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58 AB c XXV ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE JUAN BELMQNTE MARTES I- A- 87 E RA hacia el año días, y apenas se enteSebastián Miranda, el gran escultor asturiano, fue íntimo amigo de Juan Belcincuenta y tanraba de mi salud colgamonte. No solamente realizó espléndidas esculturas del genial torero, sino que tos, en Sevilla y escribió artículos como el que reproducimos, publicado en su día en ABC ba indefectiblemente, en su Feria de Abril. diciendo: -Adiós, que Salía yo de la plaza de la Maestranza con gar citado y allí me encontré a la deliciosa esto es muy caro. Juan Belmonte, que se quedó mirando hacia Cogí el teléfono algo inquieto: Chinita rodeada de un numeroso grupo de su Triana con gran nostalgia. ¡Cuántos evo- ¿Qué tal va ese veraneo? -comenzó. jóvenes de ambos sexos. Al divisarme me cadores y gloriosos recuerdos pasarían por. -Estupendo- l e dije- aunque hecho muy hizo señas ansiosamente para que me acersu mente! Las gentes rebosaban satifascción. case. Ocupaban tres mesas colmadas de va- de menos mi casina, el taller y los amigos. Casi todos le saludaban al pasar. Otros le mi- Pues en Madrid, salvo las noches que resos de güisqui y fuentes de jamón serrano. raban de reojo y advertían a los suyos, por lo Me presentó a sus acompañantes que, poco fresca excesivamente, tenemos un tiempo bajo: a poco, se fueron levantando para bailar, y a ideal. Todos los amigos te echamos muy de menos. ¡Qué almuerzo te perdiste hoy! Unas- Mira, chiquiya ese es Juan Belmontemedida que se iban, contemplaba aterrado ventriscas de bonito que estoy seguro no te y volvían la cabeza contemplando con gran los innumerables vasos y las fuentes de jalas ponen mejor ahí. Y qué vinos estupendos, curiosidad al torero legendario. Se nos acercó món, haciendo cálculos al recordar la cuenta y unos cigarros como no he fumado otros un tipo de mala catadura que, con gran des- que había pagado Juan el día anterior por mejores en mi vida. parpajo, le pidió cuarenta duros, pretextando cuatro güisquis y un helado. Al fin, la Chinihaber olvidado la cartera. -Toma cinco y vete en un taxi a buscarla- l e dijo Juan. Vinieron varios amigos hacia nosotros: Eduardito Miura, José María Medina, Pepe Cova y Alfredo Pickman, que estaba radiante de alegría. ¿Os habrá gustado Curro Romero, verdad? Al fin le vimos torear un toro a placer. ¿Querrás creer, Juan, que me recordaba a ti? A lo que comentó éste con zumba: -Todo el que hace bien el toreo tiene forzosamente que parecerse a mí. -Tampoco ha estado nada mal Mondeño- dije y o- Emana de él tanta bondad y misterio que me da la impresión de hallarse ausente de todo lo que le rodea. -Qué cosa más extraña- me decía para Y Pickman, con su chispeante ingenio, he- ta se levantó a bailar con su pareja y me quedé solo. Se acercaron un par de camaremi caletre- Este hombre, que siempre que redado de todos los suyos, comentó: ros, que miraban alternativamente y con cierme llamaba no tardaba ni medio minuto en- Pero ¿os habéis fijado lo impávido que se quedó después del revolcón? Talmente ta impertinencia tanto a mí como a los restos, colgar y ahora, para decirme que está almorbajo cuyos, platos había varios papelitos con zando con los amigos, se tira media hora al parecía que habían cogido a otro torero. las respectivas cuentas. Perdí la esperanza teléfono. ¡Menudo va a ser el importe de la Y José María Medina terció diciendo: de que Belmonte apareciese y me lo imagina- conferencia! Pero ahí me las den todas. -A mi lado estaba Curro Duran, que al dar- Óyeme- continué- ¿ves ahí al Caña? la vuelta al ruedo Mondeño, dijo que sentía ba sentado en su tertulia de