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E DIT A P O PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 3 DE ABRIL DE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A ha remitido la fiebre de los homenajes a García Lorca con motivo del cincuentenario de su muerte. Los ha habido abundantes y de todo tipo. Este periódico no ha estado ajeno a la efemérides y su suplemento dominical del 17 de agosto resultó memorable. Personalmente, he participado con una conferencia, Comentando a los comentadores, en alguno de los ciclos organizados. El interés por Lorca, que no ha cesado ni un instante desde 1936, ha dado lugar a tal plétora bibliográfica y a tal proliferación de exégetas- con renovada cosecha el último año- que obligan ya a cualquier verdadero devoto de la poesía lorquiana, a cualquier constante lector del poeta granadino, a poner pies en pared e intentar aclarar las entendederas de tanto osado comentarista. ABC REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- M ADRID Y HOMENAJES A GARCÍA LORCA con prohibiciones inventadas, con dificultades que, cuando existieron no resultaban insalvables. Rizando el rizo de las celebraciones, el homenaje que se le tributó en su pueblo natal el 5 de junio, con nutrida representación de famosos, se presentó no sólo- y a noticias de Prensa me remito- como conmemoración del cincuentenario, sino también del décimo aniversario del primer homenaje público que se le había dedicado en España a García Lorca después de la guerra civil. Es decir, ya no sólo se honraba al poeta, sino que los concelebrantes se ensalzaban a sí mismos por la valentía que habían demostrado hace diez años al inaugurar, contra viento y marea, la Pero no entro en esta cuestión, que he tra- serie, ahora ya nutrida, de homenajes. tado en otros lugares. Voy a referirme a ignoPermítaseme que diga dos palabras acerca rancias más ostensibles, no a errores de inde aquella llamada primera celebración. terpretación, sino a desconocimientos de lo Cuando se organizó era yo catedrático de la obvio. Se han contemplado espectáculos teleUniversidad de Granada. Y un profesor de la visivos y se han escuchado tertulias radiofónicasa vino a visitarme a mi despacho con el cas en que supuestos admiradores fervorosos texto de la convocatoria para solicitarme que de nuestro autor se quejaban de no haber pofirmara el documento. Lo leí. y le dije que sí, dido conocer sus obras a tiempo, de la la- que estaba dispuesto a firmar tal convocatoria mentable privación de su lectura a que se ha- una vez que se corrigiera y se eliminara de bían visto sometidos. ¿Habrán visitado alguna ella una patente falsedad incluida en su revez en su vida una librería estos ocasionales dacción: la de hablar de primer homenaje que entusiastas del cincuentenario? Me temo que se hacía en Granada en memoria del escritor. no. Yo solía fechar los libros allá por los años Tal vez tú recuerdes- l e dije- que en la pride mi lejana juventud. Y los de García Lorca, mavera de 1950, cuando éramos estudiantes, de la Editorial Losada, que fueron formando un grupo de alumnos de la Facultad de Filomi biblioteca de estudiante, tienen fechas sofía y Letras organizó ya uno, que comenzó de 1946, 1947 y 1949. En cierta ocasión tuve con una emisión radiofónica y siguió, durante que mostrar esos volúmenes a un joven docsiete días, con sucesivas conferencias que ditorando granadino que presentaba con tintas mos en el aula de Arte de la Facultad, atibomuy sombrías las posibilidades de lectura de rrada todas las tardes de un público entusiasesa época para quien quería formarse literata, bien salpicado de policías. Concretamente, riamente, y aducía la alegación de Juan GoyPascual González y yo tuvimos problemas, tísolo, que al parecer cuenta cómo, hafuimos llamados al Gobierno Civil, se nos cia 1948, las obras de Lorca sólo circulaban amonestó y se nos dijo que, si repetíamos en copias mecanografiadas por la Universidad algo por el estilo, nos atuviéramos a las conde Barcelona. Es posible; pero, desde luego, secuencias. Claro que es posible que no te en Granada las comprábamos en la Librería acuerdes, porque yo no creo haberte visto por Ganivet, que las exhibía, además, en sus es- allí ninguna de aquellas tardes y, desde luecaparates. go, tus preferencias literarias e ideológicas iban entonces por otros derroteros. Pero está Lo que no tiene nada de extraño si nos ate- en los periódicos granadinos de aquellas fenemos a un valiosísimo testimonio, el de don chas; se puede comprobar. Suprimid, pues, Pedro Laín Entralgo, que en su Descargo de eso de primer homenaje y lo firmaré