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MARTES 21- 4- 87- OPINION -ABC, pág. 15 LA VICTORIA POLÍTICA DEL PRESIDENTE ALFONSIN E N el momento de celebrar que haya prevalecido en Argentina la normalidad constitucional sobre una revuelta o pronunciamiento militar, más hondo en sus raíces que extenso en su acción, merece especial alabanza la prudencia política del presidente Alfonsín. El ha logrado sin recurrir a soluciones de fuerza, que hubieran dejado seguramente huella sangrienta, resolver una situación de tensión muy grave; situación que no parece realmente equiparable a otros precedentes intentos militares golpistas padecidos, en el curso de largos años, por Argentina. Trae causa directa el problema del tiempo en el cual el Ejército argentino, por encomienda parlamentaria, emprende una acción de reducción de la guerrilla, sobre todo de la urbana radicalizada. Son los días de excesos incalificables en la represión. Excesos que hay que personalizar en responsables con nombres y apellidos: porque éste es el único modo de salvar la responsabilidad institucional de las Fuerzas Armadas. Eran los días previos al golpe de Estado. Posteriormente, la derrota en la guerra de las Malvinas aportó un elemento más, de gran agresión a lectiva, al descontento nacional ante el régimen dictatorial militar. En estos hechos S 3 encuentran las claves que explican el amotinamiento o revuelta militar y los caminos de solución por los que se ha movido el presidente Alfonsín. Caminos de solución j u r í d i c a- p r o p i o s pues, de democracia- -por los que la Corte Suprema de Justicia establece tres niveles de responsabilidad para las represiones efectuadas durante el pasado régimen militar. Es solución limpia y digna de aplauso, desde luego, porque no se debe enturbiar el honor de todo un Ejército por las conductas punibles, ilegales, de varios de sus miembros. Se hará diferencia, así, entre quienes impartieron las órdenes, quienes las cumplieron en marco de debida disciplina y quienes cometieron delitos atroces, torturas, crímenes aberrantes. Era esta demanda motor de la sublevación militar, y por ella parece probable que una parte considerable de mandos intermedios del Ejército argentino se mantuviera sumada en espíritu a los resistentes en el acuartelamiento de Campo de Mayo. Cabe censurar con todo rigor el procedimiento, en abierta rebeldía, al que se han acogido los militares amotinados; pero no está claro que fuera justo negarse a una discriminación de responsabilidades concorde con principios penales de valor universal. Entendemos, por ello, que el presidente Alfonsín, al adoptar esta razonable solución, ha actuado con acierto político, con mentalidad de estadista, que celebran los argentinos y las naciones cuya democracia se basa en el mantenimiento, a toda costa, del Estado de Derecho. El presidente Alfonsín ha logrado además, con toda seguridad, dos objetivos primordiales para la política nacional argentina. De un lado, establecer las bases para que el Ejército argentino se integre sin recelos y con plenitud en la normalidad democrática y constitucional de la nación. Por otra parte, ha demostrado a su pueblo- -con especial aleccionamiento para minorías exaltadas- -que se pueden resolver problemas de muy grave apariencia con la sola fuerza de las instituciones y el prestigio de una legítima autoridad. LA VISITA DE LOS PRINCIPES DE GALES P OR encima del brillo personal del heredero de la Corona británica y del calor popular que despierta la princesa de Gales, parece o p o r t u n o hacer u n a r e flexión sobre la situación, particularmente interesante, que atraviesan las relaciones angloespañolas en un momento en que se anuncian cambios profundos en el proceso de unidad de Europa. A partir de 1975, las relaciones entre Londres y Madrid son más fluidas por razones de orden institucional: el regreso de la Monarquía a España ha abierto un canal de comunicación al más alto nivel entre las dos primeras instituciones de ambos Estados. Ni el palacio de la Zarzuela ni la corte de San Jaime entran en la política diaria ni en las opciones que enfrentan a los partidos. Pero ambas tienen en Londres y en Madrid una suerte de autoridad moral, de capacidad de consejo y advertencia en las grandes líneas de la política exterior. Y esto, que ha sido un hábito ininterrumpido en la Monarquía británica, es una tradición recuperada en la vida política española. Es posible que el actual príncipe de Gales no suceda en el trono a Isabel II hasta el siglo XXI. Pero ¿cómo negar el significado institucional de esta visita? Un cambio todavía silencioso pero de calado histórico empieza a perfilarse en la Europa del Oeste, en la remodelación de su defensa. El Reino Unido es, con Francia, la única potencia nuclear europea y esa condición le presta un margen de maniobra especial. España está reconstruyendo, precisamente en estos días, el esquema de su aportación a la defensa común. Y al fondo de todos esos cambios permanece irresuelto el problema de Gibraltar, como un factor de desgaste entre dos naciones próximas y amigas. El estudio que ABC publica en este número con la firma del embajador López Schummer es, creemos, una contribución no menor en el estudio de los acuerdos posibles. Conviene recordar, sin embargo, cómo las ambigüedades de los últimos gobierr nos españoles en materia de defensa son sabiamente utilizadas por Londres para presionar sobre los Estados Unidos y mantener su vieja tesis: es necesario que una potencia inequívocamente comprometida con la defensa común mantenga un enclave de control en el acceso al Mediterráneo. Esa política de seguridad europea se alienta desde Londres cuando Inglaterra pasa por una fase de recuperación: los errores del laborismo dejan a la señora Thatcher en una situación confortable, que le permite aspirar a un tercer mandato cuatrienal. Haya o no haya elecciones anticipadas, lo cierto es que el actual gobierno conservador ha conseguido dominar la inflación (3,4 por 100 frente al 8,3 de España) mientras la producción industrial sube el 5 por 100 en un año. El gran debate sobre la defensa europea, utilizado, en ocasiones excesivamente, por el gobierno de Londres para congelar de nuevo toda negociación sobre Gibraltar, estará presente como trasfondo de la visita del príncipe de Gales; también surgirá el desequilibrio financiero, comercial e inversor entre dos economías, una en franca recuperación y la otra todavía frenada por fuertes tasas de inflación y desempleo. Son realidades menos vistosas que el encanto personal de unos príncipes o el prestigio secular de su dinastía. Pero son el marco cierto de una visita que va más allá de los gestos. ABC Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirectores D. Valcárcel, J Vila, J. Javaloyes, M. Adrio. R. de Góngora, J. Amado Subdirector: Antonio Burgos Jefes de Redacción: J. A. Gundín (Contnuidad) J. C. Azcue (Internacional) B. Berasátegui (ABC literario) A. Fernández (Economía) J. I G. a Garzón (Curtura) A, A. González (Confinuriad) R. Gutiérrez ¡Continutáad) L Lz. Ntolas (Reportajes) C. Mantona (Continuidad) J. L Martin Descalzo (Sociedad) J. a m o (Edición) L I. Parada (Suplementos Eccoómcos) L Prados defePlaza (Conünutíad) C. Prat (Dominical) Santiago Caseto ICoiaboraaones) Secciones: J Rubio (Arte) J M. Fdez. -Rua (Ciencia) A. Garrido y J Espejo (Confección) J. C. Diez (Deportes) A. Yáñez (Edición Aérea) J Badia (Educación) E R Marchante (Espectáculos) J Pato (Gráfica) M. A. Flores (Huecograbado) F. Rubto (Ilustración) M. 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