Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC, pág. 28 1 TRIBUNA ABIERTA VIERNES 17- 4- 87 S el drama de la pasión, muerte y resurrección de Cristo tan nuestro; se interpreta esa angustia de Dios tan a lo vivo; se reza de manera tan peculiar y profunda en los templos, en las capillas, en las catedrales; es su recuerdo tan trascendente ya en la Historia de cada lugar de la ancha, vieja y generosa España, que muchas veces tendremos que preguntarnos si no ocurriría aquí Por eso, cuando llegan estos días de preámbulo a lo que luego será dolor. y tristeza, pero también resurrección, nos sentimos de pronto como inmersos en esa inmortalidad que Jesucristo quiso darnos para hacernos eternos y nos sentimos orgullosos, como españoles, del homenaje que rendimos a Dios cuando evocamos su pasión. En esta evocación, cuando parece como si toda España se hubiese metido de golpe en el costado del Señor, herido por la lanza de Longinos, si nos ponemos al borde de un sendero de luz y dolor, sintiendo cómo las procesiones caminan en un dramático silencio y entre los cristianos viejos va muerto en entierros que parecen de tercera, yo he sentido que en el libro prodigioso y profundo de la Semana Santa de España aún quedan muchas páginas por abrir. Y porque este pueblo ancho y generoso que es Madrid es mucha España, toda la España, he aquí que hay tantas cosas que decir, de esta pasión y muerte de Dios, en la capital del Reino. E LA SEMANA SANTA DE MADRID EN LA TRADICIÓN Y LA FE La tradición semanasantera de Madrid se remonta a varios siglos atrás y dice la leyenda, que tal vez no lo sea tanto, que fue tras la conquista de la ciudad por Alfonso VI cuando se ordenó se conmemorase públicamente este drama y esta resurrección. Ateniéndonos a más cercanos relatos se sabe que en el siglo XVI, terciado el mismo, salían a las calles de la Villa, por acuerdo de la Sala de Alcaldes, algunas procesiones que se ordenaba fuesen a Santa María, derecho a la plaza de San Salvador y, por la calle Platería, a la puerta de Guadalajara y, por la calle Mayor, a San Ginés, e dos a la puerta o plaza de las Descalzas y al Postigo de San Martín; e a la calle de los Tudescos arriba, e dos a la puerta de Fuencarral y a Leganitos y a Palacio En el año de 1604 salieron nada menos que cinco procesiones. El Jueves Santo, a las tres, del monasterio de la Trinidad a Palacio, luego a la iglesia Mayor y a su casa Y el Viernes Santo, día en que España entera amanecía de luto, cuando el alba, de mañana y por la tarde, de los monasterios de la Merced y de San Pablo y de la iglesia de San Agustín, tres procesiones. Según una antigua tradición madrileña, también piadosa, los pasos hacían estación ante los Reyes. En el año 1678 se organizó una procesión que hacía parada ante el monasterio de las Señoras Descalzas y luego ante el de las Señoras de la Encarnación. En el primero había dificultad para meter los pasos por lo que los señores cofrades se soliviantaban y ponían nerviosos Con el tiempo y por aquello de que las procesiones iban a pasar siempre ante los Reyes, comoquiera que éstos estuviesen una En el siglo XIX, no obstante tales avatares, que no eran pocos, en el Madrid de las severas costumbres, de los ancestros culturales, del espíritu Por Isabel MONTEJANO hidalgo, caballeroso y religioso, se continuaba manteniendo una Sevez en un sitio, otras en otro, la carrera promana Santa capaz de seguir con la tradición, cesional fue cambiada. alentada por la llama viva de la religión. Plazas y calles de Madrid, con nombres Estas y otras costumbres que no podemos evocadores para estas procesiones de Semaresumir aquí son las que Madrid no puede olna Santa, cuando el pueblo se lanzaba a la vidar. Teniendo por tenerlo todo de España calle, seguidor entusiasta de sus Vírgenes y un acento especial de Semana Santa, hay sus Cristos. Y porque eran los gremios entoncosas que no requieren de lo espectacular. ces los que organizaban las Hermandades, Como esa procesión del Viernes Santo en el ese Jesús atado a la columna que sufría y monasterio de las Descalzas Reales, que tosudaba sangre era de los porteros de Corte; davía se celebra, que recorre el claustro reel que llevaba la cruz a cuestas pertenecía a vestido con los ricos tapices flamencos tejilos confiteros; estaba el Crucificado de los dos sobre cartones de Rubens por el que escribanos, la Virgen de la Soledad de los sale el Santo Entierro, con un Cristo Yacente cerrajeros, herreros de grueso y chapuceros; de Gaspar