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ABC, pág. 2- SOCIEDAD -MIÉRCOLES 1- 4- 87 Dos madres, dos hogares Nueva York. A finales de 1984, un matrimonio de profesionales académicos, él bioquímico y ella pediatra, decidieron buscar una madre alquilada ante el temor de que los síntomas de múltiple esclerosis que había tenido ella la dejase paralítica durante el embarazo. William y Elizabeth Stern se dirigieron a una de las agencias que se dedican a estos asuntos, la cual, le pusieron en contacto con Mary Whitehead, de veintinueve años, casada y con dos hijos, aunque su marido se había sometido a una vasectomía. El hecho de obtener algún dinero, la hizo ofrecerse como madre alquilada a la agencia. Su marido estaba de acuerdo con ello. Aunque a lo largo del proceso ha estado totalmente a la sombra, ha apoyado siempre a su esposa en el desesperado intento de quedarse con la niña. El matrimonio Sterñ y la señora Whitehead mantuvieron distintas entrevistas para conocerse bien. Aunque quedaron satisfechos de la impresión que se habían causado mutuamente, difícilmente podrían darse dos personas tan distintas: Mary Whitehead, emotiva, habladora, volcada hacia afuera; Elizabeth, tímida, callada, pero muy emocional. De todas formas, los Stern quisieron que un psicólogo examinase a la madre potencial de su futuro hijo, cosa a la que ésta accedió a fin de evaluar cómo iba a reaccionar ante el proceso. El psicólogo, aunque encontró completamente normal a la madre biológica, advirtió la posibilidad de que podría sentirse emocionalmente muy ligada al bebé a la hora de separarse de él Esto no preocupó demasiado al matrimonio Stern y en febrero de 1985 firmaron un contrato con la señora Whitehead por el cual se comprometían a entregarle diez mil dólares por prestarse a traerles un hjjo al mundo. Para ello, fue inseminada en una clínica con esperma de William Stern, iniciándose un embarazo que se desarrolló normalmente. Nueve meses después, el 27 de marzo del pasado año, Mary Whitehead dio a luz a una niña que a los pocos días entregó a los Stern, dándoles éstos a aquella el cheque con la cantidad acordada. Sin embargo, el nacimiento de la pequeña había hecho cambiar sustancialmente los sentimientos de la madre natural. Mary Whitehead veía insoportable el separarse de su nueva hija. Así, devolvió el cheque y, a los quince días, aprovechando una de las visitas que le habían permitido a la misma, se la llevó con ella. Los Stern pusieron el caso en manos de la Policía, cuyos efectivos localizaron a madre e hija en casa de los padres de aquella, en Florida. Aunque hubo un primer intento para que Mary Whitehead devolviera a la niña voluntariamente, aquella reaccionó con violencia, amenazando con matar a la pequeña y luego, matarse ella William Stern grabó esta conversación telefónica en una cinta, constituyendo una de las pruebas claves del juicio. De entrada, le sirvió para que un juez, temiendo por la seguridad de la niña, ordenase que ésta se entregase a sus padres adoptivos. Fue lo que se hizo, por mandato legal, y con ellos ha permanecido desde entonces. Dos madres diferentes, una amparada por un contrato- Elizabeth Stern, sobre estas líneas- y la otra alquilada- Mary B. Witehead- que tras ser fecundada artificialmente por el marido de aquélla trajo al mundo a la pequeña conocida por Baby M, a la derecha, se han disputado en los tribunales la custodia de la niña. La justicia, en una sentencia calificada de salomónica, ha concedido la custodia de Baby M a los padres adoptivos. Concedida la custodia de Baby M a sus padres adoptivos y no a su madre natural Los norteamericanos esperaban apasionados la decisión judicial Nueva York. José María Carrascal El juez Harvey Sorkow, de New Jersey, ha sentenciado qué el contrato entre el matrimonio Stern y Mary Witehead, por el que a cambio de diez mil dólares ésta se obligaba a concebir un hijo para ellos, tras ser inseminada con esperma de él, es válido y legal. Como consecuencia, se concede la custodia de Baby M a su padre biológico y a su madre adoptiva terminándose todos los derechos de la madre natural sobre la niña. Incluso, dice el juez, se acaban los derechos de la madre natural para visitarla, como viene haciendo hasta ahora dos veces por semana. Así se cierra, con una victoria rotunda de los Stern, uno de los procesos más disputados y apasionantes de los últimos años. Lo que estaba por decidir era: ¿Es válido ese contrato? y ¿puede obligarse a una madre a ceder a su hijo, por muchos papeles que haya firmado? Aunque ambas preguntas legales quedaban subordinadas a otra de peso humano mucho más alta: ¿Qué es lo mejor para Baby M? El juez ha sopesado todas ellas, ajustando su sentencia a lo que ha considerado más justo y oportuno. Su problema no era fácil, pues hacer un poco de futuroiogía, adivinando que podría pasarle a Baby M con una y otra familia. La falta absoluta de antecedentes legales- excepto la ley que prohibe vender un niño por un precio, no aplicable a este caso, donde lo más que se hizo fue alquilar un úterohizo que la argumentación de ambos abogados pareciera sostenerse. El de Mary Witehead sostenía que una madre mantiene el último derecho sobre su hijo, por puro derecho natural. Mientras que el de los Stern sostenía que un contrato es un contrato, y debe cumplirse. Alegaba además que la conducta de la madre alquilada había sido lo bastante disruptiva para que se le quitara el derecho de visitar a la niña, por lo menos durante los próximos cinco años. El juez Sorkow ha tenido en cuenta también el parecer de la persona a quien asignó la custodia de los derechos de la nina entre las dos madres que la reclamaban. Se inclinó ésta porque permaneciese con los Stern, pero autorizando a la madre desde el primer momento el visitarla, pues la parecía inhumano otra cosa. La sentencia trata de satisfacer tantos intereses contradictorios, ordenando sus prioridades. Pero no va a ser la última palabra en el caso, pues ambas partes ya habían anunciado que apelarían si no se les daba la razón. Quiero decir que tendrá que ser el Tribunal Supremo quien en último termino decida. Pero la publicidad dada al asunto ha sido tal que obligara a los legisladores norteamericanos a hacer algo más que necesario: regular el borrascoso capítulo de las madres de alquiler o prohibirlo del todo.