franceses y británicos. Fueron incluidos, y los rusos lo aceptaron. La sorpresa del sí de Gorbachov fue tal, que ha cogido a individuos, Gobiernos y partidos de varios países europeos soñando en Babia, y así, en estos momentos, esas sorprendidas gentes europeas se han sumergido en una profunda reflexión sobre si la opción cero es una bendición o una maldición. Ocurre lo de siempre: que todos quieren el desarme, pero siempre que no se haga a expensas de su seguridad, y de lo que no parecen estar seguros en absoluto los europeos es de que la tal opción cero no exija un precio prohibitivo para la seguridad de Europa (occidental, se entiende) La base de ese temor es la siguiente: si se fuese a la opción cero serían retirados los famosos eurocohetes norteamericanos Pershing y Crucero (108 y 160, respectivamente) Si además, como proponen los rusos, fuesen igualmente suprimidos los cohetes de corto alcance, nos hallaríamos ante el viejo sueño de una LA OPCIÓN CERO Europa desnuclearizada. O sea, que en términos militares sólo tendríamos en presencia, en Europa, las fuerzas convencionales de la OTAN y las fuerzas convencionales del Pacto de Varsovia. Y es exactamente en este punto donde vienen los escalofríos: en lo que se refiere a fuerzas convencionales la superioridad del Pacto de Varsovia sobre la OTAN es abrumadora; en términos generales esa superioridad es de dos a uno. Quiere decirse que la opción cero dejaría a la Europa occidental a merced de la URSS y sus aliados. Es una proposición inaceptable, tanto, que los EE. UU. no han querido asumir solos la responsabilidad de una decisión propia, como tantas veces han hecho, y han puesto el asunto, casi con un ahí queda eso en manos de los aliados europeos de la OTAN. En su conferencia del otro día en Moscú, tras su ronda de conversaciones con Shevardnadze y Gorbachov, el secretario de Estado, Shultz, recordó una y otra vez que los EE. UU. no estaban solos, que formaban parte de una alianza (la OTAN) y que partiría para Bruselas al día siguiente con el objeto de informar a dichos aliados, y que la decisión que se adoptase sería de todos, europeos y americanos. Se sabe ya, más o menos, cuál es la actitud de cada Gobierno ante la opción cero Las actitudes favorables aumentan en intensidad a medida que se está más lejos de los rusos, y aumentan en rechazo cuanto más cerca se hallen de la URSS. Nada más lógico, pues para los cohetes no hay apenas distancias ni tiempos. Un ICBM soviético tardaría unos quince minutos en alcanzar Nueva York. Pero las fuerzas convencionales tienen que usar las carreteras y los ferrocarriles y las marchas a pie... Manuel BLANCO TOBIO París considera indeseable cualquier acuerdo de desnuclearización europea París. Juan Pedro Quiñonero París contempla con profundas reservas los proyectos de acuerdo en materia de armas nucleares entre Washington y Moscú, ya que, desde la óptica francesa, esa negociación corre el riesgo de marcar un giro histórico muy peligroso para, la seguridad continental, confirmando a la URSS como la potencia militarmente dominante en Europa. Oficialmente, Francia considera indeseable cualquier proyecto de desnuclearización del continente europeo por dos razones capitales: abolidas las armas nucleares euroestratégicas, Moscú vería confirmada su superioridad avasalladora en el terreno decisivo de las armas convencionales abolidos total o parcialmente los euromisiles de corto y medio alcances, la URSS continuaría beneficiándose de ün arsenal nuclear intercontinental perfectamente eficaz como arma de presión diplomática suprema en el continente europeo. Esas objeciones mayores son compartidas por Charles Hernu (ex ministro socialista de la Defensa) Paul Quiles (ex ministro socialista de la Defensa) y por Gíraud (actual ministro de la Defensa) Francia considera que la Administración norteamericana está jugando con la tentación de una suerte de Yalta nuclear que, en esta ocasión, volvería a tener un costo amenazante y previsiblemente sombrío para los Estados y sociedades europeas. La desnuclearización parcial marcaría el principio de! fin del compromiso estadounidense con la defensa de Europa.