Becerra, portado por sacerdotes y el Ecce Homo de los empedradores, la Veróbajo palio, que lleva a su Costado Redentor, nica de los aceiteros y vinagreros, el Cirineo por privilegio pontificio, único en el mundo, un de los zurradores, otro Crucificado de los coViril con el Santísimo Sacramento. mediantes, una Nuestra Señora del Traspaso de los sastres y otra de la misma advocación No sé si a su paso por las calles madrilede los carniceros; el Santo Sepulcro de los ñas se va a encontrar Cristo, en 1987, mucurtidores, un Cristo de los traperos, el de la chos Cirineos y Verónicas dispuestos a ayuAgonía de los zapateros, el Descendimiento darle, a echarle una mano, a enjugar su rosde los carpinteros y los esparteros, la Vera tro con un paño. Más bien creo que de unos Cruz de los tratantes, la Soledad de los niños, la Dolorosa de los alguaciles de Corte, y otras quedan pocos. Pero quizá en la esquina dramática de las noches de Madrid esla de la Cruz de los cabreros y alfareros, el tén esperándole con los turbios ayeres de su Jesús de los alarifes y la Virgen de los bordadesesperación los que trafican con la falsa dores. moneda de la droga y el pico los que no saben a quién hacer responsables de su doLos nazarenos iban vestidos decentes y liente torpeza y quizá han pensado que valcon capas cortas porque se había prohibido dría la pena encontrarse coi El para poder expresamente hacer manifestaciones de estirar su doliente tristeza sobre el hombro suntuosa vanidad según un bando de la Sala de Alcaldes. La gente del pueblo llano desgarrado de Dios, que aún aguanta. Los que llevan siempre entre las manos el caudal se apretaba en las calles de Madrid, con hondo de las tragedias vividas día a día, en menguadas aceras, buscando, a codazos un los pozos infames y oscuros de los olvidos. sitio entre el barullo para reconocer a los peLos que extienden su cartel a la puerta del nitentes, aunque por 1670 estaba prohibido Metro por la que pasamos en taxi, pidiendo llevar las caras cubiertas con capirotes y que trabajo. Los chavales que se acercan a limla noche sorprendiera en la calle a las procepiarnos el cristal del coche, aunque esté limsiones Un alcalde, vestido de garnacha y pio, o a vendernos unos pañuelos de papel. capa y provisto de vara, presidía los pasos Los que no tienen casa y además les tiran asistido de alguaciles, porteros y escribanos las chabolas. Los gitanos de La Celsa, los de su ronda. que no comen ni caliente ni frío, los que busOtra costumbre madrileñísima y seguida de can trabajo y no lo encuentran, los que nunca cerca por el pueblo era las estaciones del tuvieron un trabajo... Jueves Santo. Los Reyes la rodeaban de Sí es posible que sean esos los Cirineos y gran austeridad y cumplían, como ejemplo, haciendo a pie los trayectos entre las igle- las Verónicas del siglo XX con los que esta sias, seguidos por las literas de respeto, ex- Semana Santa se encontrará Cristo en Macepto aquel año en que fueron a visitar al drid. Un hombre doliente, desgarrado, martiriSantísimo en la iglesia de Santa María de zado, vendido, traicionado, que sabe muy bien por qué esta ciudad, donde hubo siemPinto, que estaba a unas tres leguas. pre lo que conmueve y lo que asombra, no Cuando Madrid no había dejado de ser un ha querido jamás renunciar a su costumbre poblachón manchego, como lo calificara semanasantera. Que es, en definitiva, anticiFrancisco de Quevedo, aun siendo ya Corte, po del triunfo de la resurrección, del aleluya, con trece parroquias en 1766, se aferraban porque no es la nuestra una religión pesimislos madrileños a las costumbres de antes y ta, pero. sí es anticipo de un Domingo de Glolas procesiones, pese a que hubiesen entra- ria en el que nos podemos acercar a ese Jedo en la decadencia, salían inspiradas en una sús Resurrecto para pedirle ayuda para Esfe rica y profunda, pero sostenidas por una paña, para Madrid, para nuestros pueblos, notoria pobreza. En 1815, la Sala de Alcaldes para nuestras ciudades, para todos los homde Casa y Corte tuvo que prohibir ciertos bres del mundo. Y como dijo un pregonero desmanes a que se entregaban algunos pica- ilustre de esta Semana Santa de Madrid, nos ros madrileños, que gente para todo había y atreveríamos a acercarnos y decir: Señor, porque las costumbres de las carnavaladas ¿es herético decir que también nosotros arno cedían ni al llegar la Semana Santa. De- demos en deseos de ayudarte a llegar a la muerte para cantar el aleluya de tu gloria? cayeron finalmente.