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19. abril- 1987 ABC III Belleza maculada Pied Beauty Glory be to God for dappled thingsFor skies of couple- colour as a brinded cow; For rose- moles all in stipple upon trout that sw im; Fresh- firecoal chestnut- falls; finches wings; Landscapes plotted and pieced- fold, fa llow, and plough; And all trádes, their gear and tackle and trim. All things counter, original, spare, strange; Whatever is fickle, freckled (who knows how? With swift. slow; sweet, sour; adazzle, dim; He fathers- forth whose beauty is past chanfáe: Praise him. (G. M. Hopkins) Beauté Piolée Gloire á Dieu pour les choses bariolées, Pour les cieux de tons jumelés comme les vaches tavelées, Pour les roses grains de beauté mouche tant la truite qui nage; Les ailes des pinsons; les frais charbons ardents des marrons chus; les paysages Mórceles, marquetas- friches, labours, paca ges; Et les métiers: leur attirail, leur appareil, leur fourniment. Toute chose insolite, hybride, rare, étrange, Ou moirée, madrurée (mais qui dirá com ment? De lent- rapide, d ombreux- clair, de doux amer, Tout jaillit de Celui dont la beauté ne change: Louange au Pérel (Versión de Pierre Leyris) Belleza maculada Gloria a Dios por las cosas variopintas: por los cielos cual reses berrendas, a dos tin tas; por la mota rosada que en la trucha que nada pinta pintas de antojo; las caídas castañas, frescas ascuas al rojo; las alas del pinzón; y las campañas ensambladas de partes; redil, labor, barbecho; y todos los oficios con sus artes, su apero, su pertrecho. Todo lo peregrino, singular; cuanto de raro y vario ha sido hecho con modo de mudar; todo lo que motea (mas ¿a quién se le alcanza? con premura y templanza, acritud y dulzura; aquello que fulgura y que sombrea, así lo engendra Aquél cuya hermosura se halla más allá de la mudanza: Loado sea (Versión de José G. García- Valdecasas) El poema de Hopkins que antecede se consideraba imposible de traducir. Pero lo tradujo Pierre Leyris. El mundillo internacional de filólogos y traductores literarios pronto comprendió la proeza ligüística que suponía verter al francés una poesía inglesa de tan excepcional complejidad y riqueza conservando- o mejor dicho, recreando- la rima, el ritmo interno, la aliteración, la fuerza evocadora de las asociaciones de ideas y palabras, amén del sentido exacto del texto original. Después de conocerse la antología de Hopkins escogida, comentada y traducida por P. Leyris (París, 1980) dejó de ser lícito contraponer como géneros mutuamente excluyentes traducción literal y traducción literaria. Una exhibición de virtuosismo difícilmente igualable comentó The Times Literary Supplement (2612- 1980) Una imposibilidad donde haya afirma George Steiner, que en su libró After Babel incluye Beauté Piolée, junto con tan sólo otro ejemplo, en una short list of supreme translations de todas las lenguas y épocas históricas. Comentando con José Guillermo García- Valdecásas, meses ha, esta fama de imposibilidad vencida de Pied beauty Beauté Piolée, tuvo aquél un gesto espontáneo: saltó al ruedo frente at reto de las reses berrendas del poema, dispuesto a traducirlo al español. Yo aporté un poco, mis conocimientos de inglés; él un mucho, su extraordinario oído poético. Tras días y días de faena surgió la versión que acabo de ofrecerles. Es de aplicación- e n este caso sin falsa ni verdadera modestia- la frase consabida: cualquier error será culpa mía, y mérito de mi amigo cualquier acierto. Y no es poco togrd, creo yo, haber conservado la belleza sensual del poema inglés pese al durísimo pie forzado de la literalidad absoluta y de la afinidad con la métrica original. Se escogió una alternancia libre de versos de siete y once silabas- propio de cierta mística castellana- más alejandrinos, con hemistiquios. Mientras de; senrollábamos el suntuoso tapiz de imágenes nos venían a la mente clásicos retazos españoles de figuras similares: Nace el bruto y con su piel que dibujan manchas bellas... (Calderón) Erizo es, el zurrón, de la castaña (Góngora) Y sin embargo a nadie se parece del todo, ni en estilo ni en personalidad, Gerard Maniéy Hopkins, S. J. Nacido en 1844 de familia acomodada, estudió lenguas clásicas en Oxford, donde a los veintidós años se convirtió a la fe católica. En 1868 ingresó en el noviciado de los jesuítas, y fue ordenado sacerdote ocho años más tarde. Ejerció la cura de almas en barrios miserables de Glasgow y en otros lugares, y al final de su corta existencia enseñó griego en Oublín, donde murió en 1889. Muchos años después, en 1918, su amigo Robert Bridges dio a conocer la obra poética de quien en vida había querido permanecer ignorado. Apartado Hopkins de las corrientes literarias de su tiempo, sacrificando todo por amor a Dios (aun su poesía, que llegó a quemar en cierta ocasión y se abstuvo de continuar en otras) consiguió sin buscarla la más completa originalidad en el fondo y en la forma. Valga como muestra de tan fecunda paradoja esta Belleza maculada, donde la hipnótica observación de la naturaleza se vuelve himno a Dios y el poeta agradece al Creador precisamente cuanto a otros hombres desconcierta: manchas y contrastes, sombras y tornasoles, como si lograse ver el sentido oculto de la creación bajo la aparente ambigüedad, tras el azar equívoco que a los demás nos desazona... Acaso Hopkins con su vida humilde y su visión penetrante cumplió mejor que nadie el orgulloso lema heráldico de su familia: Esse quam videri, ser, más que parecer TAMARÓÑ