Los Corales, regodeándose al pensar en los apuros que yo- Precisamente está aquí con todos nosoganas de cantarle una saeta: estaría pasando. ¿Cómo es posible que tros y quiere saludarte. Fuimos caminando a pie hasta el hotel. Juan, tan gran amigo, gozase al verme en Y se puso Cañábate, y Domingo Ortega, y Huyendo del enorme bullicio, conseguimos estos trances tan violentos y desagradables? Julio Camba, y Ramón Pérez de Ayala y Juaacomodarnos en una mesita apartada en un Pero las chuflas eran su mayor debilidad. nito Cristóbal- llevábamos cerca de una rincón. Eramos cuatro. Pedimos unos güisAl fin, ¡oh, divina Providencia! aparece mi hora. Finalmente, pedí que volviera Juan a quis y el cabo de un rato se nos unió Cossío, que bajaba del cuarto de Curro Romero, y gran amigo Ralph Forte con media docena de coger el teléfono. millonarios norteamericanos preguntándome- Escucha, antes de irte a Sevilla pásate tomó un helado. Continuamos comentando por mi casa y pregunta a Sari si necesita allas incidencias de la corrida. Belmonte, con si están ocupadas aquellas mesas. -L o estaban- l e dije- pero sospecho que gún dinero y le das fo que te pida. su habitual discreción entregó al camarero un- También está aquí, que desea hablar billete de mil pesetas y al traerle la vuelta y tardarán en volver. Y después de ponerle a Forte en antece- contigo. advertir que ésta se reducía a unas escasas dentes aproveché la coyuntura para largarme; Sólo entonces cai en la cuenta de la broma monedas le dijo: prometiéndome en adelante ser más precavi- que me había urdido. Y se puso Sari: Pa lo que quea guárdatela, muchacho. -Señor, esta mañana, bien temprano, me Al día siguiente, después del desayuno, me do. Aquel mismo año estaba pasando unos llamó don Juan pidiéndome que les preparaanunció Juan: -Hoy no te acompaño a la corrida. Prefiero días en Somió, en casa de mi hermana, ca- se un buen almuerzo para ocho. Y con los mejores vinos de aquellos que por Navidad le dormir la siesta. Cada vez siento mayor desá- sada con el médico Tinturé. Terminábamos regaló la señora de Urrutia y los cigarros de nimo en ir a los toros. Si los toreros quedan de almorzar a la sombra de unos frondosos mal tengo un berrinche y si quedan bien sien- castaños, desde donde se oteaba un panora- don Jaime Urquijo. Espere un momento que don Juan quiere volver a hablar con usted. to una gran nostalgia del tiempo que pasó. ma paradisiaco con el fondo lejano del mar y Y no oi más que una carcajada que intePero me vas a hacer un favor. A la salida de la incomparable playa de Gijón. Era el cumrrumpió un instante para decir: la plaza pásate por el hotel y espérame en la pleaños de mi sobrina Rosina y habían venido algunos invitados. Apenas acababa de en- Adiós, adiós, que esto es muy caro. mesa de la Chinita con quien estoy citado. Al volver a la mesa me esperaban todos La Chinita en cuestión era una encanta- cender mi cigarro cuando me anunciaron que Juan Belmonte me llamaba al teléfono desde muy extrañados, pero la sonrisa con la que dora muchacha, hija del embajador de la ChiMadrid. trataba de disimular mi turbación les tranquilina nacional en Estados Unidos. Sentía una- Qué cosa más extraña- iba pensando- zó. desmedida afición por el toreo y varias veces ¡Cuánto te quieren tus amigos! Ese Juan la había visto yo, en el cortijo de Juan, ante en plena canícula abandonar a su Sevilla, no puede pasar sin ti. unas vaquillas, realizar las suertes con gran precisamente en esta época que aprieta el calor, que es lo que le encanta. serenidad v no escaso valor. Sebastián MIRANDA En Madrid me llamaba siempre cada pocos Me dirigí, pues, a la salida de la plaza al lu- Chuflas de Juan Belmorite