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E D I T A L) O PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 1 DE ABRIL DE 198 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA OÑA Lola Flores, la gitana vital que tan apasionadamente exhibe los tópicos de nuestro folclore, anda también a vueltas con la Hacienda. La popular estrella, de la que más admiro su talento que su arte, puede verse obligada, si prospera la querella promovida por el ministerio público, a recitar, no sé si entre abatida y colérica, el Romancero: Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Me resisto, como hombre de Derecho, a condescender con cualquier vulneración deliberada de la ley tributaria que a todos nos concierne, pero creo advertir razones muy respetables en la actitud de la querellada y en tantas otras personas que se encuentran en su caso. Pretender que un gitano, un ciudadano sujeto a los códigos ancestrales de su misteriosa raza, a merced de la inercia de siglos, resuelva pacíficamente un jeroglífico indescifrable como es nuestra declaración de la renta constituye un soberano despropósito. A ese peculiar personaje el Estado tiene que decirle justamente lo que debe pagar y cuándo, no obligarle a convertirse en un experto en ciencia fiscal y en matemáticas superiores. No hay gitano necio ni gitana lerda decía Cervantes, por lo que no se debe a estulticia la incapacidad que denuncio, sino a los hábitos seculares de quien está acostumbrado a sobrevivir en precario y a salto de mata. Doña Lola ha optado por tirar a la papelera un montón de impresos de los que no entendía ni media palabra. La imagino con sus hermosos ojos absortos en el enrevesado documento mientras repite para sí entre la guasa y el asombro: Incremento anualizado neto oneroso rendimientos implícitos sometidos a retención del cuarenta y cinco por ciento y tantos otros cabalísticos conceptos a lo largo del enigmático formulario. La ignorancia de la Ley no excusa de su cumplimiento, pero sólo se puede exigir la observancia de una ley inteligible y clara, una ley evidente para un ciudadano común. ABC doy de cuatro y medio que gano Es la misma astronómica proporción que reclama el Estado inmisericorde. El poemilla, a buen seguro, lo tendrá enmarcado don Alfonso Guerra, tan devoto de don Antonio, y expuesto en algún lugar bien visible de su despacho. Lo cierto es que el contribuyente español soporta el esfuerzo fiscal mayor de Europa, y sería lógico que, a cambio de tan magno sacrificio, se le dispensara lo que en justa reciprocidad le corresponde. Lo paradójico es que suceda lo contrario: el despilfarro es la norma, y la educación, la sanidad, la justicia, los transportes, todos los servicios esenciales en suma, los peores de los países comunitarios, sólo son comparables a los que padece el Tercer Mundo. Dicen las malas lenguas que doña Lola es aficionada a los juegos de azar. No sé si es fundada la imputación, que en ningún caso, aunque sea poco edificante, le achaca nada ilícito. Si son certeras las habladurías y ella es tan pródiga en las lides del juego, sabe cuando menos adonde va su dinero: lo pierde, y punto, que por algo lo ganó con su esfuerzo y puede hacer con él lo que le venga en gana. No sabe, en cambio, adonde va el dinero de sus impuestos, y de ahí sus reticencias. El último número de Le Point publica un demoledor reportaje en el que se censura con especial dureza a los Consejos regionales de Francia por haber creado una burocracia de 2.713 personas en los últimos años. Aquí nadie dice media palabra ante el mismo fenómeno multiplicado por infinito. El Estado de las Autonomías una aberración contraria a la historia, a la política y a la economía, lo devora todo hasta la caquexia, sin que el ciudadano registre una sola mejora de las atenciones públicas, y, lo que aún es peor, sin que escaseen los ejemplos de R E I) A C i o N VDM IN I S T R A C I O N TALLERES- SERRANO. 61 8 0 0 6- I AD R I D D LAS RAZONES DE DOÑA LOLA La singular acusada y muchísimos otros españoles, tanto si rellenan como si omiten la declaración fiscal, nunca llegarán a comprender, después de trabajar tanto, sudando el salario de sol a sol, dejando la vida en el surco, el escenario o la oficina, que han de pagar impuestos exorbitantes a unos gobernantes que no gobiernan y a unas instituciones que no funcionan, y mantener unos servicios que no sirven y dar de comer a interminables escalafones de haraganes que han encontrado pesebre suculento al socaire de una militancia política de ocasión. Como en el verso de don Antonio Machado, que tan a cuento viene, mira si soy buen gitano que cuatro reales te EDICIÓN INTERNACIONAL Para que sus mensajes comerciales lleguen volando a ciento sesenta naciones. un incremento desmesurado de la burocracia coincidente con el deterioro de sus prestaciones. Los partidos políticos, mientras tanto, han aprobado sigilosamente- apenas sin luz ni taquígrafosuna ley monstruosa para financiar, a expensas de nuestros bolsillos, sus sedes, sus fastos y su derroche. Todos se han puesto de acuerdo, sin que nadie tampoco rechiste, para repartirse las vestiduras del ciudadano crucificado por los impuestos. A este paso, las movilizaciones cotidianas, que recogen áreas cada vez más extensas del malestar civil, se verán engrosadas por una huelga de declaraciones caídas desatada por los indignados contribuyentes. Indignados, primero, porque la avidez de nuestra Hacienda ha llegado a tanto que ya no se recibe apenas el fruto del propio trabajo; indignados, fundamentalmente, por la frivolidad con que se dilapida el dinero de todos: ha bastado con que los estudiantes pusieran al frente de la manifestación al cojo Manteca con el bastón en ristre, para que un pusilánime Gobierno cediera a todas las presiones, sin pararse a meditar razones, medir costes ni pensar que la vergonzosa claudicación implica un esfuerzo todavía mayor de quienes sostenemos el Estado, y sin consultar a quienes, en la teoría y en la práctica, son depositarios de la voluntad popular: los miembros del Parlamento. No es descabellado sospechar que la actitud de doña Lola- injustificable de ser cierta la acusación, pero inteligible de cualquier manera- puede ser el precedente de una rebelión general de la sociedad frente a los políticos voraces y manirrotos. Si las leyes sancionan el delito fiscal, se debe castigar en mayor medida la dilapidación de los caudales públicos. Si al contribuyente se le condena con severidad por los millones no ingresados en el erario, mayor castigo merece el que derrocha los billones del presupuesto. Pero, por favor, doña Lola, que no se apaguen su gracia y su genio a pesar de lo que se le viene encima. No deje de cantar, incluso- -y que Dios no lo quiera- si los sayones se salen con la suya a golpe de disposición legal y tiene usted que dar con sus huesos en la cárcel. Cambie entonces las rumbas por el cante jondo, y cántelo en la noche, como pedía Lorca, porque es un cante que no tiene ni mañana ni tarde. No tiene más que la noche, una noche ancha y profundamente estrellada. Y le sobra todo lo demás. A este paso, doña Lola, allí nos veremos todos, usted cantando y los demás escuchándola. Rafael PÉREZ ESCOLAR