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ACE tiempo no traía a memoria algunas historias de viejos pescadores que al igual que los Cuentos del viejo mayoral del inolvidable Fernández Salcedo, tienen regusto y enseñanzas por partes iguales. Esta maldita falta de espacio impuesta por la- bendita abundancia de publicidad impide a veces poder traer, aunque sólo sea a vuelapluma, algunas narraciones que son todo un compendio del anecdotario piscícola. Hoy, con la trucha desvedada o a medio desvedar, que no en todas las aguas trucheras españolas se ha decretado la iniciación del período hábil de la ilustre pintona me viene al recuerdo las habilidades que tenían dos perros, uno, para detectar las querencias o cazaderos de las truchas, y otro para comerse los pececillos que utilizábamos de cebo cuando íbamos al embalse de Santillana a pescar lucios. Aquel era un precioso dálmata de lustroso pelaje- capa diría en lenguaje taurino mi compañero y por eso amigo Vicente Zabala- -y éste, el segundo, un golfilio de desconocida procedencia, listo como las hambres y habilidoso como suelen serlo los animales que tienen que buscarse el sustento por sí mismos. ABC que postura sí que la ponía y bien bonita, por cierto. Lo malo del caso es que cada vez que don Abdón clavaba pieza, el animal se lanzaba al rio con lógicos afines perrunos de hacer suya la captura. Y si el amo fallaba en el momento de prender el pez, entonces sí que la- draba. El Tiátmcrta ra algo así como una trucha de tierra de negros ocelos... Lo del golfillo era otra cosa. Cuantos nos desplazábamos al embalse de Santillana, allá por los años sesenta, sabíamos que era el compañero inseparable de su amo, el famoso guarda mayor del reino embalsado que, por cierto, no era tal su nombre de pila, sino el de Mariano, y su apellido el de Ariza la. Marcelino o Mariano, como ustedes prefieran, disponía de una enorme sacadora que prestaba gustoso a los afortunados pescadores que trababan un buen ejemplar de lucio desde el muro y que por razones de altura hacía imposible poderlos sacar si no era con la ayuda de la antes citada y ya famosa sacadora. El golfillo ladraba como un condenado en cuanto veía desaparecer bajo las aguas los enormes veletones, más bien boyas, que montábamos los pescadores. Era una especie de vigía o centinela. En justa recompensa y premio iban a parar a sus buenos colmillos los restos de los bocadillos, alguna que otra raja de chorizo y no pocos mendrugos de pan. Pero lo que al chucho le apete m cía más eran los peces que manteníamos metidos en el agua y alojados en rejoncillos y que nos servían para la pesca del lucio. A nada que uno se descuidaba, se zampaba un par de cachuelos o de boguitas con el correspondiente y natural enfado de quienes así veían disminuidas sus reservas de cebo y, por tanto, las posibilidades de clavar uno de los esocidos que por entonces tanto abundaban en estas aguas. En más de una ocasión le sorprendimos con uno de esos pececillos, ya trabado en la potera, metido en su boca, lo que a buen seguro habría dado lugar a que al hacer el lance hubieran ido- a parar a las aguas del embalse pez, aparejos y perros, de no habernos percatado con tiempo de la hazaña del simpático, juguetón y avispado golfillo que, por cierto, y dicho sea de paso, los días que se mostraba tranquilo y sosegado ya podíamos recoger los bártulos, porque señal inequívoca de que no había nada que hacer. Siempre se habló y escribió de perros cazadores y poca veces se hizo otro tanto de perros pescadores. Y no sólo siempre los hubo, sino que haberlos, haylos José Antonio DONAIRE A B C 113 El dálmata de las truchas y el golfillo del embalse de Santillana H El dálmata era propiedad de don Abdón, hombre hacendado, que pisaba poco asfalto y mucho monte, dado por igual a los ojeos de perdices y a las pescatas de salmónidos. De vez en cuando, en tiempos de veda, llevaba al perro al campo para que hiciera patas Decía don Abdón que era el único dálmata capaz de seguir el rastro de una perdiz sin perderlo en ningún momento. A mí siempre me parecieron estos perros más de ornato, Los ríos de la cornisa Cántabra y del Atlántico norte español rindieron durante el mes de marzo esa preciada joya de la primeriza captura del salmo salar conocidacomo el campanu lujo y recreo que de caza, carreras el lugar idóneo donde poder lanzar y atragantones. Pero lo que de ver- la caña. Donde se paraba y miraba dad le gustaba al precioso canino fijamente a las aguas, a buen seera pescar truchas o cuando me- guro que alguna trucha se estaba nos que su dueño las pescara. Era cebando ai mosquito o estaba al un gozada verle correr por las már- acecho de lanzarse sobre cualquier genes, a cierta distancia de las confiado pececillo que osara peneaguas, sin emitir un solo ladrido, trar en su cazadero. Sólo le faltaba empeñado en descubrir a su amo al dálmata hacer la puesta por- Régimen legal de pesca en Castilla- La Mancha El período hábil de la pesca de la trucha queda establecido de Ja siguiente forma: en aguas de aja montaña, del 15 de marzo al 31 de agosto. En aguas de alta montaña, del 17 de mayo al 30 de septiembre. El máximo de capturas por día y pescador es de doce ejemplares, que beberán superarla talla mínima oficial. Prohibiciones Se prohibe el uso del pez sol (Leppomis gibosus) corrió cebo vivo o- noerta, excepto en el embalse de- Buendia. Laguna de Uña. Se prohibe la pesca con barca Embalse de Toba. Se pro; fttbe la utilización como cebo de pez yiva. Veda total de pesca para todas las especies Río E s c a b a s En las aguas existentes dentro del recinto de Et Hosquillo. Ttío Cuervo. Desde su nacimiento hasta la carretera a Sierra de Cuenca. Longitud: un kilómetro, aproximadamente. Río Júcar. Desde su nacimiento hasta un kilómetro aguas arriba del puente de Tragacete. Seis kilómetros. Río Ojos de Moya. Desde su nacimiento tiasta eijCaz de riegos de huertos. Loñgítud: un kilómetro. Río Huecarl Desde su nacimiento hasta eJlpüénte del Camino de Castillejo. -Río f oñams, Qesde la desembocadura de lá Rambla de la Nava hasta su encuentro con el no 3 uadieta. Arroyo Herrera de Chorros, iodo su recorrido. Arroyo Rincón de Uña. Desde su nacimiento hasta su desembocadura en la laguna de Uña. Arroyo Cambrón. Desde su entrada en el termino municipal de Villalba de la Sierra hasta la desembocadura del arroyo de Ocónkjo. Río Mayor o de la Laguna. Desde su hasta su la laguna del I v que vierten al rio Mayo arroyo del Soto, TejadiflosT Salinas y de la Virgen. Los arroyos síguíen VIERNES 3- 4- 87