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ABC, pág. 46- RELIGION -MARTES 7- 4- 87 Calurosa acogida de miles de porteños al Papa en la histórica plaza deMayo Alfonsín agradeció su mediación en el contencioso de Beagle Buenos Aires. José Alejandro Vara Decenas de miles de porteños se congregaron ayer en la histórica Plaza de Mayo de Buenos Aires para dar la bienvenida a Su Santidad el Papa Juan Pablo II, en su segundo viaje a la Argentina. El Santo Padre llegó al aeropuerto procedente de Chile a primeras horas de la tarde, donde fue recibido por el presidente Alfonsín y los miembros de su Gobierno. Alfonsín agradeció al Sumo Pontífice su mediación en el conflicto de Beagle. El Papa dedicó sus primeras palabras en la tierra argentina a recordar las particulares circunstancias de su anterior visita (en plena guerra de las Malvinas) e hizo un ferviente llamamiento a la paz y a la concordia entre los pueblos. Desde allí, la comitiva se trasladó a la catedral, situada en en pleno corazón de la Plaza de Mayo, donde miles de argentinos se habían congregado desde primeras horas de la tarde para dar la bienvenida al Santo Padre. El templo ofrecía un lleno casi agobiante, hasta el punto de que Su Santidad, antes de leer un breve discurso, comentó en tono de broma: Me gustaría hacer una advertencia de orden climático. Aquí se advierte más calor que en Antofagasta. Junto a esta división, el ambiente previo ha estado rodeado de hechos de violencia. A los atentados con explosivos contra varias iglesias se sumaron en las últimas horas la detención de varios individuos presuntamente pertenecientes a un grupo terrorista de extrema derecha y algunas manifestaciones hostiles a Juan Pablo II. El Papa, recibido ayer en el aeropuerto bonaerense por el presidente Alfonsín Juan Pablo II se despidió de Chile recordando que el amor esmás fuerte Pinochet utilizó el prestigio del Papa en el aeropuerto Antofagasta (Chile) Miguel Castellví, enviado especial Las últimas horas del Papa han sido dedicadas a una de las clases sociales que más sufre: los presos. Juan Pablo II fue a visitar a los trescientos sesenta internados de la cárcel de Antofagasta, un centro relativamente moderno y con un régimen suave. La mayoría de los encarcelados están aquí por delitos contra la propiedad, en especial por dar cheques falsos. Pero hay también catorce presos políticos por realizar atentados. En el patio de la cárcel Juan Pablo II dijo a los presos de Antofagasta, que representaban a todos los de Chile, que este encuentro era muy importante para él, porque es un encuentro con mis hermanos y hermanas que sufren con Cristo, que también fue encarcelado, para mostrar a todos los encarcelados del mundo su divina solidaridad, su salvadora solidaridad En su saludo, el obispo de Antofagasta, que es un hombre muy próximo a los presos- desde que llegó aquí va a visitarles todos los meses- denunció el diferente trato que reciben los reos, porque los más pobres sufren procesos más largos y son condenados a penas más largas, y también se refirió a las difíciles condiciones morales y físicas de las cárceles de Chile. En el aeropuerto se vio de nuevo con Pinochet. Este tercer encuentro del Pontífice con el dictador fue breve. Probablemente el general Pinochet aprovechó para darle su versión de- lo que sucedió en el parque O Higgins e insistir en el peligro que suponen los marxistas. En su discurso final el Papa no hizo ninguna referencia directa a estos acontecimientos que han marcado el viaje. Pero sí quiso modificar el texto haciendo un añadido en el que repite su mensaje, las palabras que dijo al regresar del parque O Higgins: El amor es más fuerte. Sus últimas palabras a los chilenos fueron un llamamiento a la esperanza y a la convivencia pacífica: Quisiera- dijo el Papaque vuestro recuerdo de mi peregrinación apostólica sea un llamamiento a la esperanza, una invitación a mirar hacia lo alto, un estímulo para la paz y la convivencia fraterna. Durante estos días nos hemos sentido más unidos, más hermanos. Cristo se ha hecho presente con fuerza en nuestros encuentros, en vuestras iglesias y calles, en vuestros hogares. Ahora, en el momento de la despedida, deseo repetiros que os llevo en el alma. Os pertenecen mis plegarias. Son mías vuestras esperanzas y ansias. Son míos vuestros anhelos y gozos. Contáis con la gracia de Dios y la maternal protección de la Virgen del Carmen, madre y reina de Chile. Confiad siempre en Dios: El amor es más fuerte En el aeropuerto, Pinochet no pudo resistir la tentación de utilizar por última vez la imagen y el prestigio del Papa, y en el momento en que Juan Pablo II se despedía de Chile intervino con un discurso que cogió por sorpresa no sólo a los periodistas, sino al mismo Pontífice. Esta salida de Pinochet no estaba prevista en el programa- l a praxis habitual es que los jefes de Estado no hablan en la despedida al Papa- y para buscar un precedente hay que recordar el viaje a Nicaragua, cuando Ortega hizo lo mismo. Juan Pablo II, que no podía hacer otra cosa, se dispuso a escuchar. Pinochet dijo que había querido venir al aeropuerto como gesto de Estado de Chile y en nombre de toda la nación chilena Y como en su discurso del día de la llegada del Papa, hizo un resumen de su ideología sintetizando perfectamente ese sentido mesiánico que el general tiene de su Gobierno: la defensa de la soberanía y las esencias nacionales de Chile. Aplausos enfervorizados Ante los aplausos enfervorizados de los fieles, el Papa se vio en la obligación de puntualizar: -He dicho que mi comentario era de orden meramente climático. El cardenal primado de la Argentina, monseñor Aramburo, le dio la bienvenida oficial en nombre de toda la Iglesia católica. El Papa le hizo entrega de un cáliz que quedará depositado en la catedral metropolitana, y bendijo luego a todo el pueblo argentino. Concluido el acto, Su Santidad se trasladó a la sede de la casa de Gobierno, a escasos trescientos metros de la sede catedralicia. La enorme cantidad de gente que se había congregado en la zona dio iugar a que se produjeran varios incidentes menores, entre ellos el aparatoso incendio de una motocicleta de la Policía, que derrapó al maniobrar espectacularmente para evitar un atropello. En la Casa Rosada, Juan Pablo II mantuvo un encuentro provado con el presidente Alfonsín y, posteriormente saludó a representantes de todas las fuerzas políticas nacionales. Luego se trasladó a la sede de la Nunciatura Apostólica, donde recibió al Cuerpo diplomótico acreditado en esta capital. En el día de hoy, Su Santidad viajará a las localidades de Bahía Blanca, Viedma y Córdoba, en la jornada más agotadora de su larga semana en la Argentina. El primer acto oficial del Papa ha consistido en una entrevista en el palacio presidencial con Alfonsín, para aparecer después en el balcón de su residencia ante el público que lo esperaba en la famosa plaza de Mayo, situada ante la Casa Rosada, la residencia del presidente. Juan Pablo II ha hecho su aparición solo, pues Alfonsín no quiso politizar o capitalizar electoralmente la visita papal según habían declarado previamente los portavoces del Gobierno.