gustoconciencia, al enumerar las pequeñas cosas so. Ni lo suprimieron, ni nadie más solicitó positivas que logró, en las postrimerías de la mi firma ni mi interlocutor se dirigió a Pascual guerra, junto con Rosales, Torrente Ballester, González, que era una de las personas cuya Vivanco, Fernández Almagro y otros, dice texadhesión pensaba recabar, según previamentualmente: contra la resistencia de las po- te me había dicho. derosas fuerzas político- religiosas que nos rodeaban, conseguimos que los libros de AntoLa verdad es que con Pascual González nio Machado, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca apareciesen de nuevo en los escaparates de las librerías ¿Mínima hazaña? Desde luego; pero en aquella áspera situación de la inteligencia y el arte, triunfo era, y como pequeño triunfo lo vivimos nosotros. A este respecto, ya no hubo marcha atrás. Son menudencias históricas, verdades minúsculas, si se quiere, pero que conviene resEDICIÓN INTERNACIONAL tablecer en su detalle, aunque sólo sea por respeto a la realidad. Estoy convencido, desde mi propia experiencia, de que quien quería Un medio publicitario único leer, leía; lo que pasa es que la afición a la lectura no ha sido nunca excesiva entre nosopara transmisión de mensajes tros, donde abundan notablemente esos a los comerciales a ciento sesenta que les molesta lo negro, según la expresión naciones popular. Allá cada cual con sus desaficiones, siempre que no trate de disimularlas ahora Guzmán, inspector de Enseñanza M e d i a muerto trágicamente en accidente de automóvil a fines de 1985, autor de algunos admirables estudios sobre el poeta de Fuentevaqueros, no contaron luego para ninguna celebración lorquiana los lorquista de nuevo cuño. Y él fue el gran animador de aquel primer homenaje público a García Lorca; con Víctor Andrés Catena, hoy conocido director teatral, que había promovido el Aula Poética de la Facultad. Ellos dos, Manolo Cano, Santiago Navarro Montoro, Julio González Simancas, Enrique Martínez López y yo mismo fuimos los conferenciantes de lo que se anunció, en carteles y programas impresos, como Evocación de Federico. Por estos días se cumple el trigésimo séptimo aniversario de aquella primera celebración. Si alguien me dice que hubo alguna otra antes en España, después de la guerra, acepto de antemano la corrección. Lo que no puedo admitir es que pase por primera la de 1976. El miércoles día 22 de marzo de 1950 leí yo mi conferencia sobre Sentimiento lorquiano de la naturaleza. Era la segunda que daba en mi vida y voy a reproducir aquí, no sin ruborizarme, los párrafos finales, de lírico estilo veinteañero y de visible ingenuidad: Con su frente clara y su corazón limpio, Lorca tenía una cita con la Muerte bajo la luna de agosto. Almas rastreras talaron el árbol que sostenía tan alto firmamento. La luna, obsesión trágica del poeta, se bañaba, al fin, en su propia sangre. Aquel año 36 cerraba el período más esplendoroso de la literatura española. Murió Lorca, murió Unamuno, más tarde murió Machado. Otros tuvieron que cruzar el mar. Nosotros, primera generación un poco alejada de todo aquello, primera generación que puede ofrecer al poeta un homenaje limpio de intereses bastardos, debemos aprovechar éste para fijarnos un propósito de renovación. Aquel año cayó la poesía española. En nuestros corazones primero y luego en nuestras manos debe estar el afán de levantarla. Pero la nueva poesía no podrá limitarse a ser un simple espejo de la antigua. La luna lorquiana tendrá que ser sustituida por el sol, por un sol que nos señale los perfiles desagradables y agrios de las cosas. No pidamos, como Federico, que venga la luna para no ver la sangre sobre la arena. ¡No! Que venga el sol y nos ilumine el sitio de la sangre. ¡Que venga el sol y limpie la cara ensangrentada de la luna! Me honraron con su asistencia aquella tarde algunos familiares del poeta y fue ése el comienzo de una larga y entrañable amistad con una de sus primas hermanas, Paquita García González, y su marido, Paco Gómez Suárez. Sólo por ello hubiera valido la pena, aunque, en cualquier caso, cuando la generación que nos siguió ha convertido en su blasón más preciado lo de sus correrías delante de los grises ejercicio atlético que todo el mundo inscribe ahora en su curriculum, no está de más recordar que diez o quince o veinte años antes, algunos estudiantes universitarios no desarrollábamos los músculos gemelos dándole la espalda a los guardias en veloz carrera, sino simplemente el cerebro y la palabra, dándole la cara a quien fuera menester. Gregorio SALVADOR de la Real Academia Española