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16 ABC OPINIÓN MIÉRCOLES 1- 4- 87 Cosas que pasan ZIGZAG Monseñor Sebastián El secretario de la Conferencia Episcopal, monseñor Fernando Sebastián Aguilar, ha tenido la mala suerte de exponer sus opiniones sobre la Iglesia en las mismas páginas que, a pocas horas de distancia, se publica un editorial, expresamente en contra de la opinión del Papa y se acusa a la Santa Sede de maniqueísmo de avivar la división atroz de los españoles, de instrumentalización política y de cooperar a la división fratricida de 1936, para perturbar la memoria civil de los españoles No ha dicho una palabra monseñor Sebastián sobre tan grave y gratuita invectiva; ha reservado sus discrepancias para replicar a un oscuro corresponsal cuyas obsesiones antivaticanas son notorias, como su encadenamiento a ese complejo antirromano del que hablaba tan lúcidamente Hans Urs von Balthasar. ninguna situación ideal, ni mucho menos. Pero sí es tiempo de que sobre la misma geografía vivamos y dejemos vivir. AMNISTÍA Y TORTURA H ASTA Jeremías Aguirre, el extraño y emotivo corresponsal de Luis del Olmo y su Estado de la nación en Managua, sabe que Nicaragua es una dictadura. El mismo Gerardo Iglesias, secretario general del Partido Comunista de España, ha reconocido que de ser ciudadano nicaragüense su puesto estaría en el Frente Sandinista, lo que despeja cualquier duda al respecto. Y también son partidarios del régimen de Managua los más lúcidos y prestigiosos intelectuales de la progresía oficial, como Ana Belén, Víctor Manuel, Pepa Flores, José María Calviño y Jon Manteca. A estos apoyos, puramente testimoniales, hay que añadir el del Gobierno socialista, que mantiene con la dictadura nicaragüense unos estrechos y férreos lazos de amistad y cooperación. Amistad sólida basada en los ideales comunes de libertad y progreso y cooperación consistente en conceder continuos créditos al Gobierno de Managua, que nos devuelven mediante e! cobijo e instrucción de militantes de ETA. Generosidades de la Madre Patria, que dirían los más allegados a la retórica cursi. régimen de Managua en compensación a sus servicios, pero es indudable que lo merece. Censurar en la traducción española las denuncias contra Nicaragua acreditan su condición de militante internacional a favor de una dictadura. Y eso justifica un premio. Amnistía Internacional, que tan buenos servicios ha prestado a la conciencia de los pueblos y sus gober- nantes, tiene la obligación de velar por su limpia independencia ideológica. No puede permitir, por su buen nombre, entusiasmos personales ni omisiones descalificantes. Si su presidenta en España insiste en ayudar, por medio de la negligencia consciente, a los regímenes totalitarios de izquierdas, Amnistía Internacional debe saber controlarla. Es de sobra conocida la dificultad que supone recabar datos en los países comunistas. En las sociedades libres, los ciudadanos hablan y denuncian. Amnistía Internacional es la voz de los que callan y el testimonio de los que sufren el olvido y la indiferencia de sus torturas. Expresar en un informe los casos de posible infracción de derechos humanos en Canadá, Francia o España no determina ningún esfuerzo de investigación. Basta con leer la Prensa y acceder a la documentación de los Juzgados. Lo enojoso y difícil es informar de las torturas, vejaciones, crímenes, sentencias por delito de opinión, condenas a trabajos forzados, ejecuciones y más brutalidades que se producen diariamente en los países que asesinan la libertad. Ese es el verdadero cometido de Amnistía Internacional. No el de significarse como cómplice de la tortura. Y es cómplice de la tortura quien, con los datos precisos, omite la situación de Nicaragua. Amparar a la tortura desde la nobleza del término amnistía es una vergüenza. Como era de esperar, ha sucedido en España. Alfonso USSIA Seguimos igual ¿Cómo va a solucionarse la circulación madrileña si las manifestaciones prosiguen un día y otro en el centro de la ciudad? Ayer, a la una de la tarde, millares de manifestantes ocupaban pacíficamente una de las tres vías del paseo de Recoletos con el consiguiente embotellamiento de tráfico. Lo hemos escrito decenas de veces, al parecer inútilmente: el derecho de manifestación no debe coartar el derecho de los ciudadanos a desplazarse, a acudir a su trabajo, a resolver sus gestiones y necesidades. La interferencia de un derecho en otro acabará por dañar el de manifestación, y eso no es bueno. Si hay zonas céntricas y peatonales como la Plaza Mayor madrileña, ¿porque no autorizar en ese punto las legítimas demostraciones de unos u otros? Vivir y dejar vivir Un catedrático universitario acaba de recordar, con motivo de la beatificación de cinco españoles, algo que reviste valor para explicarse históricamente los acontecimientos. En el mes de julio del 36 fueron inmoladas las religiosas y en 1937 Jesús Hernández, ministro en el gobierno de Largo Caballero, envió al Congreso de los anti- Dios que se celebraba en Moscú, el siguiente telegrama: Vuestra lucha contra la religión es también la nuestra. Tenemos el deber de hacer de España una tierra de ateos militantes. La lucha será difícil porque en todo este país hay grandes masas de reaccionarios que se oponen a la absorción de la cultura soviética. El comentario del profesor se resume en pocas palabras: No es esta democracia española hoy Velázquez Y a propósito: a la misma hora que se desarrollaba la manifestación de Recoletos, montaba la Policía un control en el primer tramo de la calle Velázquez, cerca del Retiro; un control que ocupaba dos de los cuatro carriles. El atasco circulatorio llegó pronto hasta Cibeles y en pocos minutos llegó a ser monumental. Un observador imparcial y experto comentaba la escasa eficacia que pueden tener esa clase de filtros. No se buscaba un cierto coche, porque se paraba y se investigaba a los vehículos más diversos. Somos partidarios de los controles, pero no de los controles mal hechos. Con algunas medidas de esta clase el pandemónium circulatorio puede extenderse a toda la ciudad. Asombra la capacidad que tienen las dictaduras de izquierda- las comunistas- de encontrar aliados en los países libres. No sólo de Gobiernos democráticos, como el de España, sino de instituciones internacionales supuestamente imparciales y asépticas. Y me refiero, claro está, a Amnistía Internacional, que por omisión meditada, se ha aliado con los carceleros y los torturadores. Si no fuera asf, no se entendería que su sección española, presidida por Angeles Noriega, haya impedido que se difundan los datos de 1986 sobre los derechos humanos arrasados en Nicaragua. La habilidad de infiltración de los sectores interesados en manipular la verdad es cada día que transcurre más eficaz y prodigiosa. Ignoro si la antes mencionada Angeles Noriega aspira a ser condecorada o simplemente distinguida por el Pida información a EDITORIAL PRENSA ESPAÑOLABA. Padilla, 6 28006- MADRID Tel 4312628 y 4312711