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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 17 DE ABRIL DE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC palabra por palabra es un quehacer arriesgado: se tienen, sí, unos cascarones identificados, pero ¿lo que hay dentro de ellos es identificable? Quienes leen o escuchan en el siglo XVI, en el siglo XVIII, en el siglo XX, ¿saben lo que trasciende de esas palabras cotidianas? Y ni siquiera esto, pues no todas las palabras son cotidianas. Porque el respeto de los traductores de Constantinopla o de Ferrara quería evitar el error, pero el texto se hacía ininteligible. Se sabía en el siglo XVI y sus propios defensores sufrían incertidumbres por la traducción, pues aunque a algunos paresce el lenguaje della bárbaro y extraño fue forzado seguir el lenguaje de los antiguos hebreos españoles Nacía así una lengua sacralizada, separada totalmente de los usos cotidianos y a la que tratamos de acercarnos hoy. REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID oral de los judíos españoles. Pero tradición es también el prodigio de su cultura más erudita. Un día vino a mis manos sin darme cuenta del milagro que acabo de descubrir. Porque algo de lo que sabemos del mundo sefardí se ha ido generalizando y hasta trivializando. Pero situémonos en 1949, ¿qué interés había suscitado entre nosotros la literatura culta de los judíos? Pero, ¿por qué tan lejos? ¿cuántos de nuestros alumnos hoy han oído hablar de lo que el ladino significa? Para nuestra cultura, para que podamos hacer una historia lingüistica, para asegurar nuestras etimologías y, sí, también, para el deleite de la creación artística. Acababa de hacer un humilde descubrimiento personal que sólo el buen Dio sabía a qué pasos me iba a llevar. Era un domingo y en un puesto de periódicos vi Hagada de Pesah (en español) Adquirí esas pocas hojas, en papel deleznable, toscamente impresas, no mucho más que un pliego de cordel. Sin embargo, allí, en aquella tenducha sefardí, se conservaba un espléndido testimonio de nuestra tradición. Para mí, ya, un camino de investigación abierto antes de cumplir los veintiséis años. Porque aquellas hojas tan de vida insegura me han acompañado muchos días de mi vida. En los mel- lahim marroquíes o en las sinagogas de Nueva York, en mis andanzas de investigador por las bibliotecas del ancho mundo en las que pude trabajar. Un día, un amigo judío organizó la cena de Pesah en su casa del Central Park y, en mi honor, trajo un cantor de las Bermudas: aquel hassan que iba a recitar- lenta, infinita- la lectura ritual de la Pascua había sido ¿cuántos? ¿treinta años atrás? mi amigo en Tánger y en Tetuán. La lectura no eran aquellas hojas volanderas que yo guardo con amor, sino la voz solemne que, entre llantos de mujer y compases de bordón, va cantando los dolores de los hombres de Israel por las tierras de su éxodo. Y, otra vez, en los textos y en la vida de unos hombres, se abrían las flores de la tradición. No olvidemos: cuando Alfonso el Sabio hace traducir los textos bíblicos desde la lengua sagrada al español, está dando fe de vida al ladino. La traducción palabra por palabra de la verdad revelada. Después, en el siglo XIV, estará la Biblia escurialense que publicó el padre Llamas; en el XV, aquella maravilla gue es la Biblia de Alba, traducida por Rabí Moshé Arragel de Guadalajara; en el XVI, la culminación ferrarense. tenemps aquí una apasionante historia, pero que fue- a d e m á s- una historia apasionada. Porque inventó una manera de traducir que venía impuesta por el respeto a la palabra divina; entonces, el hombre no debe sino buscar las equivalencias, pero no interponer sus interpretaciones. Cuando los sabios de Ferrara dicen en 1553 que su Biblia está en lengua española traducida palabra por palabra de la verdad hebraica están asentando unos principios que se repetirán en 1611, en 1630, que duran aún en las hagadot lecturas rituales de la Pascua que oí en Marruecos o en Nueva York. Esto no es otra cosa que devociones a una tradición que, incluso, no entendida, sigue manteniéndose viva. Porque traducir M UCHAS veces he hablado de la tradición LECTURAS SEFARDÍES DE LA PASCUA bros de la Sacra Ley (1695) pero, con otras razones no menos atendibles que las de los sabios ferrarenses, dice atinadamente que al traducirlo palabra por palabra pensando hacer con ello