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ABC pág. 52 U I E N no J I J recuerda w V X la historia M II TRIBUNA ABIERTA DOMiNGO 5- 4- 87 de Jonás, tragado por un pez e n o r m e en cuyo vientre permaneció tres días y tres noches? Se recuerda menos lo que le sucedió después que el gran pez lo vomitó en la píaya. Arrepentido Jonás de su desobediencia anterior, se dirigió a- Nínive y cumplió la orden de Yahvé, anunciando ia destrucción de la ciudad así que pasaran cuarenta días. Pero los ninivitas hicieron penitencia, y Yahvé se apiadó de ellos, y cambió de idea. Despechado Jonás, salió de Nínive y se construyó un chozo en las afueras, para esperar, a la sombra, a ver si se cumplía o no su profecía. No debía de ser muy buena la sombra del chozo, pues Yahvé se apiadó también de Jonás e hizo crecer una planta que daba sombra a su cabeza y le aliviaba la chicharrina. ¿Qué clase de planta era? Según la primera traducción de la Biblia, la famosa Versión de los Setenta, del hebreo al griego, preparó el Señor Dios una calabaza Pero las traducciones griegas siguientes, comenzando por la de Aquila, prosélito judío y traductor pendenciero según San Jerónimo, pusieron hiedra donde los Setenta habían puesto calabaza Las primeras traducciones latinas siguieron en este punto a los Setenta, cuya versión habían usado en su predicación los apóstoles. Estas versiones latinas se leían y se recitaban en las iglesias o comunidades cristianas de la parte occidental del Imperio Romano; en la parte oriental, de lengua griega, siguió vigente la de los Setenta. De manera que en todas partes se creía que la planta que había protegido del sol a Jonás era la calabaza Pero he aquí que el Papa Dámaso I (por cierto, oriundo de España, aunque nacido en Roma; el San Dámaso tan venerado por nuestro Dámaso Alonso) encomienda a su antiguo secretario Jerónimo una nueva traducción latina de toda la Biblia. Jerónimo revisa el Nuevo Testamento ateniéndose a los mejores manuscritos griegos. Y del Antiguo hace una traducción nueva, basándose en el original hebreo. En el referido pasaje de Jonás, se aparta de los Setenta y se adhiere, a pesar de la mala opinión que de él tenía, a la traducción de Aquila: Praeparavit Dominus Deus hederam, preparó el Señor Dios una hiedra leemos en la Vulgata, nombre que se dio más tarde a la traducción jeronimiana. Rápidamente se difundió por las iglesias de lengua latina la del Nuevo Testamento. En cambio, la del Antiguo suscitó grandes resistencias. Uno de los que se opusieron a ella fue Agustín, obispo de Nipona, que por dos veces escribió a Jerónimo poniéndole reparos. Agustín desaprueba en conjunto que se abandone la Versión de los Setenta y se acuda al original hebreo. Porque si tu traducción- i e escribe a Jerónimo- -comienza a imponerse en la lectura de muchas iglesias, va a ser muy duro que las iglesias latinas discrepen de las griegas. Y, aunque la traducción de Jerónimo fuese más exacta que las anteriores, ¿quién aguantará que se condenen tantas autoridades latinas y griegas? que los rollos hebreos contienen lo mismo que los códices griegos y latinos, está claro Por Valentín GARCÍA YEBRA que o no saben hebreo o han querido mentir Con relación a lo que ahora nos interesa, para burlarse de los calabacistas. dice Agustín: Cierto hermano nuestro en el Es este uno de los episodios más delicioepiscopado resolvió que se leyera habitual- sos e instructivos de la historia de la traducmente tu traducción en la iglesia que preside. ción. El pensador más brillante de la antigüeLlamó la atención del puebio un pasaje del dad cristiana se enfrenta, por mor de una paprofeta Jonás, al que tú das una interpreta- labra, con el filólogo más ilustre de entonces ción muy distinta de la que estay uno de los mejores traductores ba grabada desde antiguo en los de cualquier tiempo. Agustín, sentidos y en la memoria de toque no parece haber sentido plados, tal como se venía cantando cer en estudiar más lenguas que durante muchas generaciones. Y su latín materno, pues el griego tanto se alborotó la gente, sobre se le atragantó en la