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44 ABC Impuestos ABC LUNES 20- 4- 87 España está a la cabeza de los países de la OCDE por esfuerzo fiscal Sólo una provisión igual de bienes públicos justificaría tal posición La presión fiscal es un concepto sencillo que mide el peso porcentual del sector público en el total de la economía. Normalmente se hace referencia a los ingresos del sector público. En España en 1985 los ingresos corrientes del sector público ascendieron a algo más de ocho billones de pesetas que, frente a un valor del PIB a coste de los factores de 28,1 billones de pesetas, supone un porcentaje del 28,5 por 100. Si en lugar de hacer referencia a los ingresos del sector público se consideran sus gastos hay que añadir a los igresos el déficit (6 vadas, para esta puesta en razón merece la pena adoptar el punto de vista de quienes aceptan la presión fiscal como indicador. Las declaraciones por renta de las personas físicas son presentadas por poco más de la mitad de los obligados Considérese un empleado de unos ingresos brutos cercanos (pero inferiores) a dos millones de pesetas. Las cargas de Seguridad Social suponen aproximadamente un 37 por 100 (que formalmente se reparten entre un 31 por 100 a cargo de la empresa y un 6 por 100 a cargo del empleado, pero que, en definitiva, pertenecen a la misma masa salarial y constituyen ingresos de la Administración) a esto hay que sumar un 14 por 100 de retención en el impuesto sobre la renta de forma que la renta resultante, tras restar al coste bruto las cargas sociales y fiscales, al contribuyente le queda un 49 por 100 disponible para gastar en artículos que probablemente estarán sujetos a un impuesto indirecto (el IVA) que supongamos es, en promedio, un 12 por 100, que aplicado al 49 por 100 es un 6 por 100 adicional, de forma que, sumando Seguridad Social (37 por 100) IRPF (14 por 100) e IVA (6 por 100) groso modo da un 57 por 100 antes de que entremos en fiscalidades municipales. En consecuencia, la porción de recursos absorbida por la Administración central en un caso concreto de un ciudadano que hace frente a sus cargas sociales y fiscales es bastante más de la mitad de sus ingresos. ¿Qué se recibe a cambio? por 100 del PIB) el cual va a tener que ser pagado, más tarde o más temprano, por el contribuyente, con lo que se obtendría un 34,5 por 100. Esta nueva cifra es un 21 por 100 superior a la presión final inicial. La renta neta disponible, por otra parte, tieSi los ingresos del sector público fueran ne un valor distinto según sea mayor o menor pagados por la totalidad de los ciudadanos, y y mejor o peor, la provisión de bienes públitodos pagasen lo mismo, la presión fiscal secos, ya que si enseñanza, sanidad y, por ría un buen indicador. Sin embargo, en Espaejemplo, las autopistas son gratuitas, la renta ña las declaraciones por renta de las personeta permite una calidad de vida muy diferennas físicas son presentadas por poco más de te. Esa calidad de vida hace más llevadera la la mitad de los obligados a la presentación, y carga fiscal soportada por los ciudadanos y cabe pensar que las cifras declaradas son inno debiera omitirse al habtar del esfuerzo que feriores a las rentas efectivas, a juzgar por se pide al contribuyente para sufragar los bielas inspecciones que deben realizarse y por nes y servicios públicos. los resultados que obtienen, de modo que Afortunadamente, la sensibilidad hacia el aceptemos que es el 50 por 100 el que cumple con esa obligación. Entonces resulta que buen uso de los ingresos estatales y al cuidauna presión fiscal (la que fuere) si es soporta- do con que tratar el dinero del contribuyenda por la mitad de la población supone una te (como dicen las películas americanas) es carga real doble de la que correspondería- si creciente. Conviene además que se sepa de fuese asumida por la totalidad de los obliga- qué se habla y a qué cantidades se hace redos. Falta saber si de pagar todos aJa Admi- ferencia. Para situarse puede añadirse a las nistración reduciría la presión fiscal o bien se cifras mencionadas en el primer párrafo la evolución de los ingresos públicos en el ejerapropiaría de la diferencia. cicio de 1986, que, según cifras de los once primeros meses, aumentó en un 30,6 por 100 el Impuesto sobre Sociedades, en un 5 por Doble presión fiscal 100 el de la Renta y en una proporción aún no establecida los impuestos indirectos cuya recaudación ha subido por efecto de la imEn realidad, aunque el incumplimiento triplantación del IVA y los recursos adicionales butario en España es grande no llega a que la. presión fiscal real sea el doble de la apa- obtenidos gracias a la baja del precio del perente porque los impuestos indirectos son pa- tróleo. En consecuencia, la presión fiscal en su aceptación más baja puede haber subido gados por toda la población (al menos en 1,5 por 100 del PIB y alcanzar el 30 por 100 cierta medida mayor que los directos) y no del PIB, cifra homologable con muchas de olvidemos que en la actualidad se pagan más impuestos indirector que director, pero, por otros países, pero que, una vez más, debe otra parte, hay otras obligaciones fiscales y acotarse debidamente y no confundirse con parafiscales que cabría considerar, así que un indicador de esfuerzo exigido al ciudadaquizá lo más apropiado sea partir de un caso no, -menos aún, al ciudadano que paga. concreto y evaluar lo que cuesta el sector púJoaquín TRIGO Francisco VALERA blico. Renta per cápita Aunque la presión fiscal se utiliza en comparaciones respecto al peso relativo del sector público en distintos países (a veces vista desde el punto del gasto) no es un indicador adecuado del sacrificio que supone para el ciudadano el sostenimiento de su sector público. Para aquilatar este aspecto se usa un indicador denominado Esfuerzo fiscal que se obtiene como cociente del peso del sector público en la economía dividido por la renta per cápita media en dólares. Cuanto menor es la renta per cápita, a igualdad de peso del sector público, más esfuerzo fiscal se realiza; en otras palabras, menos renta libre le queda al contribuyente. Si se ubica a España entre los países de la OCDE de acuerdo con la presión fiscal ocupa uno de los últimos lugares. Si, por el contrario, se ordena a los países de la OCDE según el esfuerzo fiscal que soportan, España ocupa un lugar destacado entre los primeros de la lista, con lo que cabe la pregunta ¿cuál indicador es el bueno? Para el Gobierno lo es el que da un menor valor, para los críticos de la creciente presión fiscal el bueno es el segundo. Sin embargo, es posible poner de acuerdo a las dos opiniones, la que dice que el peso del sector público es pequeño y la que dice que las exigencias fiscales son ele-