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LUNES 20- 4- 87- LA FIESTA NACIONAL -Ayer, en la Monumental de las Ventas -ABC, pág. 65 Los de Santamaría desesperaron a público y toreros Había expectación y al final gran decepción Menuda expectación había por la corrida dominguera, que no parecía dominguera, sino de feria. Cuando Madrid era todavía Madrid- y o me entiendo- lo habitual era que un Domingo de Resurrección actuaran Manolo Escudero, Manolo el Andaluz y Pepín Martín Vázquez; Gitanillo de Triana, Pepe Bienvenida y Morenito de Talavera; Antonio Bienvenida, Rovira y Angelete. Yo no hablo de si aquéllos eran mejores que éstos, sino de la posibilidad de ver algo Esa posibilidad que durante años nos ha sido negada a los madrileños. Carteles domingueros, carteles de relleno, imposibilidad de lucimiento para los artistas. La de ayer podía salir bien o mal, ¿quién sabe lo que lleva dentro una corrida de toros? Pero por lo menos había esperanza. Los componentes de la terna sabían torear. Y cuando están inspirados, cada cual con su personalidad, lo hacen muy bien. Los tres estuvieron superior la pasada temporada en las Ventas. Yo estaba convencido que, pese a la vuelta de las vacaciones, el público iba a responder, porque la afición siempre toma la muleta cuando se le ofrecen garantías, ciertas garantías, de pasarlo nada más que regular... Lo intolerable son los carteles baratos con precios caros, con precios de San Isidro. Y no es fórmula y mucho menos una solución para el empresario y tampoco para el aficionado. No es de extrañar que la plaza registrara una gran entrada en una tarde soleada, espléndida, muy torera. manera. ¿Por qué no se lo llevó a los medios? No puso alma en su tarea. Y un torero de este estilo, sin sentimiento, queda en nada. Maldita abulia. Mató de dos pinchazos y media muy fea. Le pitaron con razón. Tampoco andaba sobrado de fuerzas el cuarto. Toda la brega transcurrió sin lucimiento. Sin embargo, la faena de muleta comenzó bajo los mejores auspicios, con dos trincherazos de oro, que se quedarían huérfanos de otros pases que esperaba el público que les iban a suceder. El toro se le quedó con la cara alta, sin entregarse. Miraba mucho al pecho del torero, sin fijeza en las embestidas. Curro no se confió. Tiró por la calle de enmedio: terminó de cuatro feos pinchazos echándose fuera. Sonaron los pitos. Pepín Jiménez tuvo destellos, como el de esta hermosa larga afarolada corto, tirando gañafones a la salida de las suertes con evidente peligro. Sánchez Puerto, al que se aguardaba con expectación, se nos fue inédito. Tendrá más oportunidades, que ganó con creces en la temporada del 86 en esta misma plaza. Destellos Pepín Jiménez toreó primorosamente de capa a su primero, que fue devuelto a los chiqueros por su evidente invalidez. En su lugar salió un sobrero de Marcos Núñez, que fue manso de solemnidad. Peleó broncamente, saliéndose suelto, sin que nadie se decidiera a que le picaran en la puerta del chiquero, que es donde se hubiera dejado pegar. Todo el primer tercio resultó una lidia infernal, sin que los habituales de la protesta levantaran la voz. El animal, pese a ser de Núñez (para, que vengan luego con los topicazos... se defendió con estilo de moruchón de capea. Andaba midiendo a su contrincante, buscándole con peligro y sentido. Jiménez lo trasteó a la defensiva con el único y comprensible deseo de salvar el pellejo. El sexto se fue para atrás por cojo, ¡resultó odiosa la corrida de los hermanos Santamaría! en su lugar salió uno de Guadaira, al que Pepín Jiménez toreó a la verónica con los brazos muy sueltos. El remate que siguió a la media verónica resultó superior, torerísimo. Durante la faena de muleta se produjo algún chispazo del buen corte torero del murciano; pero le encontramos precipitadillo por la desigual embestida del toro de Guadaira, que embestía dos veces bien y, a lo peor, en la siguiente resultaba destemplado. La faena, en su conjunto, quedó deslavazada, por debajo de lo que se espera de este fino torero. La verdad es que el cornúpeta poco puso de su parte. La corrida de ios hermanos Santamaría salió mala para los toreros y desesperante para los aficionados. Y pensar que no pasó el reconocimiento la de Higueró, según dicen ppr ser cornicorta. Perdimos en el cambio. Está visto que la procedencia de Lisardo Sánchez está saliendo sin el menor poder y en este caso, para mayor desgracia, no embistieron ISn Esperanza Había muchos deseos de ver a Sánchez Puerto después de los éxitos del pasado año; el primero fue muy protestado por su poquedad de fuerzas. Otros toros se han devuelto en esta plaza con mayor poder que éste; pero hay que reconocer que tenía nobleza, aunque evidenciara una clara querencia a las tablas. Había que plantearle la pelea desde el principio en los medios; pero acabó toreando al final el torero manchego donde quiso el animal. Tenía dos opciones: o llevárselo hasta la boca de riego o torear dándole los tableros. No se produjo ni lo uno ni lo otro; por tanto, no hubo el deseado lucimiento, sino muy buena intención y destellos de sus buenas hechuras toreras. Mató de estocada trasera. Sonaron algunas palmas. Manso fue también el quinto, de Santamaría. Toro que peleó sin emplearse en ningún momento. Al principio parecía que se iba a dejar torear. Curro Vázquez quiso hacerle un quite. Luego el toro acabaría defendiéndose. Sánchez Puerto probó mucho en el comienzo de la faena de muleta. Cuando se decidió a ofrecer la mano izquierda el toro se quedaba Deslucido Curro Vázquez se inhibió con el capote con su primer enemigo. Su banderillero Pirri fue el que lidió durante todo el primer tercio al flojo toro de los hermanos Santamaría. Muy mal Curro en su función de director de lidia. Daba pena ver al toro en manos del subalterno, sacándolo y poniéndolo en el caballo, porque su matador se limitaba a andar por allí de espectador. Con la muleta se mostró birlongo y precavido, trasteando en un terreno en el que el animal, corto de fuerzas, no podía ir de ninguna Ficha de la corrida Plaza Monumental de la Ventas. Gran entrada. Cuatro toros de Hermanos Santamaría, flojos y deslucidos. Uno de Marcos Núñez, manso y difícil. Otro de Guadaira, flojo y destemplado. Curro Vázquez, de azul marino y oro. Dos pinchazos y media estocada (pitos) En el cuarto, cuatro pinchazos (pitos) Sánchez Puerto, de azul y oro. Estocada corta trasera y un descabello (palmas) En el quinto, estocada media y un descabello (silencio) Pepín Jiménez, de blanco y oro. Un pinchazo y estocada baja y tres descabeílos (silencio) En el sexto, estocada baja y un descabello (algunas palmas) Un trincherazo de Curro Vázquez que nos supo a poco Vicente ZABALA