más fácil la inteligencia de sus expresiones y conceptos, los oscurecieron En el siglo XVIII, Isaac Nieto tentó el asalto en el Orden de las oraciones de Ros- ashanah y Kipur (1740) en la portada del libro estampó que la traducción era fiel al original hebreo, pero el estilo, corriente y fácil Las razones- muchas y ponderadas- de Isaac Nieto dejaron sin sentido al quehacer de Ferrara: se traduce del hebreo porque el hebreo no se entiende, pero la traducción, llena de palabras impropias, bárbaras, antiguas y toscas sigue siendo ininteligible, ¿hemos de venerar los yerros por antiguos? Porque lo que de esto resulta es que nos hacen rezar en castellano- hebraico; que no es ni hebraico ni castellano Tenía razón. Y, sin embargo, el ladino siguió vivo entre los rezos rituales, porque era la lengua de una determinada tradición. Y ahí sigue. La Hagadá de Pesah marroquí posiblemente tiene sus antecedentes en la de Liorna y es un espléndido modelo- e n su pobreza, en su aparente insignificanciade lo que es esta vida de la tradición sefardí. Porque en 1949 (y hoy, por supuesto) esas cuartillas con las lecturas rituales tenían voces españolas que eran propias del En el siglo XVII, Josef Franco Serrano, profesor de hebreo, imprimió Los cinco li- siglo XIII y que no llegaron al XV (como escuantra contra mochiguar multiplicar partijas partes alguna languideció después (lacerio tribulación muchas han quedado relegadas a las hablas rústicas o dialectales ahondo plenamente cuadrupea ganado seseña pan sin levadura yebdo pan con levadura -Esto nos prueba que esa lengua que fue el ladino se elaboro lentamente y los elementos léxicos sirven de hitos para establecer una cronología. Pero esos arcaísmos castellanos no son raras supervivencias al margen de otros hechos, sino la conservación total de una lengua que es castellana y en la que se incrustaban voces con carácter sacralizado. De ahí las mil palabras que presentan significantes románicos aunque su formación no sea la habitual o el significado poco tenga que ver con su origen. Incluso se da vida a términos latinos que nunca existieron en español y a los que se conforma con las normas de evolución de nuestra lengua. Conservar tantas y tantas antiguallas, respetar tantos y tantos elementos que difícilmente se comprenden, mantener tantas y tantas deturpaciones, sólo se explica por el amor a esa tradición. Comprensible siempre, pero dramáticamente entrañada en los judíos, cuya vida fue un manadero de adversidades a las que vencieron porque la fuerza les venía de los libros sagrados y de la fe de sus mayores. En el principio era el Verbo pero el Verbo es la palabra y la razón: respetar la palabra significa tanto como conservar la razón; cambiar la razón es dejar vacía a la palabra. Lo que la tradición ha hecho ha sido mantener todas las fidelidades. Trascendencia última que justifica, más allá de la propia contingencia, la duración de unas formas de cultura y de una religiosidad sin modernidades. Lo hemos visto en dos tipos harto diferentes de literatura, pero imprescindibles para comprender el hecho único del respeto a ultranza de lo que ha sido. Y lo que ha sido es lo que ha de ser, para que un pueblo tenga su propia vida y su inalienable presencia entre los demás pueblos. Con esto ya es mucho. Pero al repasar las páginas marroquíes de unas lecturas rituales, nos encontramos con tradiciones que también son nuestras. Desde la lingüística (mi costumbre he hablado de una hagadá en español. Pero no detengamos aquí nuestro quehacer: el Museo Británico conserva las quince ilustraciones de una obra maravillosa, la llamada Hagada áurea la más suntuosa exornación de cuantas lecturas rituales conocemos. Y es una hagadá española del siglo XIV, hecha en Barcelona, inspirándose en los modelos góticos de la Francia septentrional de finales del siglo XIII. Además, el más venerable de los textos hebreos que se han impreso es, también, español, y también una hagadá, impresa en Guadalajara en 1482. La tradición se ha cerrado: literatura oral, lengua religiosa, pintura, arte de imprimir, unidos todos en esas lecturas de Pascua en las que el pueblo hebreo conmemora su cautiverio y su liberación. Todo al servicio de ese hecho capital que fue el Éxodo, y en torno al cual ha girado siempre la propia vida de Israel como nación. Manuel ALVAR de la Real Academia Española PRINCIPE DE VERGARA, 29 MADRID