escuela y todo por las invectivas de los nunca llegó a dominarlo, censura griegos, que te acusaban de fala Jerónimo, que, además del lasario, que el obispo (era el de la tín, sabía muy bien el griego y el ciudad de Ea) se vio obligado a hebreo, por haber traducido consultar a los judíos. Estos, por hiedra en su nueva versión laignorancia o por malicia, respontina donde el texto de los Setendieron que tos códices hebreos ta y el de las versiones tradiciodecían lo mismo que los griegos nales latinas decían calabaza y latinos. ¿Para qué más? El Agustín desconocía el hebreo. buen obispo se vio obligado Pero, aunque desconfiaba del como a rectificar un error, pues no quería, después de correr Valentín García Yebra testimonio de los judíos de Ea, se puso al frente del partido cagran peligro, quedarse sin su de la Real Academia Española labacista. ¿Por qué prefería la pueblo. De ahí que incluso a mí calabaza a la hiedra Prome parezca que también tú has podido equibablemente, las dos plantas lo tenían sin cuivocarte en algo. dado. Lo que le importaba era la tradición y No dice Agustín cuál es, en concreto, el la paz del pueblo cristiano. Por su parte, Jeerror de Jerónimo. Sin duda se trata de la rónimo sabía muy bien que, en aquel pasaje, sustitución de calabaza por hiedra Jeró- el original hebreo no mencionaba la hiedra nimo se defiende así: Sobre eso respondí ¿Por qué no cumplió aquí la norma que él con más amplitud en mi comentario al libro mismo había trazado en su célebre epístola a de Jonás. Baste decir ahora que, donde los Pamaquio sobre la mejor manera de traduSetenta tradujeron calabaza y Aquíla y los cir No se trata ahora de la traducción de demás hiedra en el texto hebreo se lee ci- ningún autor griego, en la que no se consideceion, que los sirios vulgarmente llaman ci- ra obligado a verter palabra por palabra, sino ceia. Es un arbusto de grandes hojas, a ma- sentido por sentido. Se trata de la Sagrada nera de pámpano. Una vez plantado se con- Escritura, donde hasta el orden de las palavierte muy pronto en arbolillo, y no necesita bras es un misterio al que se debe respeto apoyarse en cañas ni rodrigones, de los que absoluto, incluso reverencia. Claro que no posí necesitan las calabazas y hiedras, sino que día Jerónimo recurrir al préstamo de la palalo sostiene su propio tronco. Si yo, traducien- bra hebrea ciceion (kikaion, según transcripdo palabra por palabra, hubiera escrito ci- ción de otros) porque nadie la entendería. ceíon, nadie lo entendería; si calabaza diría Pero ¿acaso no había en latín una palabra lo que no está en el hebreo; puse hiedra equivalente? para estar de acuerdo con los demás intérpretes. Y si vuestros judíos, como tú mismo La pugna entre hiedra y calabaza se dices, por maldad o por ignorancia, han dicho prolongó durante siglos. Martín Lutero, muy admirador de Jerónimo y, como él, gran traductor de la Biblia, buen conocedor del griego y del hebreo, sigue a pesar de todo, quizá influido por el espíritu de la Orden religiosa en que se había formado, fiel en este punto a Agustín, y pone en su texto alemán einen Kürbis, una calabaza Pero, en su mismo CURSOS DE VERANO PARA siglo, nuestro Arias Montano dio la traducción ESTUDIANTES DE CUALQUIER EDAD que hoy se acepta comúnmente: ni hiedra ni calabaza sino ricino. Esta planta reúne Todo incluido: todas las cualidades que Jerónimo atribuye al Convivencia en familias. ciceion. Y, además, crece con rapidez prodi Tres o cinco clases diarias. giosa. Amplia programación extraescolar: excursiones y deportes. (Lástima que no podamos tratar aquí del Supervisión permanente por parte acento de nuestro ricino, que debiera recaer de tutores españoles e ingleses. sobre la primera sílaba: ricino acentúan los italianos y los portugueses, y con razón, pues Folletos y más información: en latín se decía rícinus. Coraminas piensa Ramón de Sanüllén, 14, 6. B que nuestra acentuación se debe al sufijo ino. ¿No tendrá que ver con ella el hecho de 28016 Madrid. 250 98 98 y 259 09 30 que en francés se diga ricin, acentuado, naturalmente, en la última sílaba? HIEDRA NI CALÍ